Sensibilidad-conciencia-percepción-luz

TRATADO SOBRE LOS SIETE RAYOS, SICOLOGÍA ESOTÉRICA, TOMO 1

 

ALICE A. BAILEY- MAESTRO TIBETANO

 

Extracto (página 123-127)

 

 

 

 

 


 

 

Humanos-Rayos-Colores

 

 

 

¿ Cuál es el significado de Sensibilidad, Conciencia o Percepción, y Energía de la Luz?

Consideraremos ahora la última pregunta, e indicaré en términos generales, limitados lógicamente por lo inadecuado del lenguaje, el significado de las cualidades sobresalientes del alma:

a. Sensibilidad o respuesta sensible al contacto, por lo cual se logra mayor conocimiento.

b. Conciencia, percepción del medio ambiente y desarrollo de los vehículos mediante los cuales la conciencia puede ampliar su desarrollo.

c. Luz o irradiación, el efecto de la interacción entre la vida y el medio ambiente.

El primer punto que trato de dilucidar es difícil de captar para quienes son de menor categoría que los iniciados o discípulos aceptados de las etapas superiores. El alma es ese factor en la materia (o más bien aquello que emerge del contacto entre el espíritu y la materia) que produce respuesta sensible y lo que denominamos conciencia en sus diferentes formas; es también esa subjetiva o latente cualidad esencial que se hace sentir como luz o irradiación luminosa. Constituye el “yo que brilla desde adentro", característico de todas las formas. La materia en si, y en su estado indiferenciado, antes de ser impulsada a la actividad mediante el proceso creador, no posee alma, por lo tanto, no posee las cualidades de respuesta y de irradiación. Sólo, cuando en los procesos creador y evolutivo; ambos entran en conjunción y fusión, aparece el alma y otorga a estos dos aspectos de la divinidad la oportunidad de manifestarse como trinidad, de demostrar sensibilidad y de irradiar luz magnética. Como lo único que vamos a exponer en este tratado será encarado desde el ángulo de la evolución humana, podría decirse que sólo cuando predomina el aspecto alma, el mecanismo de respuesta (la naturaleza forma del hombre) cumple totalmente su destino, entonces es posible que brille la luz en toda su pureza y se difunda la verdadera irradiación magnética. Hablando en forma simbólica, en las primeras etapas de la evolución humana, el hombre no responde y es inconsciente, así como lo es la materia en las primeras etapas del proceso formativo. Alcanzar la plena percepción es lógicamente la meta del proceso evolutivo. Hablando nuevamente en forma simbólica, el hombre sin evolución no emite ni manifiesta luz. La luz de la cabeza es invisible, aunque los investigadores clarividentes verían un tenue fulgor de luz dentro de los elementos que constituyen el cuerpo, y la luz oculta en los átomos que constituyen la forma.

A medida que avanza la evolución estos tenues puntos de "luz oscura" intensifican su brillo; la luz dentro de la cabeza fluctúa a intervalos durante la vida del hombre medio, y se convierte en luz brillante al penetrar en el sendero de discipulado. Cuando llega a ser un iniciado, la luz de los átomos es tan brillante y la luz de la cabeza tan intensa (estimulando paralelamente los centros de fuerza del cuerpo), que aparece el cuerpo de luz. Oportunamente este cuerpo de luz llega a exteriorizarse y a ser de mayor importancia que el cuerpo físico denso tangible. En este cuerpo de luz el verdadero hijo de Dios mora conscientemente. Después de la tercera iniciación la luz dual se acentúa y adquiere mayor brillo al fusionarse con la energía del espíritu. Esto realmente no significa admisión de una tercera luz ni su combinación, sino avivar la luz de la materia y la luz del alma para que adquieran una mayor gloria mediante el Aliento del espíritu. Algo sobre esta luz se ha indicado anteriormente en Tratado sobre Fuego Cósmico. Estúdienlo y traten de comprender el significado de este proceso. En la comprensión de estos aspectos de la luz se logra una perspectiva más real sobre la naturaleza de los fuegos en la expresión humana de la divinidad.

No debe olvidarse que el alma de todas las cosas, el ánima mundi, al expresarse en los cuatro reinos de la naturaleza, constituye aquello que da a nuestro planeta su luz en los cielos. La luz planetaria es la suma total de la luz tenue y vacilante que existe en todos los átomos de materia o sustancia radiatoria y vibratoria, que componen todas las formas de todos los reinos. Agregado a ello existe en el planeta y también en cada reino de la naturaleza, una analogía del cuerpo etérico con sus centros de energía radiante, que subyacen o sustentan a la forma física externa. El cuerpo etérico del hombre es una parte incorporada del cuerpo etérico planetario y constituye su aspecto refinado y más altamente desarrollado. A medida que pasan los eones se acrecienta la intensidad de la luz que irradia nuestro planeta. Esto no significa lógicamente que un habitante de Neptuno podría ver a nuestro planeta fulgurando cada vez más intensamente, aunque en pocos casos ocurre en el universo. Desde el punto de vista de la visión clarividente significa que el cuerpo etérico planetario vivificará su irradiación y gloria a medida que esa irradiación exprese acrecentadamente la verdadera luz del alma.

 

 

 

El alma es esencialmente luz, considerada literalmente desde el ángulo de las vibraciones, y filosóficamente constituyendo el verdadero medio para adquirir conocimiento. Simbólicamente el alma es luz, porque se asemeja a los rayos del sol que afluyen a la oscuridad. El alma, por medio del cerebro produce revelación. Vierte su luz en el cerebro, y así el camino del ser humano se ilumina cada vez más. El cerebro es como el ojo del alma, observando el mundo físico; en el mismo sentido el alma es el ojo de la Mónada y, en un curioso y oculto sentido, el cuarto reino de la naturaleza constituye en nuestro planeta el ojo de la deidad planetaria. El cerebro responde a los siete sentidos:

1. Oído. 4. Gusto.
2. Tacto. 5. Olfato.
3. Vista. 6. Mente, el sentido común.
7. Intuición, el sentido sintética.

Por medio de los siete sentidos es posible hacer contacto con el mundo de la materia y el del espíritu. Los siete sentidos son, en forma peculiar, la analogía de los siete rayos en el plano físico y se hallan íntimamente relacionados y regidos por ellos. Todo lo que se intenta en la siguiente clasificación es hacer sugerencias:

1. Oído 7º Rayo Magia La Palabra de Poder.
2. Tacto lº Rayo Destructor El Dedo de Dios.
3. Vista 3º Rayo Visión El Ojo de Dios.
4. Gusto 6º Rayo Idealismo El Deseo de las Naciones.
5. Olfato 4º Rayo Arte La Belleza de la Revelación.
6. Intelecto 5º Rayo Mente El Conocimiento acerca de Dios.
7. Intuición 2º Rayo Amor-Sabiduría La Comprensión acerca de Dios.

Por las palabras de Poder los mundos vienen a la existencia en forma ordenada y el Señor del Rayo de Magia Ceremonial produce la organización del divino organismo.

 

 

 

Por la aplicación del Dedo de Dios en su trabajo directriz y potente, tenemos la destrucción cíclica de las formas, a fin de que la manifestación de la Deidad pueda aumentar su poder y belleza. Así el Señor de Poder o Voluntad ejecuta la tarea de destrucción y trae a la existencia la belleza y la revelación de la voluntad de Dios y Su propósito benéfico.

 

 

 

Por medio del Ojo de Dios brilla la luz sobre el camino del Sol, en el sendero de los planetas y en el sendero del hombre. El Señor de la Adaptabilidad y del Intelecto trae a la expresión y a la objetividad el desarrollo inteligente de la divina idea y del Plan.

 

 

Cuando se produzca el "Deseo de todas las Naciones" y el Cristo Cósmico se revele, todos los hombres y criaturas "libarán" o compartirán ocultamente de ese gran acontecimiento, y el Señor del rayo de Devoción e Idealismo, verá la consumación de Su trabajo y "será satisfecho".

 

 

 

También el Señor del cuarto rayo de Armonía, Belleza y Arte hará su aporte al gran trabajo creador, y al buscar la fuente que elude esa misteriosa revelación llamada belleza, se hallará que expresa esa sutil cualidad de la cual el "olfato", en lo que al animal respecta, es el símbolo. Entonces llegará a su fin la gran búsqueda y no será seguido esotéricamente el rastro dejado por el olor. Este cuarto rayo es preeminentemente el camino del investigador, del buscador y del que refleja sensiblemente la belleza. La nación judía tiene una estrecha relación con este cuarto rayo y con la cuarta raza raíz, de allí que sobresalga actualmente en el mundo del arte, y también la magnitud de sus simbólicas e interminables búsquedas y andanzas.

 

 

 

 

Cuando el Conocimiento acerca de Dios brille universalmente (no el conocimiento o la percepción de un gran ser, sino la expresión de la divina omnisciencia mediante la instrumentación humana), entonces el Señor de la Ciencia Concreta, que personifica el quinto principio de la mente, verá que su trabajo termina. Él estimula el sentido de percepción en la humanidad y nutre el aspecto conciencia en los reinos subhumanos, produciendo la correspondiente respuesta de la materia al espíritu e interpretando aquello con lo cual hubo una armonía sensible. La intuición es, textualmente, la captación sintética e inmediata de la verdad tal como existe esencialmente, y el Señor del segundo rayo llevará a su fin todo el proceso evolutivo, desarrollando en la humanidad la perfecta visión interna que hará que todo ser humano sea un total e inteligente colaborador del Plan.

 

 

 

Un concienzudo estudio de estas fuerzas de rayo en relación con el trabajo creador y un mayor desarrollo del Plan (hasta donde es posible comprenderlo en la actualidad), revelará cuán íntimamente está vinculado el proceso de construir, destruir y reconstruir con las tres cualidades del alma, sensibilidad, conciencia y percepción, y demostrar cómo el problema de la luz, que acabo de tratar, tiene una definida relación con nuestra capacidad de interpretar y comprender estas tres cualidades.

 

 

 

 

 

En la enseñanza esotérica, la conciencia concierne en los tres reinos subhumanos a la respuesta del aspecto forma.

1. Al mundo de las formas vivientes, vibratorias y magnéticas donde están sumergidas cada forma. Todas las formas, mediante su irradiación, afectan a las demás y, de acuerdo a su cualidad y su nivel evolutivo, así será su respuesta al medio ambiente.

2. Al mundo subjetivo de fuerzas que llamamos mundo etérico. Todas las formas, en los cuatro reinos, responden en cierto grado y modo.

3. Al mundo de las cualidades o del deseo. Todas las formas en todos los reinos responden en masa al impulso o al aspecto deseo de la divinidad, que subsiste en la raíz del proceso evolutivo. Esto se reconoce como incentivo y es más o menos autodirigido en la familia humana; las formas de otros reinos siguen ciegamente y responden a los distintos impulsos de la naturaleza de su mecanismo de respuesta.

Al considerar la afluencia de la energía mental y de las fuerzas que emanan del quinto plano de la mente (mente superior, mente inferior y la entidad egoica inteligente) entramos por completo en el dominio de la misma evolución humana, y la indefinida palabra conciencia podría muy bien ser reemplazada por la palabra percepción. El hombre tiene percepciones de distintos grados, pero el único ser que se da cuenta que percibe es el humano. Su mecanismo de respuesta responde a, y es influido por todos los contactos a los cuales responden las formas subhumanas, siendo además conscientes de sí mismo, y su mecanismo de respuesta es capaz de reaccionar no sólo a estímulos externos sino a contactos que emanan dentro de sí mismo, del denominado Yo, y también desde los mundos de la introspección y de la visión mística, que aparentemente están vedados a todas las formas de vida subhumanas.

Desde un punto de vista más amplio, del cual no me ocuparé en este tratado, el planeta constituye el mecanismo de respuesta de una Vida superhumana, y esa Vida responde conscientemente a los impactos que emanan desde el sistema solar y desde ciertas constelaciones (Vidas personificadas), con las cuales está vinculado nuestro sistema solar. En forma similar el Logos solar actúa por intermedio de ese gigantesco mecanismo de respuesta limitado por el círculo infranqueable de un sistema solar. Cada forma, desde el átomo más diminuto hasta una inmensa constelación, personifica una vida que se expresa como conciencia, percepción y sensibilidad responsiva, por medio de algún mecanismo de respuesta. De modo que tenemos el establecimiento de un universo de vidas, interactivas e interrelacionadas, todas ellas conscientes, algunas conscientes de sí mismas, otras conscientes del grupo, pero todas contenidas en la mente universal, poseyendo almas y presentando aspectos de la Vida divina.

Por lo tanto, vida, cualidad y apariencia, representan la triplicidad primordial. La apariencia es objetiva y las formas han sido estudiadas, analizadas y clasificadas científicamente durante épocas. Ahora estamos practicando la introversión y la introspección y tenemos el comienzo de un ciclo donde el mundo de la cualidad y del significado será sometido a una investigación y clasificación similares. Esto dará como resultado nuevos valores de vida, enriquecerá nuestra comprensión, traerá crecimiento y la sustitución del intelecto por la intuición.

¿ Puedo exhortarlos a que vivan más continuamente en el mundo de significados y menos en el mundo de las apariencias? Es un mundo más real y menos ilusorio. Cuando la comprensión se haya desarrollado, cuando los hombres hayan aprendido a - ver debajo de la superficie y cultivado la verdadera visión, entonces afluirán constantemente las cualidades del alma en todas las formas y el poder de la naturaleza forma será relegado a segundo término. La humanidad tendrá el privilegio de ser quien revele este mundo de significados, y todos los verdaderos estudiantes esotéricos deberían ser precursores en este campo.

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