DEL LIBRO:TRATADO SOBRE MAGIA BLANCA

O

EL CAMINO DEL DISCÍPULO

ALICE BAILEY-MAESTRO TIBETANO (DJWHAL KHUL)

 

 

REGLA SIETE

Las fuerzas duales son vistas en el plano donde debe descubrirse el poder vital; los dos senderos enfrentan al Ángel solar; los polos vibran. Aquel que medita debe hacer una elección.

 

 

 


EL CAMPO DE BATALLA EN EL PLANO ASTRAL

Comenzaremos el estudio y consideración de la séptima Regla de la Magia. Hemos terminado el estudio de las seis anteriores que tratan específicamente del trabajo en el plano mental, y tienen valor práctico únicamente para quienes empiezan a utilizar el poder de la mente en el trabajo mágico de creación.

Es interesante observar a este respecto que, mientras la humanidad va adquiriendo su herencia mental, surge simultáneamente una creciente tendencia hacia el trabajo mágico. En todas partes crecen escuelas de realización cuya expresada intención consiste en crear esas condiciones naturales por las cuales el hombre puede obtener lo que considera admirable y aconsejable. Los libros sobre el tema de la mente creadora abarrotan las librerías. Las polémicas sobre la fuerza que subyace detrás de las artes creadoras se consideran de vital interés.

Los psicólogos se ocupan ampliamente de este asunto, aunque en la actualidad el ideal es visto casi totalmente en términos del plano físico; sin embargo, todo indica una actividad vibratoria en el alma del mundo, a medida que se expresa a través de la humanidad y surge del reino mental.

 

Los precursores de la raza, los pensadores más destacados y los trabajadores creadores de la humanidad, sólo son sensitivos que responden más fácilmente a los impulsos mentales. Hasta ahora constituyen una minoría; gran parte de la gente responde a las fuerzas y vibraciones que emanan del plano de las emociones y del deseo. Sin embargo, va despertando un mayor número de personas, y el significado de las seis primeras Reglas de la Magia será cada vez más evidente.

 

Estas quince reglas se dividen en:

Seis reglas en el plano mental.
Cinco en el plano astral o del deseo.
Cuatro en el plano físico.

La idea principal que debe mantenerse en la mente, es que estas reglas se limitan al empleo de la energía en los tres mundos y que esta energía es manejada conscientemente por el alma regente, o es impulsada a la actividad por la fuerza inherente a la materia de los tres mundos, independientemente del alma.

 

En este caso el hombre es víctima de las energías de sus propias formas y del aspecto materia de toda manifestación.

En el otro es el regidor inteligente que controla su propio destino, e impulsa, a las energías inferiores a adquirir formas y a iniciar actividades mediante el poder de sus impulsos mentales y la enfocada atención de su propia alma. En las seis reglas ya consideradas, surgen una o dos ideas con mayor claridad, y podrían resumirse en los términos siguientes:

Regla Uno Recordación, trae como resultado concentración.
Regla Dos Respuesta, trae como resultado interacción entre lo superior y lo inferior.
Regla Tres Radiación, trae como resultado enunciación.
Regla Cuatro Respiración, trae como resultado trabajo creador.
Regla Cinco Reunión, trae como resultado unificación.
Regla Seis Reorientación, trae como resultado una visión clara del Plan.

 

Los estudiantes deberían considerar estas relaciones y desarrollar la síntesis subyacente.

En esta regla está sintetizada la función y el problema del plano astral. Obsérvense los términos empleados en las breves frases siguientes:

 

1. El plano de las fuerzas duales.
2. El plano de los dos senderos.
3. El plano donde se busca el poder vital.
4. El plano de los polos vibratorios.
5. El plano donde se hace una elección.

 

Una de las cosas más vitales para todo aspirante es aprender a comprender el plano astral, entender su naturaleza y permanecer apartado de él, y luego trabajar en él.

 

En esta instrucción trato de dar una enseñanza clara sobre este plano, porque cuando el hombre puede "ver" en el plano astral, alcanzar el equilibrio y mantenerse firme en medio de sus fuerzas vibratorias, en ese momento está preparado para la iniciación.

 

Primero, reunamos algunos de los términos que se usan para describir esta esfera del Ser divino, donde el hombre debe identificarse primeramente consigo mismo, penetrar hasta el centro, traspasar su velada ilusión y oportunamente, permanecer equilibrado, incólume, desapegado, exento de Influencias y libre.

 

El término "astral", tan a menudo empleado, en realidad está mal aplicado. H.P.B. estuvo fundamentalmente correcta cuando lo empleó en conexión con el plano etérico o vital del plano físico. Cuando se hace contacto con el mundo etérico, la primera impresión recibida es siempre la de una luz estelar que brilla y centellea. Sin embargo, la palabra se identificó gradualmente con kama o deseo, y fue aplicada al plano de la reacción emocional.

 

Es interesante observar esto, pues es un ejemplo del efecto del plano astral sobre el cerebro humano, que en su ignorancia invierte la realidad y ve las cosas en sentido invertido.

 

Cuando el plano astral es nítidamente visto por primera vez por el “ojo abierto" del aspirante, es como una densa niebla, confusión, formas cambiantes, colores que se interpenetran y entremezclan, y de una apariencia tan caleidoscópica que la empresa parece desesperadamente abrumadora.

 

No es luminoso, estelar o claro. Aparentemente es un desorden impenetrable, pues constituye el lugar de encuentro de las fuerzas.

Debido a que las fuerzas están también desordenadas en el propio cuerpo del aspirante, se mezclan con el caos que lo circunda, al extremo de que al principio le es casi imposible al alma observadora disociar su propio mecanismo astral del mecanismo astral de toda la humanidad y del mecanismo astral del mundo.

 

Una de las primeras cosas que debe aprender el aspirante es disociar, en sentido emocional, su propia aura de lo que la circunda, y esto lleva mucho tiempo aprenderlo. Por esta razón una de las primeras condiciones cualitativas del discipulado es la discriminación, pues por el uso de la mente, como analizadora y separadora, se llega a controlar el cuerpo astral.

 

Segundo, el plano astral es el de la ilusión, del espejismo y de la realidad distorsionada. La razón de esto estriba en que todo el mundo trabaja con materia astral, y la potencia del deseo humano y mundial produce esa constante "exteriorización de la imaginación" y construcción de formas que provocan efectos muy concretos de materia astral.

 

Los deseos individual, nacional, racial y de toda la humanidad, más el deseo instintivo de todas las vidas subhumanas, causan el incesante cambio y movimiento de la sustancia del plano; existe una continua construcción de formas temporarias, unas de rara belleza, otras exentas de ella, y una vitalización de su creador por la energía astral.

 

Agréguese a estas formas el escenario persistente y creciente denominado "registro akáshico", que contiene historia emocional del pasado, y también las actividades de las vidas desencarnadas que atraviesan el plano astral, ya sea al encarnar o desencarnar; añádase el potente deseo purificado e inteligente de todas las Vidas superhumanas, incluyendo las de la oculta Jerarquía planetaria, y la suma total de estas fuerzas existentes se verá que es estupenda.

 

Todas actúan sobre, alrededor y a través de cada ser humano, y de acuerdo a la calidad de su cuerpo físico y a la condición de sus centros, así será su respuesta.

 

A través de este panorama ilusorio, el aspirante debe abrirse camino, encontrar la clave o hilo, que lo conducirá fuera del laberinto, y aferrarse a cada pequeño fragmento de realidad a medida que se le presenta, aprendiendo a distinguir la verdad de la ilusión, lo permanente de lo transitorio y lo real de lo irreal. Como lo expresa El Antiguo Comentario:

 

"Que el discípulo se aferre a la cola de la serpiente de la sabiduría, y asiéndola con firmeza, que la siga hasta el centro más profundo del Aula de la Sabiduría. Que no se engañe y caiga en la trampa que la serpiente de la ilusión le ha preparado, que cierre sus ojos al colorido arabesco de su piel, y sus oídos a la melodía de su voz. Que perciba la joya engarzada en la frente de la serpiente, a cuya cola se aferra, y por su radiación atraviese las cenagosas aulas de maya."

 

Ningún espejismo ni ilusión pueden retener durante mucho tiempo al hombre que se ha dedicado a la tarea de hollar el sendero del filo de la navaja, que lo conduce, a través de la maraña y de la tupida selva, a través de las profundas aguas del infortunio y la angustia, a través del valle del sacrificio y de las montañas de la visión, al portal de la Liberación.

 

A veces viajará en la oscuridad (y la ilusión de la oscuridad es muy real); otras en una luz tan deslumbrante y ofuscadora que apenas verá el camino que tiene por delante; sabrá de la vacilación en el sendero y el caer bajo la fatiga del servicio y de la lucha; podrá desviarse momentáneamente y errar por las sendas perdidas de la ambición, del interés personal y de la atracción de lo material, pero el lapso será breve.

 

Nada en el cielo ni en el infierno, en la tierra ni en ninguna otra parte, podrá impedir el progreso del hombre que ha despertado de la ilusión, ha vislumbrado la realidad más allá del espejismo del plano astral, y ha oído, aunque sea una sola vez, el toque de clarín de su propia alma.

 

El plano astral es también el Kurukshetra, tanto de la humanidad como de la unidad individual humana. Es el campo de batalla en que hallará su Waterloo todo aspirante. En determinada vida llega una crisis emocional donde se toma una acción decisiva y el discípulo prueba el control de su naturaleza emocional. Esto puede ser una prueba grande y vital; abarcará un breve período, pero exigirá todos los recursos de su sabiduría y pureza, o quizás constituya una tensión emocional, prolongada y continua, durante muchos años. Pero en el logro del éxito y en la realización de la clara visión y correcto discernimiento (Mediante la correcta discriminación), el discípulo testimonia su capacidad para la segunda iniciación.

 

Quisiera señalar que ésta es la prueba y la crisis por la que está pasando ahora la humanidad, y empezó en esas condiciones que culminaron en la guerra mundial y en la actual tensión del mundo. La primera iniciación de la humanidad, como entidad, tuvo lugar cuando fue posible la individualización, y el alma nació en el cuerpo de la humanidad.

 

Esto fue precedido por un período de espantosa dificultad y tensión, vagamente percibido por los precursores del reino humano, cuando salieron de las filas de los hombres animales. Si esta crisis se pasa con éxito, tendrá como resultado la segunda iniciación de la humanidad el paso a través del bautismo y la entrada en la corriente.

 

De manera que la guerra mundial, y sus efectos resultantes, constituyen el Kurukshetra del Arjuna mundial, y el resultado está aún en la balanza. Esto no debe olvidarse. Sin embargo, no existe motivo para ser pesimista. El buen resultado es inevitable. Por lo tanto es cuestión de una lenta o rápida comprensión y liberación de la gran ilusión mundial, y se requiere que cada aspirante trabaje arduamente y preste su ayuda para este fin. Todo aquel que se libera a sí mismo, ve con claridad y se libra del espejismo de la ilusión y ayuda en el Gran Trabajo.

 

También el plano astral es donde los pares de opuestos actúan e interactúan y se siente con mayor potencia la atracción de las grandes dualidades. La interacción se efectúa, en primer lugar, entre el alma y su vehículo, la materia, pero existen numerosas dualidades menores que desempeñan su parte y son más fácilmente reconocidas por el hombre común.

 

La luz y la oscuridad interactúan, como lo hacen el placer y el dolor; el bien y el mal se encuentran y forman el campo de recreo de los Dioses, y la pobreza y la riqueza se contrarrestan mutuamente.

 

Toda la situación económica moderna es de naturaleza astral, resultado del deseo y del empleo egoísta de las fuerzas de la materia. El calor y el frío, tal como entendemos los términos, son en forma muy peculiar resultado de la interacción de los pares de opuestos, y una interesante línea del estudio esotérico trata de los efectos producidos por las emociones raciales en las condiciones climáticas.

 

Ciertamente en un sentido significativo conformamos nuestro clima. Cuando el deseo se haya consumido, llegará a su fin la vida planetaria, pues las condiciones climáticas imposibilitarán la vida de la forma tal como la comprendemos.

 

Respecto a la unidad humana, el secreto de la liberación reside en equiparar las fuerzas y equilibrar los pares de opuestos. El sendero es una línea estrecha entre estos pares de opuestos que el aspirante descubre y huella, sin desviarse a la derecha ni a la izquierda.

 

Debe recordarse siempre que, cuando el hombre discierne sobre los pares de opuestos, equilibra las fuerzas de su propia naturaleza, descubre el sendero y se convierte en el sendero, entonces puede trabajar con las fuerzas del mundo, equiparar y equilibrar las energías de los tres mundos y convertirse en un colaborador de los Maestros de la Sabiduría. Oremos y esperemos que esto sea el resultado práctico de nuestra comprensión de la naturaleza del campo de batalla del plano astral.

 


LOS DOS SENDEROS

Apartándonos de la consideración de la naturaleza del plano astral, trataremos sus funciones y la relación del discípulo con sus actividades. Recordemos ciertas cosas del plano astral. En primer lugar es preeminentemente el campo de batalla, y en él se libra la guerra que termina con la liberación final del alma aprisionada. Es útil recordar las características sobresalientes de los tres planos y de los tres cuerpos que actúan en ellos.

En el plano físico se adquiere activamente experiencia en la materia y por medio de ella. Es el plano de la exteriorización y, de acuerdo a la condición y etapa de desarrollo del hombre interno, así será la forma externa y sus actividades.

En el plano astral, el hombre pasa por tres etapas de la conciencia:

a. Adquiere, mediante el mecanismo sensorio, conciencia en el mundo de las formas, y desarrolla la capacidad de reaccionar sabia e inteligentemente a dichas formas. Esta conciencia la comparte con el mundo animal, aunque en un aspecto va más allá, debido a que posee una mente correlacionadora y coordinadora.


b. Percibe o es sensible a los temperamentos, emociones y sentimientos, deseos y aspiraciones, que están arraigados en él, en el principio de la autoconciencia o ahamkara, como suele llamarlo el esotérico a quien le agradan las frases difíciles. Esto lo comparte con sus semejantes.


c. Logra la percepción espiritual o sensibilidad al mundo espiritual, y el aspecto sentimiento de la conciencia superior. Esto tiene sus raíces en el alma, presupone el dominio de la naturaleza mental y constituye esa facultad que lo convierte en un místico. Esta percepción la comparte en común con todos los discípulos, y es la recompensa de las victorias alcanzadas en sus experiencias en el plano astral.

 

Luego viene el plano mental. El correcto uso del intelecto es la realización más destacada. Se caracteriza también por tres etapas:

 

a. La mente recibe impresiones del mundo externo, por medio de los cinco sentidos y el cerebro, constituyendo una condición negativa, donde "las modificaciones del principio pensante" son originadas por los impactos del mundo externo y las reacciones del mundo astral.


b. La mente inicia sus propias actividades y el intelecto es el factor dominante. Aunque es puesta en actividad por los factores ya enumerados, responde también a las corrientes de pensamientos del plano mental y se activa enormemente como resultado de estos dos contactos. De ello surge una tercera actividad, en que el principio razonador actúa sobre la información adquirida de estos dos modos, establece sus propias corrientes de pensamientos y formula sus propias formas mentales, además de registrar las de otros.

 


c. El alma, mediante la concentración y la meditación, consigue imponer sus ideas e impresiones sobre la mente mantenida "firme en la luz” y permite al cuerpo mental responder a las impresiones y contactos que emanan de los mundos subjetivos espirituales.

 

Sin embargo, la verdadera batalla se libra por excelencia en el cuerpo astral, y alcanza su mayor intensidad y combatividad cuando hay un buen instrumento físico y una mentalidad bien dotada.

 

A mayor sensibilidad del cuerpo astral, mayores reacciones al mundo físico y a la condición mental, de allí que los discípulos y las personas más evolucionadas del mundo tengan "un cuerpo astral más poderoso y trabajen bajo una mayor tensión emotiva" que los menos evolucionados y los hijos de Dios.

 

Por lo tanto, se encarece a los estudiantes tratar drástica y potentemente su naturaleza emocional, recordando que la victoria viene de arriba y no puede empezar de abajo. El alma debe regir, y su arma en la lucha es la mente consagrada.

 

Resulta interesante observar en la regla en consideración que hay una secuencia esotérica en la descripción de este plano.

 

Es ante todo el plano de las fuerzas duales. Lo primero que descubre el aspirante es la dualidad. El hombre poco evolucionado percibe la síntesis, pero es la de su naturaleza material. El hombre altamente espiritual también percibe la síntesis, pero es la de su alma, cuya conciencia es unidad.

 

Pero entre ambas está el desdichado aspirante, consciente sobre todo de la dualidad, y llevado de un lado a otro por ambas. Su primer paso tiene como objetivo hacerse consciente de los pares de opuestos y de la necesidad de elegir entre ellos. Por medio de la luz que ha descubierto en sí mismo, se hace consciente de la oscuridad.

 

A través del bien que lo atrae, ve el mal, que para él es la línea de menor resistencia. Mediante la actuación del dolor puede visualizar y ser consciente del placer, y el cielo y el infierno llegan a ser para él realidades.

 

Mediante la actuación de la vida atractiva de su alma, se da cuenta de la atracción de la materia y de la forma, y se ve obligado a reconocer el impulso y la atracción de ambos.

 

Aprende a sentirse como "pendiendo entre las dos grandes fuerzas", y una vez comprendidas las dualidades, va conociendo paulatinamente y con certeza que el factor decisivo en la lucha es su voluntad divina, en contraposición a su voluntad egoísta.

 

Así las fuerzas duales desempeñan su parte hasta que son percibidas como dos grandes corrientes de energía divina que van en dirección opuesta, entonces se da cuenta de los dos senderos mencionados en nuestra regla.

 

Uno conduce de regreso al triste mundo del renacimiento, el otro a través del portal dorado, a la ciudad de las almas libres.

 

Uno es involutivo y lo envuelve en la más densa materia; el otro lo conduce fuera de la naturaleza corporal, y con el tiempo lo hace consciente de su cuerpo espiritual, mediante el cual puede actuar en el reino del alma.

 

Posteriormente (cuando sea un verdadero y consagrado chela) reconocerá que uno es el sendero de la izquierda, y el otro el de la correcta actividad.

 

 

En un sendero llegará a ser experto en magia negra, que no es más que el desarrollo de los poderes de la personalidad, subordinados a los propósitos egoístas del hombre, movilizados por el propio interés y las ambiciones mundanas.

 

Éstos lo confinan a los tres mundos, cerrando la puerta que da a la vida.

 

En el otro sendero subordina su personalidad y ejerce la magia de la Hermandad Blanca, trabajando siempre en la luz del alma, con el alma de todas las formas y sin acentuar las ambiciones del yo personal.

 

La clara discriminación de estos dos senderos revela lo que se denomina en algunos libros esotéricos, el estrecho "sendero del filo de la navaja" que se encuentra entre ambos.

 

Es el "Noble Sendero Medio" de Buda, que traza la fina línea demarcatoria entre los pares de opuestos y entre las dos corrientes que ha aprendido a reconocer una asciende a los portales del cielo y la otra desciende al infierno más profundo.

 

Al usar sus dos armas principales, la discriminación y el desapasionamiento, el aspirante adquiere esa cualidad que en esta regla se denomina "poder vital".

 

Así como el ojo es el instrumento que sirve para elegir el camino a recorrer en el plano físico y tiene además su propio poder que atrae y desarrolla su propio lenguaje por medio de signos, así también el aspirante siente un poder vital.

 

Esto pone oportunamente en actividad aI tercer ojo, y adquiere tal poder y clara visión, que la correcta elección y el rápido progreso en el camino se convierten en un constante avance.

 

Se dice que el poder crece o se desarrolla en el silencio, y sólo aquel que encuentra un centro de paz en su cabeza, donde se unen los senderos de las fuerzas corporales y las corrientes espirituales afluyentes, puede practicar correctamente la verdadera discriminación y el desapasionamiento, poniendo bajo la guía del alma los cuerpos astral y mental controlados.

 

Entonces puede comprender el significado de "los polos vibrantes" y obtener ese punto de equilibrio, resultante de la interacción y vibración de los mismos.

 

La percepción de las fuerzas duales y el claro discernimiento de los dos senderos, conduce al desenvolvimiento del poder vital, demostrándose su primera actividad cuando permite al aspirante alcanzar un punto de equilibrio y permanecer en ese pináculo de realización donde "se hace una elección".

 

¿Cuál es esa elección? Para el aspirante es elegir entre un progreso rápido o lento.

 

Para el discípulo aceptado y leal, la elección reside en los métodos de servicio.

 

Para el iniciado la elección está entre el progreso espiritual y la ardua tarea de permanecer con el grupo y desarrollar el Plan.

 

El Maestro debe elegir entre los siete senderos, de allí que su problema sea difícil y penoso.

 

Sin embargo, todo prepara al aspirante para la correcta elección mediante la correcta discriminación que conduce a la recta acción, posible mediante la práctica del desapasionamiento.

 

Esta frase resume la técnica del guerrero en el campo de batalla del plano de deseos.

 

Debe observarse aquí que en el continuo desarrollo del poder de elección, y en la batalla lealmente librada en el plano astral, la conciencia del hombre cambia etapa tras etapa.

 

Primero, es el aspirante abatido y cansado que tiene que luchar con el deseo, el espejismo, la ambición y con su cuerpo emocional sensorio. Piensa que la batalla es tremenda, aunque desde un ángulo más amplio es relativamente ínfima sin embargo, es todo lo que él puede soportar.

 

Posteriormente, el experimentado discípulo en probación, que lucha en el valle de la ilusión, no sólo con su propia naturaleza sino con las fuerzas de ese valle, es quien reconoce su naturaleza dual.

 

Entonces el discípulo entra en la lucha y enfrenta con valor (y muchas veces con clara visión) las fuerzas desplegadas contra él.

 

Éstas implican no sólo las de su propia naturaleza y las de esos aspectos del plano astral, a los cuales reacciona en forma natural, sino también las fuerzas de la ilusión formadas en contra del grupo de discípulos al cual pertenece.

 

Que todos los discípulos tomen nota y tengan esto presente en los actuales días arduos y difíciles.

 

Tales discípulos están a veces en contacto consciente con las propias fuerzas del alma y para ellos no hay derrotas ni retrocesos.

 

Son los guerreros probados, llenos de cicatrices, cansados, que saben que les espera una victoria triunfal, puesto que el alma es omnipotente.

 

Los discípulos aceptados, que luchan contra todos los factores enumerados, y las fuerzas negras formadas en contra de los Hermanos Mayores, pueden demandar las energías espirituales de su grupo y, en momentos excepcionales e indicados, apelar al Maestro bajo el cual trabajan.

 

Así se expande la tarea y el trabajo; así se acrecienta continuamente la responsabilidad y la lucha; pero al mismo tiempo también aumenta constantemente el reconocimiento de potestades con las cuales pueden hacer contacto y ser utilizadas, y cuando se establece correctamente dicho contacto, la victoria final está asegurada.

 

La frase "aquel que medita", se refiere al alma. Arjuna, el discípulo aspirante, renuncia a la lucha y entrega las armas y las riendas del gobierno a Krishna, el alma, y es recompensado finalmente por la comprensión y la visión de la forma divina que vela al Hijo de Dios, que es Él Mismo.

 

Cuando se ha librado y ganado esta batalla, el discípulo ingresa en las filas de los magos blancos de nuestro planeta y puede manejar fuerzas, colaborar con el Plan, mandar a los elementales e imponer orden en el caos. Ya no está sumergido en la ilusión mundial, pues se ha elevado por encima de ella. Ya no puede ser retenido por las cadenas de sus propios y antiguos hábitos y su karma.

 

Ha adquirido el poder vital y se manifiesta como un Hermano Mayor.

 

 

Éste es el sendero que tienen por delante cada uno y todos los que se atreven a hollarlo. Es la oportunidad brindada a todos los estudiantes que han hecho su elección con desapasionamiento y están impulsados por el amor y el deseo de servir.

 


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