DEL LIBRO:TRATADO SOBRE MAGIA BLANCA

O

EL CAMINO DEL DISCÍPULO

ALICE BAILEY-MAESTRO TIBETANO (DJWHAL KHUL)

 

 

REGLA CINCO

Tres cosas preocupan al Ángel solar antes de que la envoltura creada descienda: la condición de las aguas, la seguridad de aquél que así crea y la constante contemplación. De ese modo están aliados para el triple servicio, el corazón, la garganta y el ojo.

 

 


EL ALMA Y SUS FORMAS MENTALES

Hemos tratado los procesos de la creación en lo que concierne:

1. Al Creador de un sistema solar o de un esquema planetario.

2. Al ego, cuando crea su cuerpo de manifestación. Debería recordarse aquí que toda la familia humana ha sido llevada a la manifestación por un similar grupo de egos.

3. Al hombre, cuando crea esas formas mentales mediante las cuales se expresa a sí mismo, trabaja y a su vez lo cir-cundan. Debería también recordarse que este trabajo crea-dor definido, sólo es posible para los que actúan en niveles mentales, los pensadores del mundo y los discípulos de los Maestros.

Como hemos observado, en todos los casos, la forma objetiva fue el resultado de la meditación del agente creador, de la respuesta de la materia sobre la cual ha actuado la fuerza generada en la meditación, produciendo así la construcción de la forma y su utilización mediante el sonido. Esto es seguido por la etapa en que la forma es percibida objetivamente se convierte en una entidad viviente y vibrante. Así "el Verbo se hace carne" y así todas las formas –universos, hombres y pensamientos, dotados de alma— vienen a la existencia.

 

Esta regla abarca tres factores que ocupan la atención del agente creador antes de hacerse visible la forma física en el pla-no externo, y son:

1. La condición de las aguas.

2. La seguridad de aquel que así crea.

3. La constante contemplación.

 

Trataremos brevemente estos tres, y luego consideraremos los tres factores que el discípulo necesita relacionar, si es que alguna vez piensa llegar a ser un colaborador activo y potente de la Jerarquía.

Éstos son: el Ojo, el Corazón y la Garganta.

 

La interpretación y significación de estas reglas pueden ser comprendidas de diversas maneras. Para nuestro propósito seguiremos la que se relaciona con el discípulo y su trabajo, y tratará de su entrenamiento en el trabajo mágico del ego o alma, a medida que éste ocupa y emplea una forma física. Estas enseñanzas tienen una finalidad práctica, que acentúan el entrenamiento y la disciplina del discípulo, porque diseminados en éstas hay indicios y sugerencias esotéricos que, si son seguidos, conducirán al aspirante a obtener experiencias y experimentar la verdad. Quienes no son verdaderos aspirantes no reconocerán los indicios y serán así preservados de todo peligro y experiencia prematura.

 

Tomemos, por lo tanto, los tres factores que ocupan nuestra atención y considerémoslos desde el punto de vista del ser humano que crea formas mentales y no desde el punto de vista de un Creador solar, o de un ego que se prepara para encarnar en la forma.

 

Dos pensamientos accesorios son de valor aquí.

 

Uno, que el proceso de crear formas mentales en la meditación diaria, es parte de la tarea de todo aspirante. Si el estudiante recordara que cada vez que practica la meditación matinal está aprendiendo a construir y vitalizar formas mentales, su trabajo podría adquirir mayor interés. La mayoría de los aspirantes tienden a ocuparse de sus deficiencias en el trabajo de meditación y de su incapacidad de ejercer control sobre la mente; en cambio ambos aspectos de su esfuerzo podrían mejorar si se preocuparan del gran trabajo absorbente de construir formas mentales.

Una idea secundaria y de menor importancia, es que esos egos que se preparan para tomar cuerpos humanos, están profundamente ocupados en el trabajo de meditación, y es muy improbable que el médium común de las sesiones espiritistas pueda llegar hasta ellos.

Lo único que puede hacerse es establecer contacto con quienes recientemente han pasado al más allá, y en la mayoría de los casos se hallan en una profunda y distinta abstracción. No tengo tiempo ni propongo extenderme sobre este tema, pero es de interés para quienes investigan tales asuntos.

1. La Condición de las Aguas.

El agente creador, el hombre, mediante los incentivos de un propósito coordinador, meditación concentrada y actividad creadora, ha construido la forma mental a la que anima con su propia vitalidad y dirige con su voluntad.

Ha llegado el momento de enviar esa forma mental a cumplir su misión y llevar a cabo el propósito de su existencia.

Como vimos en la regla anterior, la forma es "expulsada" de su creador por el poder del aliento expulsor. Ésta es una afirmación simbólica y al mismo tiempo un hecho experimental en el trabajo mágico. El discípulo fracasa a menudo en su trabajo, debido a la incapacidad de comprender la significación esotérica y literal de este aliento expulsor cuando realiza su trabajo de meditación.

Este aliento expulsor es el resultado de un período anterior de respiración rítmica, acompañado de una meditación concentrada, luego de un enfoque definido de la atención y del aliento, a medida que el propósito de la forma creada se define mentalmente y, finalmente, la vitalización de la forma mental por su creador y su consiguiente energetización hacia una vida y actividad independientes.

 

El primer obstáculo que se le presenta a la potencia del trabajo proviene del fracaso del discípulo para desempeñar simultáneamente estas actividades.

La segunda causa del fracaso reside en que no ha considerado las condiciones de las aguas ni el estado de la sustancia emocional, en la cual debe penetrar esta forma mental, reuniendo en sí misma esa materia del plano astral que le permitirá convertirse en una entidad activa en ese plano.

Al no poder hacerlo, se convierte sencilla y eventualmente en una forma muerta en el plano mental, porque le falta el poder impulsor del deseo necesario para completarla en el plano físico.

Es interesante recordar que:

Si una forma mental es enviada al mundo emocional para reunir en sí un cuerpo de deseos (fuerza impulsora que produce toda objetividad) y está sumergida en una "condición de las aguas" que puede ser mejor descrita como puramente egoísta, ocurre lo siguiente:

Se pierde al ser atraída dentro del cuerpo astral del discípulo, punto focal de toda la energía astral empleada por él mismo. Es arrastrada hacia un vértice del cual el cuerpo astral del individuo es el centro, perdiendo su existencia independiente.

La analogía del remolino es aquí de valor.

El pensador es como el hombre que empuja un bote de juguete, desde la orilla hacia la corriente. Si lo empuja hacia el remolino, es absorbido con el tiempo en el vórtice central, desapareciendo.

Muchas formas así construidas por el aspirante en su trabajo de meditación, se pierden y fracasan en su objetivo, por el estado caótico y vertiginoso del cuerpo emocional del aspirante. De esta manera las buenas intenciones no llegan a nada; el buen propósito y la tarea planeada por el Maestro no se materializan, porque cuando la forma mental desciende al plano del deseo y de la emoción, hace contacto únicamente con las agitadas aguas del temor, de la desconfianza, del odio o del deseo vicioso puramente físico.

Éstos, al ser más potentes que la insignificante forma, la ahogan, desapareciendo, de la vista y de la existencia, y el hombre se da cuenta de otro esfuerzo malogrado.

Repito: la "condición de las aguas" no es la de un remolino autogenerado, sino que se asemeja a la de un charco cuyas aguas se agitan en una masa espumosa e hirviente, mediante las actividades de los demás.

Hay muchos discípulos que han logrado una buena medida de autocontrol y desinterés personal. No son víctimas del deseo y de los objetivos de la personalidad, y están comparativamente libres del remolino de las tendencias egoístas.

Pero sus cuerpos astrales son arrastrados repetidas veces a un estado de agitación, por el grupo para el cual y en el cual trabajan. Están exaltados o deprimidos, satisfechos o insatisfechos por los resultados logrados; lo realizado o no, y la firmeza o deslealtad de sus compañeros servidores les produce agitación y perturbación emocional, y en esta poderosa reacción, sus formas mentales construidas con tanto esmero y devoción, quedan en la nada. Su "capacidad de acción" se pierde, por estar atados al resultado deseado, y entonces su labor es infructuosa.

Existen numerosas "condiciones de las aguas” que todo as-pirante puede suministrar por sí mismo. Sin embargo, hay otra sobre la cual quisiera detenerme.

El cuerpo emocional del discípulo que debe nutrir y abastecer a la forma mental infantil (con su núcleo mental), es necesariamente parte de la forma emocional planetaria, de ahí que vibra al unísono con dicha forma. Hay que considerar esto cuidadosamente, porque el cuerpo emocional es impulsado a un estado de actividad por la condición astral general, debiendo ser manejado inteligentemente desde este ángulo.

 

En la actualidad, tres cualidades predominan en el planeta –temor, expectativa y un deseo culminante (en la familia humana) de posesiones materiales. Observen la palabra "culminante". Se ha alcanzado el summum del deseo humano de felicidad material y se ha sobrepasado la cima de ese deseo, por lo tanto la humanidad ha logrado y superado mucho. Pero el ritmo de las edades es muy fuerte.

 

Estas tres cualidades deben ser comprendidas y desechadas por el aspirante a medida que trata de servir desde los niveles mentales.

El temor debe ser sustituido por esa paz que es privilegio de quienes viven siempre en la Luz de lo Eterno; la inquietante expectativa tendrá que ser sustituida por esa seguridad placentera, aunque activa, del objetivo final que proviene de la visión del Plan, del contacto con otros discípulos y luego con el Maestro.

 

El deseo de posesiones materiales debe ser reemplazado por la aspiración a esas posesiones que son la alegría del alma –sabiduría, amor y poder para servir. ¡Paz, seguridad y correcta aspiración!

Cuando estas tres palabras se comprendan y experimentan en la vida diaria, producen esa correcta "condición de las aguas" que asegura la supervivencia de toda forma mental, debidamente engendrada en la meditación, por el hombre que actúa como alma.

 

2. La Seguridad de Aquel que así Crea.

Podría decir aquí enfáticamente, aunque sea una verdad reconocida, que muy a menudo las personas son destruidas (en sentido oculto y por lo tanto más importante) por sus propias formas mentales. La creación de pensamientos, mediante la concentración y la meditación, es una cuestión muy peligrosa. Esto no debe olvidarse jamás.

 

Existen formas mentales que no poseen suficiente materia de deseos, y al no poder descender envenenan al hombre en los niveles mentales, y lo hacen de dos maneras:

1. Llegan a ser tan potentes en el plano mental, que el hombre cae víctima de lo que ha creado. Ésta es la “idea fija" del psiquiatra; la obsesión que conduce a la locura, la línea de pensamiento centralizada que, eventualmente, aterroriza a su creador.

2. Llegan a multiplicarse tan rápidamente, que el aura mental del hombre se convierte en algo que se asemeja a una nube espesa y densa, a través de la cual la luz del alma no puede penetrar, y el amor de los seres humanos, las actividades amorosas, bellas y alentadoras de la naturaleza y de la vida, en los tres mundos, tampoco pueden horadarla. El hombre se ahoga, está sofocado por sus propias formas mentales, y sucumbe a la miasma que él mismo ha engendrado.

 

También hay otras líneas de pensamiento que provocan en el cuerpo emocional una reacción de naturaleza ponzoñosa.

 

 

El ser humano puede seguir cierta línea de pensamiento en relación con su hermano. Engendra odio, envidia y celos, y se manifiesta en tal forma que produce esas actividades en el plano físico que ocasionan la muerte de su creador. Esto literalmente puede suceder en el caso de un asesinato, que la mayoría de las veces es el resultado de la intención cristalizada, o también puede convertirse en una enfermedad.

 

El pensamiento puro, el correcto móvil y el deseo amoroso, son los verdaderos lenitivos de la enfermedad, y cuando el deseo (que anima a muchos) es elevado hasta el pensamiento constructivo, se eliminará gradualmente la enfermedad.

 


 

Hasta ahora muchos son los que desean y pocos los que piensan. Recuerden que los Grandes Seres no buscan a quienes sólo desean y aspiran, sino a los que combinan en su deseo la determinación de aprender a usar sus cuerpos mentales y llegar a ser creadores, y a trabajar constructivamente para estos fines.

Así se comprenderá por qué, en todos los sistemas de verda-dero entrenamiento ocultista, se hace hincapié sobre el recto pensar, el deseo amoroso y el limpio y puro vivir. Sólo así puede llevarse adelante el trabajo creador sin peligro, y sólo así puede descender la forma mental a la objetividad y ser un agente cons-tructivo en el plano de la existencia humana.

3. Constante Contemplación.

Observarán que no se ha empleado la palabra "meditación". La idea es otra. El proceso de meditación, que involucra el em-pleo del pensamiento y la construcción mental de la forma, para poder completarla, perfeccionarla y estar de acuerdo con la forma mental del grupo de condiscípulos del discípulo, y por consiguiente con el Plan, ha sido completado por el hombre de acuerdo a su capacidad. Ahora, con firmeza, debe contemplar lo que ha creado, y con igual firmeza inspirarlo con la necesaria vida, para que pueda cumplir su función.

Cesa de razonar, pensar, formular y construir en materia mental. Simplemente vierte su vida en la forma y la proyecta para cumplir su voluntad. En la medida en que pueda contemplar y mantenerse firme, así su creación cumplirá su intención y actuará como su agente.

De acuerdo a cómo enfoca su atención en el ideal, por el cual creó la forma mental, y puede vincular la forma y el ideal, así en una sostenida visión, durante ese tiempo, servirá su propósito y expresará su ideal. En esto reside el secreto del éxito de toda colaboración exitosa con el Plan.

Ahora estudiaremos un poco las palabras "corazón, garganta y ojo", porque tienen una peculiar significación. Forman el mecanismo que todos los discípulos emplean durante el ciclo mundial que rápidamente se aproxima.

Es muy cierto que en esta época no existe un grupo numeroso de discípulos en encarnación, y que aún está en embrión el mecanismo de la mayoría de quienes actúan en el nivel del discipulado. Sin embargo, hay que recordar que el ciclo mundial recién fue inaugurado y abarcará un vasto período de tiempo. Hay actualmente más o menos cuatrocientos discípulos acepta-dos en el mundo –es decir, hombres y mujeres que realmente saben que son discípulos, saben cuál es su trabajo y lo están rea-lizando. No obstante, hay muchos centenares (de la generación actual de gente joven) que están en vísperas de ser aceptados, y millares se hallan en el sendero de probación.

En todos los grupos verdaderamente esotéricos debería for-marse un grupo donde exista una comprensión intelectual de este mecanismo del corazón, la garganta y el ojo. Debería estar constituido por quienes se someten a una disciplina y entrena-miento, cuya utilización sería para ellos un hecho demostrado en la naturaleza. Quisiera llamarles la atención sobre estas palabras y pedirles que las estudien cuidadosamente.

El mecanismo del cuerpo físico se utiliza de dos maneras: Primero, involuntariamente, y no se comprende cómo, por qué y cuándo se lo utiliza. El animal emplea un mecanismo similar, en muchos sentidos, al que utiliza el hombre. Ve, oye y funciona or-gánicamente, en líneas similares al humano, pero le falta la com-prensión mental y la vinculación entre la causa y el efecto, lo cual caracteriza al reino superior de la naturaleza.

Existe un estado similar de cosas en las primeras etapas del sendero del discipulado y en las etapas finales del sendero de probación. El discípulo llega a ser consciente de capacidades y poderes que aún no están inteligentemente bajo su control. Ex-perimenta destellos de percepción interna y conocimientos que parecen inexplicables y sin valor inmediato. Hace contacto con vibraciones y fenómenos de otros reinos, pero es inconsciente del proceso mediante el cual lo ha logrado, e incapaz de renovar-los o volver a experimentarlos. Percibe fuerzas activas en su cuerpo etérico. A veces puede localizarlas y, por lo general, ad-mite teóricamente que hay un despertar a la actividad conscien-te, una séptuple estructura que es una forma simbólica y pode-rosa, cuando se la emplea. No puede todavía controlarla y es in-capaz de atraerla a una inteligente cooperación con sus propó-sitos e ideas, a pesar de todos sus esfuerzos. Lo único que puede hacer es registrar tales fenómenos y anotar esas experiencias, teniendo siempre en cuenta que en las primeras etapas de su desarrollo sólo se registran en su conciencia cerebral las vibraciones más groseras y materiales. Sencillamente debe esperar y tratar mentalmente de purificar sus vehículos y eliminar todo aquello que cree puede desfigurar su visión. Este período puede ser largo o corto, depende de que el aspirante entre por primera vez en la conciencia subjetiva o retome el hilo de una empresa anterior, lograda parcialmente.

Quisiera aclarar aquí, a todos los verdaderos y sinceros as-pirantes, que en el entrenamiento a darse en las próximas déca-das, el desarrollo de la visión y el oído astral, serán completa-mente eliminados, o si existen, tendrán que ser oportunamente superados. El verdadero discípulo se ha esforzado por centralizarse en el plano mental con el objeto de elevar aún más su conciencia a la amplia e incluyente percepción del alma.

Su objetivo consiste en incluir lo superior, y en esta etapa no es necesario recobrar esa facultad astral que, como bien se sabe, poseían las razas poco evolucionadas de la tierra y la mayoría de los animales superiores. Posteriormente, cuando sea adepto, podrá actuar en el plano astral, si así lo desea, pero debe re-cordar que el Maestro trabaja con el aspecto alma de la huma-nidad (y de todas las formas) y no con sus cuerpos astrales. Esto ha sido frecuentemente olvidado por los instructores, tanto de Oriente como de Occidente.

Al trabajar con las almas se lleva adelante la verdadera téc-nica de la evolución, porque el alma de las formas, en cada reino de la naturaleza, es responsable del trabajo de desarrollo de la forma y dentro de ella. Permítanme, por lo tanto, expresar que el objetivo principal consiste en llegar a ser consciente del alma, cultivar la conciencia del alma y aprender a vivir y a trabajar como almas. Aconsejaría, hasta que llegue el momento en que puedan utilizar su mecanismo a voluntad, entrenar sus mentes, estudiar las leyes que rigen la manifestación y aprender a incluir todo lo que ahora abarcamos con el término "superior" –término erróneo, aunque satisfactorio.

Segundo, cuando el hombre utiliza voluntariamente el ins-trumento subjetivo y sabe cómo utilizarlo, cuándo lo debe utilizar, y puede dejar de hacerlo y volver a emplearlo a voluntad, entonces cambia totalmente su estado y aumenta su utilidad. Por el empleo de la mente, la humanidad ha llegado a percibir los propósitos y la utilización del mecanismo físico. Ahora, mediante el empleo de una facultad más elevada, característica del alma, obtiene un control voluntario e inteligente de su instrumento, y aprende a comprender los propósitos para los cuales dicho instrumento existe. Esta facultad superior es la intuición.

Quisiera agregar en forma destacada, que únicamente cuando el hombre llega a ser intuitivo es de utilidad en el grupo de un Maestro, y recomiendo a todos los aspirantes que estudien muy detenidamente el significado y significación de la intuición. Cuando ésta comienza a actuar, entonces el discípulo puede pa-sar de la etapa de probación a la de aceptación, en el grupo de un Maestro.

Quizás se pregunten cómo puede conocer y comprobar esto el probacionista. Al probacionista se le da mucho entrenamiento sin que conscientemente lo reconozca. Se le indican las tendencias erróneas, a medida que trata sinceramente de entrenarse para el servicio, y cuando el análisis del móvil se hace con honestidad, sirve en forma asombrosa para sacar al seudo discípulo del mundo astral o emocional, y elevarlo al mundo de la mente. Es en este mundo mental donde por primera vez se hace contacto con los Maestros, y es allí donde hay que buscarlos.

Pero ha llegado el momento en que la Luz en la cabeza no sólo está presente, sino que puede ser utilizada en cierta medida. El karma del aspirante es de tal naturaleza que puede, mediante el esfuerzo esmeradamente aplicado, manejar su vida, de mane-ra que no sólo cumple con su karma, desempeñando sus obliga-ciones, sino que tiene la suficiente determinación para permitirle solucionar los problemas y cumplir también con las obligaciones del discipulado. Desempeña con correcto móvil su servicio en bien de los demás; comienza a ejercer y a hacer sentir su poder; pierde de vista su propio interés por el ajeno. Cuando esto sucede se producen ciertos acontecimientos esotéricos.

El Maestro consulta con algunos de Sus discípulos más avan-zados, si es aconsejable admitir al aspirante dentro del aura del grupo, y mezclar su vibración con la del grupo. Si se llega a al-guna decisión, en el término de dos años, un discípulo avanzado actúa entonces como intermediario entre el Maestro y el aspi-rante recientemente aceptado. Trabaja con el nuevo discípulo aminorando (si así puede expresarse) la vibración del Maestro para acostumbrar a los cuerpos de aquél a las aceleradas vibra-ciones superiores. Plasma en la mente del discípulo, por medio de su ego, los planes e ideales del grupo, y observa su reacción a los acontecimientos y oportunidades de la vida. Podría decirse que asume por el momento y en forma práctica, los deberes y la posición del Maestro.

El aspirante ignora durante todo este tiempo lo que ha sucedido, y es inconsciente de sus contactos subjetivos. Sin em-bargo, reconoce en sí mismo tres cosas:

Acrecentada actividad mental. Al principio esto le traerá mu-cha dificultad y le parecerá como si estuviera perdiendo el con-trol de la mente en vez de adquirirlo, pero sólo es un estado tran-sitorio, y gradualmente asumirá el mando.

Acrecentada respuesta a las ideas y creciente capacidad para visualizar el Plan de la Jerarquía. Esto, hasta cierto punto, lo convertirá en un fanático en las primeras etapas. Continuamente será arrastrado por ideales, ismos, modos de vivir y nuevos sueños, en bien del mejoramiento de la raza. Se afiliará a un cul-to tras otro, porque quizás ello posibilitará la llegada del milenio. Pero después de un tiempo recobrará su equilibrio y el propósito asumirá el control de su vida. Trabajará en su propia ocupación, y contribuirá a la actividad del todo, de acuerdo a su capacidad.

Acrecentada sensibilidad psíquica. Indica crecimiento y al mismo tiempo una prueba. Puede ser seducido por los poderes psíquicos y tentado a desviar su esfuerzo del servicio especializado a la raza, hacia la explotación de los poderes psíquicos, utilizándolos para el propio engrandecimiento. El aspirante debe progresar simultáneamente en todos los aspectos de su naturaleza, pero hasta no actuar conscientemente como alma o psiquis, y emplear la inteligencia cooperadora, los poderes inferiores deben estar pasivos, los cuales pueden ser utilizados sin peligro por los discípulos avanzados e iniciados. Son armas e instrumentos de servicio que deben ser empleados en los tres mundos por quienes aún están atados a esos mundos por la Ley de Renacimiento. Quienes han pasado por la gran Liberación y "cruzado ocultamente el puente", no necesitan emplear los poderes inherentes a los vehículos inferiores, pueden utilizar el conocimiento infalible de la intuición y la iluminación del principio Luz.

Existen falsos conceptos, en las mentes de las personas, res-pecto a la forma en que el Maestro permite al discípulo darse cuenta que ha sido aceptado. Se ha generalizado la idea de que se le comunica y se le acuerda una entrevista, en la cual el Maestro lo acepta y le designa un trabajo. Pero no es así. La Ley oculta rige tanto para el discipulado como para la iniciación, y el hombre progresa ciegamente. Espera pero no sabe, pero tiene la esperanza de que así sea; aunque no tiene ninguna seguridad tangible, llega a la conclusión, por el estudio de sí mismo y de los requisitos, que quizá ha alcanzado el estado de discípulo aceptado. Por lo tanto, actúa sobre tal suposición y vigila sus actos, cuida sus palabras y controla sus pensamientos, de modo que ninguna acción, palabra innecesaria o pensamiento maléfico, rompan el ritmo que él cree haber establecido. Sigue con su trabajo, pero intensifica la meditación; investiga sus móviles; trata de equipar su cuerpo mental; coloca ante sí el ideal de servicio, procurando siempre servir; entonces (cuando está tan absorbido en el trabajo que tiene entre manos, que se ha olvidado de sí mismo) repentinamente un día ve a Aquél que durante tanto tiempo lo ha estado observando.

Esto puede acontecer en dos formas: ya sea en plena con-ciencia vigílica, o porque el cerebro físico registra la entrevista tal como participó en ella durante las horas de sueño.

Paralelamente al reconocimiento de este evento los discípulos llegarán a otros reconocimientos:

I. El acontecimiento se reconoce como un hecho, fuera de toda controversia. Ninguna duda queda en la mente del discípulo.

II. Sabe que no debe mencionarlo. Pasarán meses o años, antes de hacerlo, y entonces lo dirá sólo a quienes son también reconocidos como discípulos o a un compañero de tarea que está bajo la misma influencia grupal, cuyo derecho es saberlo, derecho sancionado por el Maestro del grupo.

III. Ciertos factores que rigen la relación del Maestro con el discípulo son gradualmente reconocidos y empiezan a regir cada vez más la vida del discípulo:

1. Reconoce que los puntos de contacto con su Maestro están regidos por la emergencia y la necesidad grupales, y tienen que ver con su servicio grupal. Paulatinamente se da cuenta que su Maestro podrá interesarse por él, sólo hasta donde su ego pueda ser utilizado en el servicio, por medio de la personalidad en el plano físico. Empieza a darse cuenta que Él trabaja con su alma y que ésta y no el yo personal, está en relación con el Maestro. Por lo tanto su problema, problema de todos los discípulos, se va aclarando cada vez más, el cual consiste en mantener abierto el canal de comunicación entre el alma y el cerebro, mediante la mente, de modo que el Maestro pueda comunicarse inmedia-tamente y con facilidad. A veces tiene que esperar varias sema-nas antes de poder ser oído por el discípulo, porque el canal as-cendente está cerrado y el alma no está en relación con el cerebro. Esto sucede especialmente en las primeras etapas del discipulado.

2. Descubre que él mismo cierra la puerta en la mayoría de los casos, mediante el psiquismo inferior, la incapacidad física y la falta de control mental; en consecuencia halla que debe trabajar constante e incesantemente con su yo inferior.

3. Percibe que una de las primeras cosas que debe hacer es aprender a discriminar entre:

La vibración de su propia alma.

La vibración del grupo de discípulos con quienes está aso-ciado.

La vibración del Maestro.

Los tres son indiferentes y es fácil confundirlos especialmen-te al principio. La guía más segura para los aspirantes cuando hacen contacto con una vibración y estímulo superiores, consiste en suponer que quien hace contacto con ellos es su propia alma, el Maestro en el corazón, y no (algo muy halagador para orgullo de la personalidad) que el Maestro trata de llegar a ellos.

4. Descubre además que no es costumbre de los Maestros adular o hacer promesas a sus discípulos. Están muy ocupados y son demasiado sabios; tampoco les dicen que están destinados a desempeñar altos cargos, ni que son sus intermediarios y que de ellos depende la Jerarquía. La ambición, el amor al poder y la autosuficiencia, características de muchos tipos mentales, ponen a prueba al aspirante luchador, y recibe de su personalidad todo lo que necesita en ese sentido. Estas cualidades lo engañan y desvían, forzándolo a situarse en un pedestal de donde finalmente tendrá que descender. Los Maestros no dicen nada que pueda nutrir el orgullo en Sus discípulos, ni pronuncian palabras que fomenten en sus chelas el espíritu de separatividad.

5. El discípulo muy pronto se da cuenta que los Maestros no son fácilmente accesibles. Se hallan tan ocupados, que difícilmente disponen de tiempo para comunicarse con el discípulo, y únicamente una emergencia, en el caso de un principiante en el sendero del discipulado, utilizan la energía necesaria para ponerse en contacto. Con los discípulos antiguos y probados, los contactos son más frecuentes, se logran con más facilidad y tienen resultados más rápidos. Sin embargo, debe recordarse que cuanto más nuevo es el discípulo exige mayor atención y considera que debe recibirla. Los servidores antiguos y más experimentados tratan de cumplir con sus obligaciones y llevar a cabo el trabajo mediante el menor contacto posible con el Maestro. Procuran ahorrarle tiempo y, frecuentemente, consideran que una entrevista con Él es una demostración de fracaso de su parte, y por lo tanto les produce desazón ocupar el valioso tiempo del Maestro, obligándolo a emplear Su energía en proteger el trabajo de cualquier error, y al discípulo de algún daño. El objetivo de todo discípulo avanzado es desempeñar su tarea y relacionarse con el centro de fuerza espiritual, su grupo, y estar así en continuo contacto con el Maestro, sin entrevistas ni contactos fenoménicos. La mayoría sólo espera establecer contacto con Su Maestro una vez al año, generalmente en la época del plenilunio de mayo.

6. Encuentra también que la relación entre Maestro y dis-cípulo está regida por la ley y que existen grados y etapas de-finidos de contacto en la relación deseada. Éstos pueden ser enumerados, pero no dilucidados:

1. La etapa en que el Maestro hace contacto con el discípulo por medio de otro chela en el plano físico. Ésta es la etapa de "el breve período de chela".

2. La etapa en que un discípulo más avanzado dirige al chela desde el nivel egoico. Ésta es la etapa denominada "el che-la en la Luz".

3. La etapa en que, según la necesidad, el Maestro hace con-tacto con el chela, mediante:

a. Una vívida experiencia en el sueño.
b. Una enseñanza simbólica.
c. La utilización de una forma mental del Maestro.
d. Un contacto en la meditación.
e. Una definida y recordada entrevista en el ashrama del Maestro. Ésta es definidamente, la etapa de discípulo aceptado.

4. La etapa en que habiendo demostrado su sabiduría en el trabajo y apreciado el problema del Maestro, se le enseña al discípulo cómo (en una emergencia) atraer la atención del Maestro y así extraer Su fuerza y conocimiento y recibir consejos. Esto es algo instantáneo y no le ocupa prácticamente tiempo al Maestro. Esta etapa recibe el nombre peculiar de "el chela en el Hilo o Sutratma".

5. La etapa donde se le permite conocer el método por el cual puede originar una vibración y un llamado que le otorgará una entrevista con el Maestro. Esto únicamente se le conce-de a esos chelas dignos de confianza, de quienes se puede esperar la utilización del conocimiento sólo para las necesidades del trabajo; ninguna razón ni aflicción personal los impelería a utilizarlo. El chela es denominado en esta etapa "el discípulo dentro del aura".

6. La etapa en que puede atraer la atención del Maestro en cualquier momento. Se halla siempre en estrecho contacto. En esta etapa el chela es preparado definidamente para una iniciación inmediata, o habiendo recibido ya la iniciación, se le da trabajo especializado para hacerlo en colaboración con su... Esta etapa se describe como "el discípulo dentro del corazón de Su Maestro".

Existe una etapa posterior de identificación aún más íntima, donde se produce una mezcla de Luces, pero no hay términos adecuados para expresar el nombre. Las seis etapas mencionadas han sido parafraseadas para la comprensión occidental y en ningún sentido deben considerarse como traducción de palabras antiguas.

Éstas son algunas de las enseñanzas que conciernen a los discípulos y su reconocimiento, y es de valor que los aspirantes reflexionen sobre ellas. Se ha de comprender que aunque el buen carácter, la elevada ética, la sana moral y la aspiración espiritual, son requisitos básicos inalterables, sin embargo, es necesario al-go más para adquirir el derecho de entrar en el ashrama del Maestro.

Haber adquirido el privilegio de ser, una avanzada de la con-ciencia del Maestro, requiere altruismo y la entrega de sí mismo, para lo cual pocas personas están preparadas; el hecho de ser atraído dentro de Su aura, de manera de formar parte integrante del aura grupal, presupone una pureza que pocos pueden cultivar; poder escuchar al Maestro y merecer el derecho de ponerse en contacto con Él a voluntad, requiere sensibilidad y fi-na discriminación, y pocos están dispuestos a pagar el precio. No obstante hay una puerta abierta de par en par para todos los que quieran llegar, y ningún alma dedicada y sincera que llene todos estos requisitos será rechazada.

No existe ninguna duda, en la actualidad, de que quienes han avanzado algo en la evolución, están acelerando esa evolución como no ha sucedido hasta ahora en la historia del mundo. La crisis es tan grave y la necesidad tan grande, que quienes están en condiciones de entrar en contacto con el aspecto interno de la vida, aunque sientan levemente las vibraciones de los discípulos más avanzados y de los Hermanos Mayores de la raza y puedan hacer descender los ideales, tal como son conocidos en los planos superiores, son entrenados cuidadosa, ardua y enérgi-camente. Es necesario que sean capaces de actuar exacta y ade-cuadamente como transmisores e intérpretes.

Quisiera señalar ciertos factores y métodos que deben tener-se presentes en conexión con los escritos inspirados y la mediumnidad, y con la redacción de esos libros como La Doctrina Secreta, las Escrituras del mundo y esas obras dictadas que afectan poderosamente el pensar de la raza. La interpretación del proceso depende de muchas causas; la categoría de los escritores puede ser sobrestimada o no apreciada suficientemente; los términos empleados por el transmisor dependen de su cultura y pueden también ser incorrectos o dar lugar a malas interpretaciones. Por lo tanto, es necesario tener alguna comprensión del proceso.

Algunos transmisores trabajan totalmente en niveles astrales, y su trabajo es necesariamente parte de la gran ilusión. Son médium inconscientes e incapaces de comprobar la fuente de donde proceden las enseñanzas; cuando aseguran conocer esa fuente, con frecuencia están equivocados. Algunos reciben en-señanzas de entidades desencarnadas, no muy evolucionadas y a menudo de inferior evolución a la de ellos mismos. Otros ex-traen simplemente el contenido de su propia subconsciencia, y constituyen las hermosas trivialidades revestidas de la fraseo-logía cristiana y matizadas por los escritos místicos del pasado, muy conocidos por los discípulos que trabajan conscientemente en el plano físico.

Otros trabajan sólo en niveles mentales, aprendiendo, por medio de la telepatía, lo que los Hermanos Mayores de la raza y sus propias almas tienen que impartir. Extraen de las fuentes de conocimiento, lo acumulado en la conciencia egoica. Llegan a percibir los conocimientos acumulados en el cerebro de los dis-cípulos que pertenecen a su mismo rayo. Aún otros de ellos, siendo una avanzada de la conciencia del Maestro, llegan también a conocer Su pensamiento. Algunos utilizan, consciente o inconscientemente, diversos métodos. Cuando trabajan conscientemente, les es posible correlacionar las enseñanzas dadas, y de acuerdo a la Ley de Correspondencia o Analogía, mediante el uso de símbolos (que perciben por la clarividencia mental) verifican la exactitud de esas enseñanzas. Los que trabajan inconscientemente (no me refiero a los psíquicos astrales) pueden tener confianza y aplicar la discriminación, hasta que hayan evolucionado más. No deben aceptar nada que contradiga los hechos impartidos por los grandes Mensajeros de la Logia, y en cambio estar dispuestos a agregar al cúmulo de conocimientos que poseen, una estructura de mayor amplitud.

Cada generación deberá tener sus videntes. Ver es conocer. La falla de todos ustedes es que no ven; perciben un ángulo, un punto de vista, un aspecto parcial de la gran trama de la verdad, pero todo lo que subyace detrás, está oculto para la visión tri-dimensional. Los que quieran actuar como verdaderos transmisores e intermediarios entre los Conocedores de la raza y los "pequeños seres”, deben mantener sus ojos en el horizonte y tratar así de ampliar su visión; sostener firmemente esa com-prensión interna que ya poseen y tratar de aumentar su alcance; aferrarse a la verdad de que todas las cosas están orientadas ha-cia la revelación, y que la forma no tiene ninguna importancia. Deben tratar preeminentemente de ser instrumentos de confian-za, inmutable ante las tormentas pasajeras. Han de procurar no sentirse deprimidos ni desalentados, no importa lo que ocurra; tener un agudo sentido de proporción, sano juicio en todas las cosas, vida moderada, un cuerpo físico disciplinado y una devoción íntegra hacia la humanidad. Allí donde estén presentes estas cualidades, los Maestros podrán empezar a utilizar esos trabajadores que ya tienen destinados; cuando ellos no existen, hay que buscar otros instrumentos.

Algunas personas aprenden durante la noche y traen con regularidad a la conciencia de su cerebro físico los hechos que necesitan saber y las enseñanzas que deben trasmitir. Se prue-ban muchos métodos adecuados a la naturaleza del aspirante o chela. Algunos poseen cerebros que actúan telepáticamente co-mo transmisores. Me refiero a métodos más seguros y poco comunes, que emplean el vehículo mental como intermediario entre el alma y el cerebro, o entre el instructor y el discípulo. Los métodos de comunicación en el plano astral, tales como el ta-blero ouija, el lápiz plancheta, la escritura automática, la voz directa y las afirmaciones hechas por el médium, temporalmente obsesionado, no son utilizados por los chelas, aunque a veces re-sulte útil emplear la voz. Los métodos mentales superiores son más avanzados y seguros, aunque no tan comunes.

Los verdaderos transmisores de los niveles egoicos superiores al plano físico, proceden de alguna de las maneras siguientes:

1. Escriben con conocimiento personal y, por lo tanto, utilizan sus mentes concretas en la tarea de expresar ese conocimiento en términos que revelarán la verdad a los que tengan ojos para ver, aunque oculten lo que puede ser peligroso para los curiosos y los ciegos. Esta tarea es difícil porque la mente concreta expresa lo abstracto en forma muy inadecuada, y en el afán de expresar la verdad en palabras, se pierde el verdadero significado.

2. Escriben porque están inspirados. Debido a su equipo fí-sico, pureza de vida, sinceridad de propósito, devoción a la hu-manidad y karma a agotar como servicio en sí, han desarrollado la capacidad de hacer contacto con las fuentes superiores, de las cuales fluye la verdad pura o simbólica. Pueden extraer de las corrientes de pensamientos movilizadas por ese gran grupo de Contempladores –denominados Nirmanakayas— o de esas corrientes mentales definidas y especializadas, iniciadas por uno de los miembros del grupo de instructores. Sus cerebros, que son receptivos transmisores, les permiten trasladar al papel los pensamientos captados; la exactitud de la transmisión depende de la receptividad del instrumento (es decir, la mente y el cerebro) del transmisor. En dichos casos, la formulación de palabras y frases se dejan libradas por lo general al criterio del escritor. Por lo tanto, la propiedad en la utilización de los términos y la corrección de la fraseología, dependen de su equipo mental, su educación, la extensión de su vocabulario y su capacidad inherente de comprender la naturaleza y la cualidad de los pensamientos e ideas impartidos.

3. Escriben, porque han desarrollado el oído interno. Su tra-bajo es en gran parte taquigráfico, aunque depende también de su grado de desarrollo y educación. Cierto desarrollo definido de los centros, conjuntamente con la disponibilidad kármica, cons-tituye la base de la elección del instructor en los planos más sutiles, que trata de impartir una instrucción definida y una línea especializada de pensamiento. Por consiguiente, la respon-sabilidad respecto a la exactitud, corresponde tanto al que imparte las enseñanzas como al agente transmisor. El agente del plano físico tiene que ser cuidadosamente seleccionado, pues la exactitud de la información dada, según es expresada en el plano físico, dependerá de su voluntad para ser utilizado, de su polarización mental y positiva y de su liberación del astralismo. A esto habrá que agregar que cuanto más instruido, más amplio será su campo de conocimiento y el alcance del interés mundial, y más fácil será para el instructor en el aspecto interno, presentar, por su intermedio, los conocimientos a impartir. La información dictada puede ser a menudo completamente extraña al receptor. Debe tener cierto grado de instrucción y convertirse en un profundo buscador de la verdad, antes de ser elegido como receptor de enseñanzas destinadas al público en general o para uso esotérico. Ante todo debe haber aprendido, por la meditación, a enfocarse en el plano mental. En la similitud de vibraciones e intereses, reside la clave de la elección de un transmisor. Observen lo que digo: similitud de vibración e intereses, y no igualdad de vibración e intereses.

Esta forma de trabajo podría ser dividida en tres métodos: Primero, tenemos la clariaudiencia superior que habla directa-mente de mente a mente. Esto no es exactamente telepatía, sino una forma directa de oír. El instructor habla al discípulo de per-sona a persona. En consecuencia se entabla una conversación totalmente en niveles mentales con las facultades superiores como punto de enfoque. Involucra el uso de los centros de la cabeza, y ambos deben ser vivificados antes de poder emplear este método. En el cuerpo astral los centros que corresponden al físico deben despertarse antes de ser posible el psiquismo astral. La tarea a que me refiero, involucra una correspondiente vivifica-ción de la contraparte del cuerpo mental.

Segundo, tenemos la comunicación telepática. Constituye el registro, en la conciencia del cerebro físico, de la información impartida:

a. Directamente de Maestro a discípulo; de discípulo a dis-cípulo; de estudiante a estudiante.

b. De Maestro o discípulo, al ego, y de allí a la personalidad, mediante los subplanos atómicos. Observarán, por lo tanto, que únicamente aquellos en cuyos cuerpos se encuentra materia del subplano atómico, pueden trabajar en esta forma. La seguridad y la exactitud subyacen en esta facultad.

c. De ego a ego mediante el cuerpo causal, y trasmitida di-rectamente de acuerdo al método anterior, o acumulada para ac-tuar gradualmente y cuando sea necesario.

Tercero, tenemos la inspiración. Implica otro aspecto de desarrollo. La inspiración es análoga a la mediumnidad, pero to-talmente egoica. Utiliza la mente como medio para trasmitir al cerebro lo que el alma sabe. La mediumnidad describe general-mente el proceso cuando está confinado totalmente en los nive-les astrales. En el plano egoico esto implica la inspiración. Re-flexionen sobre esta definición porque explica mucho. La mediumnidad es peligrosa. ¿Por qué lo es? Porque aún no está implicado el cuerpo mental y el alma no controla. El médium es un instrumento inconsciente. No es el factor controlador, sino que está controlado. También a menudo las entidades desencarnadas que emplean este método de comunicación, utilizando el cerebro o el órgano de la voz del médium, son poco evolucionadas e incapaces de emplear los métodos del plano mental.

Muchas personas combinan el método de inspiración con el de recibir instrucciones en distintos campos y, cuando esto su-cede, existe una gran exactitud en la transmisión. En ocasiones, como en el caso de H.P.B., se combina el profundo conocimiento, la capacidad de ser inspirado y la clariaudiencia mental. En este caso se posee un instrumento raro y útil, para ayudar a la humanidad.

La inspiración se origina en los niveles superiores; supone un grado de evolución muy elevado, porque implica la conciencia egoica y requiere el empleo de sustancia atómica, abriendo un amplio campo de comunicadores. Significa seguridad. Debe recordarse que el alma siempre es buena; le podrá faltar cono-cimientos en los tres mundos y en este sentido ser deficiente, pe-ro no alberga ningún mal; la inspiración es segura, en cambio debe evitarse siempre la mediumnidad. La inspiración podría im-plicar la telepatía, porque la persona inspiradora puede hacer tres cosas:

a. Utilizar el cerebro de quien ha sido designado como canal, vertiendo pensamientos en él.

b. Ocupar el cuerpo de su discípulo, retirándose este último conscientemente a sus cuerpos sutiles, entregando su cuerpo físico.

c. Producir, finalmente, una fusión temporaria, si puede de-nominarse así -un intercambio donde el utilizador y el utilizado, alternan o se complementan, según sea necesario, a fin de cum-plir el trabajo asignado. No puedo explicar esto con mayor cla-ridad.

4. Escriben lo que ven. Este método no es de orden muy elevado. Observarán que en el primer caso tenemos sabiduría o disponibilidad, en los niveles búdicos o intuitivos; en el segundo tenemos la transmisión desde el cuerpo causal en los niveles mentales superiores; en el tercero tenemos suficiente desarrollo para que el aspirante pueda recibir al dictado; en el cuarto tenemos la capacidad de leer en la luz astral, pero fre-cuentemente no hay capacidad para diferenciar entre lo que fue, lo que es y lo que será. Por lo tanto, hay ilusión e inexactitud. Sin embargo, este método se usa algunas veces pero -si no es utilizado directamente bajo el estímulo aplicado por un Maestro - puede ser muy engañoso, como también lo es su corolario, la clariaudiencia astral. Es el método de la clarividencia mental, y requiere una mente entrenada e interpretadora, y en verdad esto es muy raro de encontrar.

En todos los casos que he citado pueden aparecer errores de-bido a las limitaciones físicas y al obstáculo que ofrecen las pa-labras, pero en el caso de quienes escriben con conocimiento personal, los errores en la expresión no tendrán ninguna importancia, mientras que en los casos segundo y tercero, los errores dependerán del grado de evolución del agente transmisor. Sin embargo, si une la inteligencia, la devoción y el servicio, con su capacidad de recibir y oír, corregirá rápidamente los errores y aumentará su comprensión.

Más adelante se emplearán dos métodos nuevos que facili-tarán la transmisión de la verdad desde el plano interno al ex-terno. La escritura precipitada será dada a aquéllos en quienes se puede confiar, pero no ha llegado aún el momento de gene-ralizar su empleo. Será necesario esperar hasta que el trabajo de las escuelas esotéricas haya alcanzado un desarrollo más definido. Las condiciones aún no son apropiadas, pero se le urge a la humanidad a estar dispuesta y con mente abierta para este desarrollo. Más adelante adquirirá poder de materializar las formas mentales. Encarnarán personas que tendrán temporariamente la capacidad de crear y vitalizar dichas formas mentales, lo cual permitirá que el público las vea. Sin embargo, no ha llegado aún el momento. Existe demasiado temor y no se ha experimentado suficientemente la verdad en el mundo. Es necesario adquirir mayores conocimientos respecto a la naturaleza del pensamiento y de la materia; esto debe ser seguido en forma experimental por esas personas de mente aguda y entrenada, de alto grado de vibración y de cuerpos construidos con materia muy refinada. Para lograrlo será necesario disciplina, dolor, autoabnegación y abstinencia. Procuren hacerlo. El grupo de Instructores con quienes pueden estar en contacto los aspirantes comunes y los discípulos en probación, en el plano mental, son hombres de pasiones similares, pero con mayor experiencia en el sendero y un auto-control más sabio de sí mismos. No trabajan con aspirantes por sentir afecto personal, sino porque la necesidad es tan grande que buscan a quienes puedan ser entrenados. La actitud mental requerida es rápida captación, habilidad de registrarlo y no dudar hasta tener mayor conocimiento. Luego se le urge al aspirante a dudar de todo. Les recordaré las palabras de un Instructor que dijo: "Somos hombres sensatos y equilibrados que instruimos, así como enseñábamos en la tierra, no adulando a nuestros estudiantes, sino disciplinándolos. Los conducimos sin forzar ni nutrir sus ambiciones con promesas de poder, sino impartiéndoles información e induciéndoles a utilizarla en su trabajo, sabiendo que el correcto uso del conocimiento lleva a la experiencia y a la realización de la meta".

¡Cuántas veces se encuentra un estudiante más preocupado en el Maestro y lo que Éste hará, que en su propio trabajo! Sin embargo adaptarse al servicio y capacitarse para colaborar útil-mente, son o debieran ser sus principales preocupaciones.

Interesa más la investigación respecto al Maestro que las cualidades necesarias para el discipulado. Lo que se sabe respecto a los adeptos interesa más que la constante investigación sobre las limitaciones e incapacidades, cosa que debería ocupar la atención del aspirante. Es más fácil despertar la curiosidad acerca de las costumbres y los métodos de determinados Maestros para manejar a los discípulos, que aplicar pacientemente hábitos correctos y métodos de trabajo en la vida del pseudo discípulo. Todas estas cuestiones son de orden secundario y sólo dificultan y limitan, y una de las primeras cosas que se aconseja, a quien quiera entrar en comunicación con los Maestros, es apartar su atención de todo lo que no le concierne y enfocarla en los pasos y etapas necesarios que debe expresar en su vida y suprimir esos momentos perdidos, estados de ánimo y períodos mentales que frecuentemente ocupan la mayor parte de su vida mental.

Cuando un Maestro desea encontrar a quienes están capaci-tados para recibir instrucción y enseñanza, busca ante todo tres cosas. Si éstas no existen, será inútil toda devoción, aspiración, pureza y formas de vida. Es esencial que todos los aspirantes comprendan estos tres factores y eviten sufrimiento mental y pérdida de energía.

1. El Maestro busca la luz en la cabeza.

2. Investiga el karma del aspirante.

3. Observa su servicio en el mundo.

Si no hay indicios en el hombre de que es, denominado eso-téricamente, "una lámpara encendida", será inútil que el Maestro pierda Su tiempo. Cuando la luz en la cabeza está presente, indica:

a. El funcionamiento mayor o menor de la glándula pineal, que (como bien se sabe) es el asiento del alma y el órgano de la percepción espiritual. En esta glándula tienen lugar los primeros cambios fisiológicos incidentales al contacto con el alma, lo cual se logra mediante el trabajo definido de meditación, el control mental y la afluencia de fuerza espiritual.

b. El alineamiento del hombre con su ego –alma o yo superior en el plano físico— en el plano mental, más la subordinación de la vida y naturaleza del plano físico a la impresión y el control del alma. Esto está muy bien explicado en los primeros tres capítulos del libro Cartas sobre Meditación Ocultista y debe ser estudiado por los aspirantes.

c. El descenso de fuerza mediante el sutratma, cordón o hilo magnético, desde el alma al cerebro, a través del cuerpo mental. Todo el secreto de la visión espiritual, correcta percepción y contacto, consiste en una debida comprensión de la afirmación anterior y, por lo tanto, los Aforismos de Yoga de Patanjali es siempre el libro de texto de los discípulos, iniciados y adeptos, porque allí se encuentran esas reglas y métodos que ponen a la mente bajo control, estabilizan el cuerpo astral y desarrollan y refuerzan el hilo del alma, a fin de poder ser un verdadero canal de comunicación entre el hombre y su ego. La luz de la iluminación desciende a la cavidad del cerebro y hace objetivas tres esferas de conocimiento. A menudo esto se olvida, y de allí proviene la indebida aflicción y las interpretaciones prematuras del discípulo probacionista parcialmente iluminado.

La luz pone de relieve primeramente, y lleva al primer plano de la conciencia esas formas mentales y entidades que repre-sentan la vida inferior, y que (en su conjunto) constituyen el Morador en el Umbral.

Así el aspirante se da cuenta, ante todo, de lo indeseable, de su falta de mérito y de sus limitaciones e irrumpen en su visión los componentes malsanos de su aura. La oscuridad interna se intensifica por la luz que brilla débilmente desde el centro de su ser, y con frecuencia se desespera y desciende a las profundi-dades de la depresión. Todos los místicos atestiguan esto, y este período debe ser vivido hasta que la luz pura del día despeje to-das las sombras y la oscuridad; así poco a poco la vida se ilu-mina y brilla hasta que el sol en la cabeza fulgura en toda su gloria.

d. Finalmente, la luz en la cabeza indica haber descubierto el sendero, y al hombre sólo le queda estudiar y comprender la técnica por la cual la luz se centraliza, intensifica, penetra, hasta que oportunamente se convierte en esa línea magnética (parecida al hilo de la araña) que puede ser seguida retroactivamente hasta llegar al origen de la manifestación inferior y penetrar en la conciencia del alma. El lenguaje empleado es simbólico, aunque vitalmente exacto, pero está expresado así a fin de impartir información a los que saben y proteger a los que aún no saben.

"El sendero del justo es como una luz brillante" y, sin em-bargo, al mismo tiempo el hombre debe convertirse en el sen-dero mismo. Penetra en la luz, se convierte en luz, y actúa como lámpara encendida en un lugar oscuro, llevando iluminación a otros e iluminando el camino ante ellos .

Como próximo punto, un Maestro debe considerar si ello es o no kármicamente posible, antes de admitir a un hombre en Su grupo, o si existen en su archivo esas condiciones que en esta vida le impiden ser admitido.

Tres factores principales deben ser considerados por sepa-rado y en relación entre sí.

Primero, ¿existen obligaciones kármicas en la vida actual del hombre, que lo imposibilitan para actuar como discípulo? A este respecto hay que tener muy en cuenta que un hombre puede llegar a ser discípulo y merecer la atención de un Maestro sólo cuando su vida vale algo en el mundo de los hombres, cuando ejerce influencia en su esfera y cuando moldea y actúa sobre las mentes y los corazones de otros hombres.

Si no es así, el Maestro pierde tiempo en ocuparse personal-mente de él, porque puede ser ayudado en forma apropiada, de otra manera, por ejemplo, podrá extraer mucho conocimiento de libros e instructores, que sólo es de carácter teórico y no prác-tico y adquirir mucha experiencia bajo la guía de su propio ego, el Maestro en su corazón. El hombre es un discípulo cuando puede ser utilizado para desarrollar el plan de la Jerarquía y también influido para materializar esos esfuerzos planificados que permitirán a la humanidad dar los pasos necesarios hacia adelante. Esto implica (en su vida en el plano físico), tiempo, re-flexión, circunstancias propicias y otras consideraciones, que posiblemente el hombre haya alcanzado la etapa, desde el punto de vista de su carácter, en que merece el reconocimiento de un Maestro y, sin embargo, tener obligaciones y deberes que cum-plir, que obstaculizarían su servicio activo en determinada vida. El maestro debe considerar esto como también lo hace el ego del hombre.

Actualmente, y con frecuencia, el resultado es que (tal vez inconscientemente para el cerebro físico) el hombre adquiere una gran experiencia y toma a su cargo una excesiva responsabilidad en una vida particular, con el objeto de liberarse para prestar servicio en una vida posterior y obtener el estado de chela. Trabaja a fin de equiparse para la próxima vida y se dedica a cumplir pacientemente sus deberes del hogar, del círculo de amigos y de sus negocios. Se da cuenta que desde el punto de vista egoico una vida es una cosa breve que pasa pronto, y que por medio del estudio, la actividad inteligente, el servicio amoroso y la paciencia, trascenderá esas condiciones que impiden ser aceptado en el grupo de un Maestro.

El Maestro también estudia la condición del cuerpo físico y de los cuerpos más sutiles de un aspirante, a fin de ver si en ellos existen estados de conciencia que traban su utilidad y actúan como obstáculos. Estas condiciones son también kármicas y deben ser ajustadas antes de poder ser admitido entre otros chelas. Un cuerpo físico enfermo, un cuerpo astral propenso a fluctuaciones, emociones e ilusiones psíquicas, y un cuerpo mental no controlado o mal equipado, resultan peligrosos para el estudiante si no son corregidos y perfeccionados. Un chela está sometido constantemente a la acción de las fuerzas que le llegan de tres fuentes principales,

1. su propio ego,
2. su Maestro,
3. el grupo de condiscípulos,

y si no es fuerte, ni está purificado y controlado, dichas fuerzas servirán para estimular sólo condiciones indeseables, fomentar lo que debe ser eliminado y traer a la superficie todas las flaque-zas ocultas. Ello debe efectuarse inevitablemente, pero mucho hay que hacer en este sentido antes de ser admitido en un grupo de discípulos, de lo contrario gran parte del valioso tiempo del Maestro deberá dedicarse a eliminar y anular los efectos de las reacciones violentas del chela sobre otros chelas del mismo gru-po. Es mejor esperar y trabajar uno mismo paulatina e inteli-gentemente, que forzar el camino hacia líneas de fuerza antes de estar preparado para manejar éstas y sus consecuencias.

El adepto debe considerar otro factor: la encarnación de esos chelas con quienes el hombre debe trabajar y están ligados kár-micamente a él por antiguos vínculos y familiarizados en un trabajo similar.

A veces es aconsejable esperar un poco antes de permitírsele salir del sendero físico, hasta llegar a esa vida en que sus com-pañeros de trabajo estén en cuerpo físico, sintonizados a su vi-bración y acostumbrados a trabajar con él, porque el ingreso al grupo de un Maestro depende del servicio que debe prestar y del trabajo específico que ha de realizar y no porque un hombre reciba un entrenamiento cultural que algún día lo convertirá en un adepto. Los chelas se entrenan a sí mismos, y cuando están preparados para cualquier trabajo son utilizados por un Maestro. Se desarrollan ellos mismos y efectúan su propia salvación, y a medida que dan un paso tras otro, su Maestro les transfiere cada vez mayor responsabilidad. Serán entrenados en la técnica del servicio y en la respuesta vibratoria al Plan, pero ellos deben aprender a controlarse y a capacitarse para el servicio.

Hay otros factores kármicos que debe considerar un Maestro, pero éstos son los tres principales y de mayor importancia que han de tener en cuenta los aspirantes. Están especificados de tal manera que ningún auténtico y sincero trabajador debe sentirse deprimido y desalentado, si no ha establecido un vínculo consciente con el Maestro ni ha percibido afiliación alguna con un grupo esotérico de chelas. Quizás no se deba a su incapaci-dad, sino simplemente a la elección de su ego de preparar en esta vida el camino para una acción futura, eliminar obstáculos en uno o en los tres cuerpos inferiores, o esperar el momento en que su aceptación sea más propicia.

El tercer factor que el Maestro busca es el del servicio, y re-ferente a ello el aspirante tiene muy poco que decir y probable-mente lo interprete mal. La ambición espiritual, el deseo de ac-tuar como dirigente de grupo, oírse hablar, enseñar, escribir o dar conferencias, son considerados erróneamente como servicio por el aspirante. Al Maestro no le interesa la fuerza o posición mundana del trabajador, ni la cantidad de personas que se reúnan alrededor de su personalidad, sino los móviles que impulsan su actividad y el efecto que su influencia ejerce sobre sus semejantes. El verdadero servicio es la emanación espontánea de un corazón amoroso y de una mente inteligente, el resultado de hallarse en el lugar correspondiente y permanecer en él; el producto de la inevitable afluencia de la fuerza espiritual y no de la intensa actividad en el plano físico; es el efecto del hombre cuando expresa lo que en realidad es, un divino Hijo de Dios, y no el efecto estudiado de sus palabras o actos. Un verdadero servidor reúne alrededor de él, a quienes es su deber servirlos y ayudarlos por medio de la fuerza de su vida y su personalidad espiritualizada, y no por sus pretensiones o aseveraciones orales. Sirve olvidándose de sí mismo, sigue su camino abnegadamente, no piensa en la magnitud o el fracaso de sus realizaciones, ni tiene ideas preconcebidas de su propio valor o utilidad. Vive, sirve, trabaja y ejerce influencia, sin pedir nada para el yo separado.

Cuando un Maestro percibe esta manifestación en la vida de un hombre, como resultado del despertar de la luz interna y el reajuste de sus obligaciones kármicas, entonces emite una nota y espera ver si el hombre reconoce su propia nota grupal. Al reconocerla, es admitido en su propio grupo de trabajadores y puede estar en presencia de un Maestro.


CORAZÓN, GARGANTA Y OJO

Cuando el aspirante haya asimilado los conocimientos aquí impartidos, llegará a una verdadera comprensión del real signifi-cado del corazón, la garganta y el ojo el objetivo de los Guías de la raza consiste en estimularlos para que entren en actividad funcionante en la actualidad. Por consiguiente, consideraremos:

1. Los centros cardíaco y laríngeo y el centro ajna, entre las cejas.

2. Su despertar y coordinación.

3. Cómo se utilizarán en el venidero ciclo mundial.

Este tema es de vital importancia para el aspirante moderno, porque el mecanismo del corazón, la garganta y el ojo –parte de la estructura interna que tiene que aprender a usar— debe ser dominado y utilizado conscientemente hasta poder realizar un trabajo creador. Al emplear las palabras "trabajo creador" hablo esotéricamente, y no me refiero al valioso trabajo realizado por los artistas del mundo en sus diversos campos de expresión. Para el vidente, sus esfuerzos indican inquietud y coordinación interna, y una actividad que conduce a un verdadero esfuerzo esotérico y a un trabajo creador en los planos más sutiles.

Se supone que el estudiante posee un conocimiento elemental del cuerpo vital y de sus centros de fuerza, y también que estos siete centros o lotos, tienen teóricamente ubicación en su imagi-nación. Empleo el término imaginación premeditadamente, pues hasta no haber conocimiento y clara visión, la presunción imaginativa es un factor potente para producir la actividad de los centros.

Para mayor claridad, enumeraremos dichos lotos, indicando el número de sus pétalos y ubicación. Sus colores son de poca importancia por el momento, desde el punto de vista del estu-diante, porque mucho de lo que se ha dado a conocer es erróneo o sirvió de pantalla, y en todos los casos los colores esotéricos son muy distintos de los exotéricos:

1. La base de la columna vertebral ............. 4 pétalos.

2. El centro sacro ............. 6 pétalos

3. El centro plexo solar ...........10 pétalos.

Diafragma

4. El centro cardíaco . ...........12 pétalos.

5. El centro laríngeo ..................................... ..16 pétalos.

6. El centro ajna .............2 pétalos.

7. El centro coronario ........1000 pétalos.

El estudiante debe recordar dos hechos importantes que pue-den ser considerados elementales, pero que deben realizarse en forma consciente y llegar a ser parte del propósito específico en el entrenamiento del aspirante. Es fácil generalizar, pero difícil darse cuenta. Es muy fácil comprender los datos intelectuales informativos respecto a los centros de fuerza pero muy difícil lograr el reordenamiento de las fuerzas que fluyen a través de estos vórtices, y aprender a actuar conscientemente por medio de los centros superiores, subordinando los inferiores. Esto debe llevarse a cabo sin acentuar el aspecto forma, como se hace en la mayoría de las prácticas utilizadas en la vitalización de los centros. Los dos hechos de importancia son:

1. Los tres centros abajo del diafragma,

a. la base de la columna vertebral,
b. el centro sacro,
c. el centro plexo solar,

que son, en la actualidad, los más potentes en la humanidad co-mún, y también los de mayor "vitalidad"; requieren ser reorgani-zados, reorientados y llevados de un estado positivo a otro ne-gativo.

En forma similar, los, cuatro centros arriba del diafragma,

a. el centro cardíaco,
b. el centro laríngeo,
c. el centro ajna,
d. el centro coronario,

deben ser respetados y conducidos de un estado negativo a otro positivo.

Esto hay que efectuarlo en dos formas. Primero, transfiriendo a los centros superiores la energía positiva de los centros infe-riores y, segundo, despertando el centro coronario mediante la actividad de la voluntad. El primer efecto se produce mediante la formación del carácter y la purificación de los cuerpos, a medida que el alma los utiliza en los tres mundos. El segundo es el resultado de la meditación y el desarrollo del propósito organi-zado, impuesto por la voluntad en la vida diaria. La formación del carácter, la pureza de vida, las reacciones emotivas controladas y el correcto pensar, son puerilidades conocidas en todos los sis-temas religiosos, las cuales han perdido valor debido a que nos hemos familiarizado con ellas. No es fácil recordar que a medida que vivimos con pureza y rectitud, estamos en realidad trabajando con fuerzas, subyugando energías para nuestras necesidades, subordinando las vidas elementales a los requisitos de la existencia espiritual y poniendo en actividad un mecanismo y estructura vital que hasta ahora sólo había permanecido en estado latente y pasivo. Sin embargo, no deja de ser una verdad que, cuando las energías latentes en la base de la columna vertebral son conducidas a la cabeza y llevadas (a través del plexo solar, lugar de distribución de energía y de la médula oblongada) al centro entre las cejas, entonces la personalidad, el aspecto materia, alcanza su apoteosis y la Virgen María –en el sentido individual, analogía finita de una Realidad infinita— es “conducida al Cielo" para sentarse allí al lado de su hijo, el Cristo, el alma.

Cuando las energías del centro sacro, enfocadas hasta ahora en el trabajo de creación y generación física, y por lo tanto origen del interés y la vida sexual, son sublimadas, reorientadas y ascendidas al centro laríngeo, entonces el aspirante se convierte en una fuerza consciente y creadora en los mundos superiores; traspasa el velo, y empieza a crear el canon de las cosas que, oportunamente, traerán el nuevo cielo y la nueva tierra.

Cuando las energías del plexo solar –hasta ahora expresión de la potente naturaleza de deseos, que nutre la vida emocional, de la personalidad— son también trasmutadas y reorientadas y después conducidas al centro cardíaco, se obtiene como resultado, la comprensión de la conciencia, el amor y el propósito grupales, que hacen del aspirante un servidor de la humanidad y un asociado de los Hermanos Mayores de la raza.

Consumadas estas tres trasferencias, se produce entonces ac-tividad en el centro coronario, último factor regidor, y por un acto de la voluntad de la regente alma inmanente tienen lugar ciertos acontecimientos que consideraremos más adelante.

2. El segundo hecho a tener presente es que a medida que, ocurren estos cambios y reorientaciones, el discípulo empieza a despertar psicológicamente a nuevos estados de conciencia, a nuevos estados de existencia y a nuevos estados del ser. Por lo tanto, es evidente la necesidad de proceder con lentitud en estas cosas, de modo que la captación mental y la capacidad de razonar lógica y sensatamente puedan ir a la par del desarrollo de la intuición y de la percepción espiritual. Muchas escuelas tratan de forzar y desarrollar prematuramente las facultades superiores, y conducen al aspirante (si puedo expresarlo en lenguaje místico) directamente del reino de los sentimientos y del deseo al de la intuición, pero dejando las facultades intelectuales y el mecanismo mental sin desarrollo y en estado latente. Cuando así ocurre –hablando nuevamente en forma mística— se produce un vacío o brecha, en una parte del equipo que el alma debe forzosamente utilizar en los tres mundos de su esfuerzo. La mente interpretadora, organizadora y comprensiva, no puede desempeñar su parte. Cuando falta comprensión y capacidad mental, hay peligro de incomprensión, de credulidad y de interpretación errónea de los fenómenos correspondientes a otros estados del ser. Faltará el sentido de los valores, se sobrestimarán las cosas no esenciales y no será captado el valor de las realidades espirituales.

En estos casos la energía puede fluir hacia los centros de fuerza, pero como no hay una inteligencia que la dirija quedará sin control, por eso tenemos esos tristes casos de que está sem-brado el camino del esfuerzo esotérico, que han desacreditado el trabajo de la Logia –casos de personalidades sobrestimadas, de-votos supersticiosos, crédulos seguidores de los dirigentes, desequilibrados idealistas, fanáticos y esas mentes retorcidas que se arrogan poderes que no les pertenecen. Los hombres y mujeres son arrastrados por el astralismo y vagan en el valle de la ilusión, considerándose distintos de los demás, situándose en un pedestal y por encima de la humanidad común. Así caen conscientemente en el pecado de la separatividad. Agréguese a lo anterior los casos de perversión sexual, producidos por el superestímulo del centro sacro, los casos de neurosis, supersensibilidad, emocionalismo, ocasionados por la vitalización prematura del centro plexo solar y, por último, los casos de insania, producidos por el excesivo estímulo de las células cerebrales, debido a la práctica ignorante de la meditación; según lo expuesto se hace cada vez más clara la razón por la cual se considera necesario actuar con lentitud y desarrollar los procesos mentales a la par de la naturaleza espiritual.

El estudiante común empieza sabiendo que posee centros y anhela la pureza de carácter. Quienes saben le aseguran que a. medida que se esfuerce, medita, estudia y sirve, se producirán en él ciertos cambios internos y surgirá, desde las profundidades de su ser, un despertar dinámico; se le dice que después le seguirá una exhalación, vibración y vitalización, que harán destacar su vida subjetiva espiritual. Esta vida subjetiva se expresa como energía espiritual mediante el cuerpo de energía o cuerpo vital; la energía así expresada cambiará el enfoque e interés de su vida y producirá un efecto dinámico y magnético que atraerá y elevará a la humanidad. Esta energía es de naturaleza séptuple y utiliza, como agentes, siete puntos focales en el cuerpo etérico.

No es posible para el aspirante, en las primeras etapas del sendero del discipulado, trabajar con los siete tipos de energía en forma inteligente y utilizarlos. Para los propósitos de entrena-miento se acentúan sólo tres de ellos, que son:

1. La energía de la voluntad, fuerza o poder, a través del centro coronario, energía del hombre espiritual, proveniente directamente de la mónada, por conducto del alma. Sin embargo, hasta la tercera iniciación el discípulo necesita comprender únicamente que el aspecto voluntad del alma debería controlar la personalidad vía el cuerpo mental, hasta el centro coronario. Cuando esto sucede, el loto de mil pétalos comienza a funcionar. La línea de esta corriente de fuerza es:

Mónada

Atma. Voluntad espiritual.
El círculo interno de pétalos en el loto egoico. Los pétalos de la voluntad.
El cuerpo mental.
El centro coronario en el cuerpo etérico.
El sistema nervioso y el cerebro.

2. La energía de amor sabiduría, a través del centro cardíaco. Cuando este centro se despierta, conduce a esa expansión de conciencia que inicia al hombre en su vida grupal. Pierde la sen-sación de separatividad y, finalmente, emerge a la plena luz de la comprensión –comprensión de la unidad con su propio Dios inmanente, con toda la humanidad, con las almas de todas las formas de la naturaleza y así también con la superalma. Esta co-rriente de fuerza proviene también de la mónada, por intermedio del alma, y su línea es:

Mónada

Budi. Amor espiritual. Intuición.
El segundo círculo de pétalos en el loto egoico, los pétalos del amor.
El cuerpo astral.
El centro cardíaco.
La corriente sanguínea.

En el hombre poco evolucionado, esta corriente de fuerza pasa a través del centro cardíaco directamente al plexo solar, y utiliza sus dos aspectos de vida vital y cualidad del alma; uno ener-getizando la corriente sanguínea y el otro despertando el centro plexo solar. Entonces se convierte en el factor dominante en la vida energética del hombre y en la fuerza por la cual se expresa su naturaleza de deseo, hasta el momento en que el aspirante logra la necesaria transmutación y reorientación de su naturaleza emocional y de deseo. Luego el corazón despierta y entra en actividad, y la vida del centro plexo solar se subordina a la del corazón. Esto se logra desarrollando interés por las cosas grupales, cultivando la inclusividad, y perdiendo constante interés por la personalidad y las cosas separativas y egoístas.

3. La energía de la inteligencia activa, o energía que anima al aspecto forma, creando formas de acuerdo a los propósitos subjetivos de la inteligencia que la preside -Dios u hombre, divino o humano. Esto también procede del tercer aspacto de la ménacla, siendo la línea de contacto:

Mónada

Manas. Inteligencia espiritual. Mente superior.
La tercera hilera o externa de pétalos del loto egoico, los pétalos del conocimiento.
El cuerpo etérico en su totalidad, penetrando en el cuerpo físico denso.
El centro laríngeo.
Las células del cuerpo.

En el hombre poco evolucionado, como en el caso del segundo aspecto y su desarrollo, la energía pasa simplemente por el centro laríngeo y va directamente al centro sacro, poniendo así en actividad los procesos generadores y las facultades creadoras, utilizados en la tarea reproductora y en la vida sexual de la raza.

Éste es un delineamiento amplio y general de las tres co-rrientes principales de fuerza o energía divina, y su dirección.

No consideraremos aquí la relación existente entre el centro coronario y la base de la columna vertebral, donde yace el fuego latente, ni tampoco trataremos la función del centro plexo solar como centro de distribución de las energías inferiores. Ansío que los estudiantes comprendan simplemente la idea general y la estructura de la enseñanza.

Todo ser humano encuentra con el tiempo su camino de re-greso al Sendero de Retorno, hacia uno de los tres rayos mayo-res. Todos tienen que expresar finalmente la facultad creadora inteligente, estar animados por el amor divino y poner en función activa la Voluntad, a medida que expresa el propósito y plan divinos.

El primer centro que el aspirante trata conscientemente de energetizar es el cardíaco, y en él se concentra durante las primeras etapas del noviciado. Debe aprender a ser consciente del grupo, sensible a los ideales del mismo e incluyente en sus planes y conceptos; tiene que aprender a amar en forma pura y general; no debe ser impelido por la atracción de la personalidad ni por el móvil de la recompensa. Hasta no producirse este des-pertar en el corazón, no se le puede confiar el manejo de los poderes creadores del centro laríngeo, porque estarían subordi-nados al autoengrandecimiento y a ambiciones de distintos tipos.

Se ha de observar que ninguno de estos desenvolvimientos pueden encararse desde el punto de vista de la plena pasividad estática, ni desde el ángulo de una empresa completamente nue-va. Estamos en proceso de evolución. Ciertos aspectos de nues-tros centros de fuerza ya están despiertos y actúan en relación con el aspecto forma, pero aún no expresan las cualidades del alma. Tenemos detrás nuestro un pasado largo y fructífero. Nin-guno de nosotros es absolutamente egoísta o separatista. La so-ciedad humana es ahora cohesiva e interdependiente. Toda la humanidad ya ha hecho mucho para poner en actividad parcial el centro cardíaco, y despertar algunos de los aspectos más im-portantes del centro laríngeo.

En la actualidad, el problema de muchos aspirantes radica en el plexo solar, porque se ha abierto de par en par, funciona en forma activa y está casi totalmente despierto. El trabajo de transmutación continúa sin embargo simultáneamente y trae, co-mo es de imaginar, grandes dificultades y condiciones caóticas. El centro cardíaco también empieza a vibrar, pero todavía no ha despertado; el centro laríngeo, con frecuencia, se despierta prematuramente por la trasferencia de energía desde el centro sacro. Ello se debe a varias causas veces a un propósito e in-tención espirituales, pero muy a menudo a la abstención de la vida sexual normal, debido a factores económicos o a la falta de vitalidad física que predispone al celibato. Esta falta de fuerza vital se debe, a su vez, a muchos factores, pero principalmente a una larga herencia, que produce degeneración del cuerpo físico, o al celibato obligado en vidas anteriores; esto con harta fre-cuencia es el resultado de una vida monástica y mística. Cuando este despertar creador encuentra expresión en cualquiera de las artes –literatura, pintura, música— o en la organización grupal y trabajo administrativo, no produce ningún daño, porque la ener-gía encuentra una salida creadora normal. Estos puntos deben ser recordados por el aspirante, pues enfrenta un problema muy complejo; entra ciegamente en una situación, resultado de un lar-go proceso evolutivo, sobre la cual no tiene la clave. Esto sucede especialmente en las primeras etapas y antes de la primera ini-ciación, porque ignora la historia del pasado y no tiene previsión alguna respecto al futuro. Debe utilizar su equipo y oportunidad y hacer lo que puede, guiado por las antiguas reglas de Raja Yoga y por la luz de su propia alma.

A medida que van despertando el centro cardíaco y el larín-geo, inicia el trabajo creador, se establece una relación definida y una interacción de energía entre ambos. Esta actividad a su vez produce respuesta de ese aspecto del loto de mil pétalos (loto sintético) a través del cual pasa normalmente la energía que ani-ma los centros cardíaco y laríngeo. Tal interacción y actividad responsiva produce dos resultados, que deben ser cuidadosamente observados:

Primero, aparece la luz en la cabeza. Un chispazo, si puedo expresarlo así, se establece entre la influyente energía superior positiva, cuando se centraliza en forma de loto de mil pétalos y la creciente vibración de los lotos o centros, cardíaco y laríngeo. Estos dos centros a su vez responden a las energías que ascienden desde los centros inferiores situados abajo del diafragma.

Segundo, el centro ajna también empieza a hacer sentir su presencia, y este significativo loto de dos pétalos comienza a vi-brar. Simboliza el trabajo de unificación del alma y el cuerpo, lo subjetivo y lo objetivo. En algunos libros ocultistas se lo llama el loto de los noventa y seis pétalos, pero es sólo una diferencia-ción de las energías enfocadas en los dos pétalos. Se observará que el total de los pétalos de fuerza en los centros (excluyendo los dos de la cabeza) suman cuarenta y ocho. Estas energías en sus dos aspectos de energía física vital y cualidad del alma, constituyen los noventa y seis aspectos o vibraciones, de los dos pétalos del ajna o centro entre las cejas. Debe recordarse también que la palabra "pétalo" sólo simboliza una expresión de fuerza y su efecto aparente en la materia.

Los cinco centros con sus cuarenta y ocho pétalos se sinteti-zan en el loto de dos pétalos; tenemos así cuarenta y ocho más dos, igual a cincuenta, el número de la personalidad perfecta, porque cinco es el número del hombre y diez es el de la perfec-ción. Si a la suma total de los cuarenta y ocho pétalos de los cin-co centros se agrega simbólicamente los noventa y seis pétalos del centro entre las cejas, tendremos el número ciento cuarenta y cuatro. Este número significa el trabajo completo de las doce Jerarquías creadoras, doce veces doce, y la unión del alma subjetiva con el cuerpo objetivo, en perfecta unión y unificación. Ésta es la culminación. A esta cifra ciento cuarenta y cuatro agréguese la del número mil (la cantidad de pétalos en el loto del centro coronario) y tendremos el número de los que han sido salvados en el Libro de las Revelaciones, los ciento cuarenta y cuatro mil que pueden permanecer ante Dios, porque los tres últimos guarismos indican la personalidad. Cuando el hombre haya concluido en sí mismo la gran tarea, y perciba el número ciento cuarenta y cuatro mil como simbolizando su etapa de realización, entonces puede permanecer ante Dios –ahora no sólo permanece ante el Angel de la Presencia, sino ante la Presencia Misma.


EL DESPERTAR DE LOS CENTROS

Surgen aquí los siguientes interrogantes: ¿cómo puede pro-ducirse tal coordinación y despertar? y ¿qué pasos tendrán que darse para provocar esta vitalización y la oportuna actividad sin-tética de los tres centros? Ante estas preguntas, el verdadero ins-tructor se halla frente a una dificultad. No es fácil aclarar las actividades esotéricas y otras paralelas, resultado de la forma-ción del carácter. A menudo el aspirante ansía que se le diga algo nuevo, y cuando se le explica una antigua verdad –tan vieja y familiar que no produce reacción— le parece que el instructor ha fracasado y se deja llevar por un sentido de futilidad y depresión. Sin embargo, esto debe ser enfrentado y las pre-guntas contestadas. Por lo tanto, expresaré los requisitos necesarios de la manera más sencilla posible, enumerándolos en su orden correlativo y de acuerdo a su importancia, desde el punto de vista del aspirante común. Primeramente los clasificaremos y luego trataremos brevemente cada uno:

1. La formación del carácter, primero y esencial requisito.
2. El móvil correcto.
3. El servicio.
4. La meditación.
5. El estudio técnico de la ciencia de los centros.
6. Los ejercicios de respiración.
7. El aprendizaje de la técnica de la voluntad.
8. El desarrollo del poder para emplear el tiempo.
9. El despertar del fuego kandalini.

Este último y noveno punto no será estudiado en esta etapa de nuestro entrenamiento. La razón es evidente. La mayoría de los aspirantes está en la etapa tercera y cuarta, y recién comienza a trabajar en la quinta y sexta. Trataremos brevemente cada uno de esos pasos necesarios, y recalco la necesidad de comprender, en cierta medida, la responsabilidad que implica el conoci-miento. ¿Captan el hecho de que si practicaran toda la información dada en el entrenamiento y la convirtieran en una realidad experimentada, y si vivieran diaria y constantemente estas enseñanzas, ya estarían ante el Portal de la Iniciación? ¿Se dan cuenta que la verdad debe ser forjada en la estructura del diario vivir, antes de poder impartirse sin peligro una nueva verdad?

1. La formación del carácter. Estos nueve puntos deben ser estudiados desde su aspecto fuerza, y no desde su importancia ética o espiritual. El iniciado penetra en el "mundo de la fuerza” y ello es posible por el entrenamiento que recibe como aspirante. Cada uno entra en la vida con cierto equipo –producto de pasa-das vidas de esfuerzo y experiencia— que tiene ciertas deficien-cias y muy pocas veces está equilibrado. Un hombre es muy mental, otro demasiado psíquico. Un tercero es principalmente físico y aún otro demasiado místico. Uno es sensitivo, irritable e impresionable, otro lo contrario. Una persona está centrada en su naturaleza animal o es estrictamente material en su punto de vista de la vida, mientras que otra es visionaria y no comete pecados carnales. Las diversidades son innumerables, pero en cada vida hay una tendencia predominante hacia la que se dirigen todas las energías de su naturaleza. Quizás es impulsada fuertemente por sus fuerzas físicas y vive en consecuencia una vida animal, o es movida por la energía astral y vive una vida fuertemente emotiva y psíquica. Quizás –como la mayoría— está afectada por tres tipos de energía, física, emocional y ocasionalmente por la afluencia de energía del alma. El punto a recordar es: que los cuerpos en los cuales actuamos como almas, constituyen principalmente cuerpos de energía. Están compuestos por unidades de energía, átomos en un constante estado de flujo y movimiento, y encuentran su lugar en un ambiente similar. El alma actúa como núcleo positivo en estos cuerpos de energía y, en la mayoría de los casos, está relativamente estática. Ejerce aún poca presión sobre sus vehículos, pero se identifica con ellos, negando así momentáneamente su propia vida intrínseca.

No obstante, llega el día en que el alma despierta a la nece-sidad de dominar la situación y afirmar su propia autoridad. En-tonces el hombre (esporádicamente al principio) hace un inven-tario de la situación. Primeramente debe descubrir qué tipo de energía predomina, y cuál es la fuerza motivadora de su expe-riencia diaria. Habiéndolo descubierto empieza a reorganizar, re-orientar y reconstruir sus cuerpos. Toda esta enseñanza puede resumirse en dos palabras: Vicio y Virtud.

El vicio es la energía de las envolturas, individual o sintetizada en la personalidad, porque controla las actividades de la vida y subordina el alma a las envolturas, a los impulsos y a las tendencias del yo inferior.

La virtud es la introducción de nuevas energías y de un nuevo ritmo vibratorio, a fin de convertir al alma en el factor controlante positivo y las fuerzas del alma reemplazar a las de los cuerpos. Éste es el proceso que concierne a la formación del carácter. Permítanme dar un ejemplo: Cuando un hombre es víctima de un estado nervioso e irritable, le decimos que necesita calmarse, tranquilizarse y cultivar el desapego, para obtener control sobre sí mismo. Le enseñamos que en vez de mal humor debe tener calma y cultivar la amabilidad. Esto parece una trivialidad y nada interesante. Sin embargo, significa que en vez de la naturaleza emocional autocentrada e inquieta y la actividad del centro plexo solar (que lleva en sí las poderosas fuerzas del plano astral), debiera imponerse el ritmo firme, desapegado y armonizador del alma, el yo superior. Este trabajo de imponer la vibración superior sobre la inferior, constituye la formación del carácter, el primer requisito previo en el sendero de probación. Al leer esto el estudiante serio puede empezar a sumar sus haberes de energía, clasificar las fuerzas que controlan su vida y llegar así a una comprensión racional y verdadera de las fuerzas que requieren ser subordinadas y reforzadas. A la luz del verdadero conocimiento, que siga entonces adelante en el sendero de su destino.

2. El móvil correcto. Se dice que el Maestro de Sabiduría es la "rara eflorescencia de una generación de investigadores”. La pregunta que se formula aquí el buscador y que sólo él tiene derecho de responder es: ¿Cuál es el móvil que rige mi aspira-ción y esfuerzo? ¿Por qué trato de construir sobre una base verdadera? ¿Por qué invoco mi alma con tanta diligencia?

El desarrollo del móvil correcto es un esfuerzo progresivo; continuamente cambiamos el enfoque de nuestro incentivo a medida que nos descubrimos a nosotros mismos, entonces la Luz brilla más firmemente en nuestro camino y constantemente surge un móvil nuevo y superior. Permítanme dar otro ejemplo: Un aspirante en las primeras etapas es, por lo general, un devoto. Para estar a la altura de las normas establecidas por un amigo o por un instructor amado, lucha, se esfuerza y gana posición. Más tarde este objeto de su devoción y ardiente esfuerzo, es reemplazado por la devoción hacia uno de los Grandes Seres, los Hermanos Mayores de la raza. Vuelca todos sus poderes y las fuerzas de su naturaleza en Su servicio. Este incentivo, a su vez, es segura y firmemente sustituido por un amor vital hacia la humanidad, y el amor hacia un individuo (por más perfecto que sea) se pierde en el amor hacia todos los hombres. A medida que el alma controla cada vez más su instrumento y su naturaleza se manifiesta incesantemente, esto también es reemplazado por amor al ideal, al Plan y a los propósitos que subyacen en el universo mismo. El hombre llega a conocerse a sí mismo como un canal por el cual pueden trabajar los agentes espirituales, y se da cuenta que es parte integrante de la Vida Una. Entonces ve a la humanidad como algo relativo y fragmentario, y se sumerge en la gran Voluntad.

3. El servicio. Un estudio del correcto móvil conduce natu-ralmente al correcto servicio, y a menudo va a la par de la con-ciencia motivadora en su forma objetiva. Del servicio hacia un individuo, la familia, la nación, como expresión de amor, surge el servicio a un miembro de la Jerarquía, al grupo de un Maestro y a la humanidad. Oportunamente se desarrolla la conciencia del Plan y se presta servicio al mismo, y la consagración al propósito subyacente en la gran Existencia, la cual ha traído todo a la existencia para cumplir algún objetivo específico.

4. La meditación. Sobre este tema no nos explayaremos por-que ha constituido la base de muchas de las enseñanzas de mis otros libros y la mayoría de ustedes practica constantemente la meditación, que he enumerado cuarta en la lista, por implicar pe-ligro y no ser útil para el hombre que se inicia en ella sin la base de un buen carácter y de una vida pura. Entonces la meditación se convierte únicamente en un medio para atraer energías que sólo sirven de estímulo a los aspectos indeseables de su vida, así como la fertilización de un jardín lleno de malezas aumenta grandemente su reproducción, matando a las flores débiles y pe-queñas. La meditación es peligrosa donde existen móviles erró-neos, tales como el deseo de progreso personal y poderes espiri-tuales, porque bajo estas condiciones sólo produce fortalecimiento de las sombras en el valle de la ilusión, y desarrolla en toda su plenitud la serpiente del orgullo que acecha en el valle del deseo egoísta. La meditación es peligrosa cuando no existe el deseo de servir. El servicio es otra palabra con que se designa la utilización de la fuerza del alma en bien del grupo. Donde falta este impulso la energía puede fluir en los cuerpos, pero al no utilizarse ni hallar salida - tiende a sobrestimular los centros y producir condiciones desastrosas al neófito. Asimilación y eliminación son leyes de la vida del alma al igual que de la vida física, y cuando no se tiene en cuenta esta sencilla ley, se sufrirán serias consecuencias, tan inevitables como las del cuerpo físico.

5. Estudio de los centros. Recién comenzamos este estudio, aunque está aún en su infancia en Occidente y es muy poco apli-cado en Oriente. Nuestra forma de encararlo será algo nueva, porque aunque nos acostumbremos a los nombres, ubicación y relación de los centros, no meditaremos sobre ellos. Oportunamente llegaremos a una apreciación de su vibración, de su tono y colores y de sus significaciones astrológicas. No trabajaremos con los centros de la columna vertebral ni tendremos como objetivo su utilización consciente como lo hace el clarividente o el clariaudiente. Todo el trabajo realizado por los estudiantes debe hacerse completamente en la cabeza y desde ella. Allí se encuentra el asiento de la voluntad, aspecto espíritu, actuando a través del alma. Tenemos también la expresión sintética de la personalidad; la comprensión de la relación de los dos centros de la cabeza y su mutua interacción, traerá gradualmente el dominio de la personalidad por el alma. Esto conducirá a la consiguiente y subsiguiente actividad dirigida de los otros cinco centros. El trabajo de estos cinco centros será eventualmente tan automático como en la actualidad es el funcionamiento del corazón y de los pulmones en el cuerpo físico.

La Inteligencia, el Yo que preside, "situada en el trono entre las cejas" y guiada por la Luz en la cabeza, despertará lo que concierne al alma, y estará tan alerta como lo está la conciencia del yo en el hombre común autocentrado. Por medio del ritmo de su vida divina y su consciente colaboración con el Plan, actuando mediante el uso de la Voluntad, el discípulo, en encarnación, deberá actuar como agente de su alma en los tres mundos.

6. Los ejercicios de respiración. Poco a poco y a medida que se progresa se impartirá la instrucción necesaria. Permítanme señalar, sin embargo, que no se pueden practicar sin peligro los ejercicios de respiración, cuando no se impone un ritmo en la vida cotidiana. Ambas actividades deben ir juntas.

Los efectos de los ejercicios de respiración son diversos:

a. El efecto oxigenador. La corriente sanguínea se purifica y la presión se alivia. Existe un simbolismo que subyace en esto: así como la sangre se oxigena, también la vida del hombre en los tres mundos es compenetrada por la energía espiritual.

b. La imposición de un ritmo peculiar, producido por la particular duración o intervalos de la respiración, inhalación, retención y exhalación, que varían de acuerdo al ritmo.

c. El efecto sutil producido por el prana (elemento subjetivo que subyace en el aire inhalado y exhalado) que afecta poderosamente al cuerpo pránico, el vital o etérico. Los estudiantes deben recordar que los efectos sutiles son más potentes que los físicos. Producen resultados en dos direcciones, en el cuerpo físico y en el etérico. Todo el cuerpo vital asume un ritmo particular de acuerdo a los ejercicios de respiración. Si esto se mantiene durante un largo tiempo tendrá un efecto destructor o cohesivo sobre el cuerpo físico, desvitalizando o vitalizando al cuerpo etérico según corresponda.

d. El efecto sobre los centros, que es muy eficaz, y sigue la tendencia del pensamiento del aspirante. Por ejemplo, si se piensa en el plexo solar, ese centro inevitablemente será vitalizado. y su naturaleza emocional fortalecida. De allí la necesidad de los estudiantes de mantener la meditación firmemente en la cabeza para despertar el centro coronario.

Nadie debe dudar del efecto de los ejercicios de respiración sobre el cuerpo vital. Con la misma seguridad que el comer y el beber construyen o destruyen el cuerpo físico y ayudan o entor-pecen su correcto funcionamiento, así los ejercicios de respira-ción producen efectos potentes si son correctamente practicados durante un período de tiempo más o menos prolongado.

¿Qué podría decir sobre los tres últimos requisitos? Muy po-co, porque el tiempo no está aún maduro para comprenderlos co-rrectamente. El aspirante debe proseguir paso a paso y su teoría no debe adelantarse a su experiencia. Quizás pueda dar una cla-ve para cada uno de ellos, formulando una regla sencilla para el diario vivir, que será captada por aquellos a quienes está destina-da y no perjudicará a los que aún no han evolucionado. La prác-tica de esta regla traerá lenta y subjetivamente las condiciones necesarias para la manifestación de tal requisito.

Aprendan a aplicar la voluntad mediante el desarrollo del firme propósito y la organización de la vida diaria, para que ese propósito pueda ser cumplido.

Aprendan a ser algo más sobre el factor tiempo, además de organizarlo y utilizarlo. Aprendan a hacer varias cosas simultáneamente y a utilizar los tres cuerpos en forma sincronizada. Permítanme dar un ejemplo: Al practicar el ejercicio diario de respiración, cuenten con exactitud y escuchen con atención el sonido que "suena en el silencio" del intervalo. Al mismo tiempo piensen de sí mismos como si fueran el alma, la que impone él ritmo y la voz que habla. Esto es algo que cada uno puede adquirir por la práctica.

Descubran la serpiente de la ilusión con la ayuda de la ser-piente de la sabiduría, y entonces la serpiente dormida ascende-rá hacia el lugar de reunión.




 


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