Los Rayos y las Iniciaciones

Tomo número 5 del Tratado sobre los Siete Rayos

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)

 


INDICE

PRIMERA PARTE 11

CATORCE REGLAS PARA LA INICIACIÓN GRUPAL

Pag.

OBSERVACIONES PRELIMINARES 13
PALABRAS DE INTRODUCCIÓN 21

Regla Uno El Devenir y la Función Grupales 32
Regla Dos Aceptado como Grupo 50
Regla Tres Dual es el Movimiento hacia delante 67
Regla Cuatro Evocación de la Voluntad 83
Regla Cinco El Todo Macrocósmico 101
Regla Seis El Grupo sigue adelante en la Vida 112
Regla Siete La Palabra Invocadora 119
Regla Ocho Los Siete, los Tres y el Uno 130
Regla Nueve El Iniciador Uno 146
Regla Diez O.M. el Sonido Creador 154
Regla Once El Cuarto Gran Ciclo de Realización 178
Regla Doce Servicio Grupal Iluminado-Salvador 191
Regla Trece El Misterio Oculto 208
Regla Catorce La Quíntuple Demanda 238


SEGUNDA PARTE 267

LOS RAYOS Y LAS INICIACIONES

OBSERVACIONES PRELIMINARES 269
PRIMERA SECCIÓN. EL ASPIRANTE Y LOS MISTERIOS DE LA INICIACIÓN 288

La Entrada a través de los dos Portales de la Iniciación 288
El Portal de la Iniciación 288
El Portal que da entrada al Camino de la Evolución Superior 295

La Entrada en el Ashrama 303
Los siete Grupos de Ashramas dentro de la Jerarquía 308
Los siete Senderos que enfrenta el Maestro 327
El Sendero del Servicio en la Tierra 328
El Sendero del Trabajo Magnético 331
El Sendero de entrenamiento para los Logos Planetarios 335

Ciertos Cambios Jerárquicos 338
El Sendero hacia Sirio 341
El Sendero de Rayo 346
El Sendero que recorre el Logos Mismo 348
El Sendero de la Filiación Absoluta 349

Párrafos Extraídos de Tratado sobre Fuego Cósmico 352
Análisis de la Tensión Mundial 353

La Vida Dual del Proceso Iniciático 356
La Vida Dual del Discípulo 359
La Existencia Dual del Maestro 361

La Ciencia del Antakarana 364
La Construcción del Antakarana 366
La Naturaleza del Antakarana 373
El Puente entre los Tres Aspectos de la Mente 377
El Puente como Agente de Alineamiento 388
La Técnica de la Construcción 391
En el Pasado 393
En el Presente 397
Seis Etapas del Proceso de Construcción 400
La Tarea Inmediata 409
Los Siete Métodos de Rayo 413

Delineamiento de la Contemplación Reflexiva 421
Significado del Proceso Iniciático 436
Fusión de la Conciencia del Maestro con la del Discípulo 446
Impresión de la Intención Jerárquica en la Mente del Discípulo 451

SECCIÓN SEGUNDA. EL ASPIRANTE Y LAS INICIACIONES MAYORES 457

La Relación de los Siete Rayos con las Iniciaciones 458

Los Rayos y las Cinco Iniciaciones que enfrenta la Humanidad 465
Primera Iniciación. El Nacimiento. Séptimo Rayo 465
Segunda Iniciación. El Bautismo. Sexto Rayo 473
Tercera Iniciación. La Transfiguración. Quinto Rayo 484
Cuarta Iniciación. La Renunciación. Cuarto Rayo 494

El Tipo particular de la Energía involucrada y su Efecto iniciático 497
El Efecto de la Energía de Armonía a través del Conflicto sobre la
Humanidad 501
El Factor del Rayo Amor Sabiduría cuando controla al Cuarto Rayo 504
El Efecto del Rayo de Armonía a través del Conflicto en el Mundo
Moderno de Naciones 509
Los resultados de la Actividad del Cuarto Rayo sobre el Discípulo
Individual 522
Resumen y Predicción 524

Los Rayos de Aspecto y las Iniciaciones Superiores 526
Quinta Iniciación. La Revelación. Primer Rayo 529
El Efecto que en la Actualidad Produce el Primer Rayo sobre la Humanidad 530

Sexta Iniciación. La Decisión. Tercer Rayo 536
Séptima Iniciación. La Resurrección. Segundo Rayo 537
Octava Iniciación. La Gran Transición. Cuarto, quinto, sexto, y
séptimo rayos 537

(Los cuatro rayos menores)
Novena Iniciación. La Negación. Primero, segundo y tercer rayos 537


(Los tres rayos mayores)

LAS SIETE Y LAS NUEVE INICIACIONES DE NUESTRA VIDA PLANETARIA 538

La Significación de las Iniciaciones 542
Primera Iniciación. El Nacimiento en Belén 544
Segunda Iniciación. El Bautismo en el Jordán 551
Tercera Iniciación. La Transfiguración 562
Cuarta Iniciación. La Gran Renunciación o Crucifixión 566
Quinta Iniciación. La Revelación 575

La Parte que Desempeña la Energía al Inducir a la Revelación 579
El Lugar que ocupa la Voluntad para Inducir a la Revelación 584

Sexta Iniciación. La Decisión 587
Séptima Iniciación. La Resurrección 596
Octava Iniciación. La Gran Transición 602
Novena Iniciación. La Negación 602

APÉNDICE 605
CINCO GRANDES ACONTECIMIENTOS ESPIRITUALES 607
ESTANZAS PARA DISCÍPULOS 624



 

LA SIGNIFICACIÓN DE LAS INICIACIONES

Comenzamos ahora la consideración de las nueve iniciaciones sólo que esta vez nos ocuparemos de la relación y los detalles vinculados con cada una, considerándolas, en lo posible, desde el ángulo de la Jerarquía y su esfuerzo en bien del progreso evolutivo de la raza, y no tanto del de la personalidad del discípulo fusionada con el alma. Debe recordarse desde el principio, que ningún discípulo puede pasar por la experiencia iniciática si no es un individuo fusionado con el alma y conscientemente consciente, en los niveles del alma, de los diferentes acontecimientos, posibilidades, empresas e implicaciones.

 

En los numerosos libros que he dado al mundo mucho he enseñado sobre la iniciación; he tratado de llevar una presentación más sensata y razonable de estas grandes crisis en la vida de todos los discípulos.

 

Sería conveniente observar que una iniciación es, en realidad, una crisis, un acontecimiento culminante, que sólo se produce realmente cuando el discípulo ha aprendido a ser paciente, resistente y sagaz, al surgir de las numerosas y menos importantes crisis precedentes.

 

La iniciación es un episodio culminante, debido a la disciplina autoinspirada, a la que el discípulo se ha obligado a ajustarse.

 

En los libros ocultistas se ha dicho mucho sobre el trabajo preparatorio que debe hacerse y el esfuerzo que tal tarea implica, más la comprensión de las consecuencias que se inician y expresan a través del aspirante individual. Pero poco se ha dicho sobre la verdad más importante, de que la iniciación admite a un hombre en una zona o nivel de la conciencia divina -en un plano o más bien en un estado del ser, hasta ahora considerado como sellado y cerrado.

 

No tocaré los efectos de rayo, pues ya han sido considerados, y porque cada nivel de conciencia, cada fase o zona revelada del "Camino Iluminado", están abiertos a las almas de cualquier rayo y categoría de iniciado.

 

Desde el punto de vista de la Jerarquía, el iniciado individual no es importante, sino los grupos que en cada país enfrentan la iniciación, clasificándose en tres categorías:

 

1. Los que han captado la visión y aceptan la realidad de la existencia de la Jerarquía y la oportunidad ofrecida, pero que sin embargo no están bien preparados para dar el próximo paso y deben ser enseñados y preparados para ello. No obstante, son "apartados para la realización", como se dice esotéricamente, y a pesar de las fluctuaciones y numerosas vicisitudes del sendero, eventualmente llegarán a la meta.

 

2. Los que están preparándose para una iniciación específica, particularmente la primera hasta la tercera iniciación (inclusive). Han puesto sus manos en el arado -otra manera de decir simbólicamente que están trabajando para sus semejantes, sirviéndolos.

 

3. Los que han recibido el entrenamiento necesario y esperan el momento de la iniciación. Como se ha dicho, las primeras dos iniciaciones -las del Nacimiento y del Bautismo- no son consideradas por la Jerarquía como iniciaciones mayores, porque pertenecen a la categoría de iniciaciones del umbral y son meras fases de la tercera iniciación (como la llaman los estudiantes de ocultismo) o preparatorias para ella, que en realidad es la primera iniciación mayor.

 

Esto debe tenerse muy en cuenta, pues estas iniciaciones indican el proceso mediante el cual la personalidad puede fusionarse con el alma y la energía de la Tríada espiritual hacer sentir su presencia.

 

Sin embargo, en aras de la claridad y debido a que las iniciaciones del Nacimiento y del Bautismo han sido incluidas en las verdaderas iniciaciones mayores por los instructores modernos de teosofía y grupos ocultistas similares, y también, a que la gente está, por lo tanto, acostumbrada a considerarlas así, se mantendrá el antiguo método de tenerlas en cuenta.

 

Debe tenerse presente la idea de la fusión con el alma -el alma que mora internamente y culmina en la tercera iniciación, y el control monádico que toma acrecentadamente posesión de la personalidad fusionada con el alma. Esta posesión superior se acrecienta constantemente desde el momento de la tercera iniciación hasta la séptima, después de la cual podrá observarse una condición de naturaleza extraplanetaria, sobre la cual poco puede saberse. Esto produce, por primera vez, un registro o reconocimiento de la conciencia cósmica.

Consideraremos ahora una por una, dichas iniciaciones.

Primera Iniciación. El Nacimiento en Belén.

He conservado la nomenclatura cristiana que antecede, debido su familiaridad y porque (hablando simbólicamente) imparte un aspecto de una mayor.

 

Así como el nacimiento de un niño es una entrada en la luz, hablando literalmente, y el comienzo de un sistema de vida totalmente nuevo, así cada iniciación sucesiva es, en forma exactamente similar, una entrada en la luz, involucrando la revelación de un mundo diferente del hasta entonces conocido y la adquisición de experiencias totalmente nuevas.

 

Si los estudiantes mantuvieran cuidadosamente presente esta simbología y definición, obtendrían un concepto más agudo de los procesos que tienen por delante. Esto es particularmente verdad en relación con la primera iniciación; la analogía rige desde los mismos albores de la historia, en lo que a la humanidad concierne.

 

En la antigua Lemuria, con el advenimiento de las ideas y del mecanismo mental, la vida animal de grado inferior (que en cierta medida parecía humana, pero definidamente no poseía mente, era ignorante y ciega) fue repentinamente consciente de lo que arrojaba luz en su camino, lo cual significó muy poco para los hombres animales de esos días, pero acrecentadamente tuvo significación a medida que transcurrieron los milenios; civilizaciones aparecieron y desaparecieron; también se desarrollaron razas y desaparecieron.

 

En los días lemurianos, la luz de la percepción que moraba internamente (aunque era una percepción tan distante de la nuestra, lo que es prácticamente inconcebible) reveló el mundo físico y lo que en él existía, y que el ser humano de entonces consideraba deseable.

 

Luego, en la época atlante, esa misma luz que moraba internamente y la luz de la mente en desenvolvimiento, sirvieron para develar el mundo de las emociones, y en la segunda mitad de ese período se revelaron los valores más estéticos; las artes empezaron a florecer y se registraron el color y la belleza.

 

En nuestra moderna raza aria, la luz nos ha revelado el mundo del pensamiento y nos ha llevado a una síntesis de los sentidos, desarrollados en anteriores ciclos de la vida humana. Cada una de estas tres razas tiene en escala racial, en forma misteriosa, una analogía con las primeras tres iniciaciones.

 

Hoy, a medida que entramos en la nueva era, tiene aplicación la simbología de la cuarta iniciación, la Renunciación;

 

los hombres enfrentan la necesidad de renunciar a los valores materiales para sustituirlos por los espirituales.

 

El fermento del proceso iniciático continúa minando el materialismo de la raza humana, revelando cada vez más la realidad subyacente en el mundo fenoménico (único mundo reconocido por los lemurianos) y, al mismo tiempo, proporcionando ese campo cultural de experiencia en el cual los hijos de los hombres, que están preparados para ello, pueden pasar por las cinco iniciaciones, técnicamente entendidas. Éste es el factor importante. Por consiguiente, es nuestro punto de partida.

 

El proceso histórico puede revelar, y revelará, la entrada gradual de la humanidad en "las zonas iluminadas" de conciencia, siempre en expansión; en dichas zonas el camino del desenvolvimiento evolutivo ha conducido a la raza humana directamente a la etapa donde hay muchos, muchos miles (millones si consideramos toda la humanidad -los que hoy están en encarnación y los que no lo están por hallarse en los planos internos) que han podido salir del campo iluminado de los tres mundos y penetrar en otra zona, donde la luz de la mente puede fusionarse con esa mayor luz del alma.

 

Ellos han pasado (en vidas anteriores, aunque no lo recuerden) por la experiencia y la iniciación del nacimiento y, como resultado de esto, aquello que puede revelar lo que la mente es incapaz de iluminar, está ahora desarrollándose y fusionándose dentro de ellos. La "luz de la vida" ya está disponible, en un sentido mucho más literalmente verdadero de lo que pueden percibir en la actualidad, y cada sucesiva iniciación demostrará con más claridad este hecho.

 

La Iniciación del Nacimiento ha quedado atrás en la experiencia de muchos, y esto se demuestra efectivamente en las vidas de quienes están conscientes y voluntariamente orientados hacia la luz, ven un mundo más amplio que el de sus propios intereses egoístas, son sensibles a la vida crística y a la conciencia espiritual de sus semejantes y visualizan un horizonte y panoramas de contacto no percibidos por el hombre común; se dan cuenta de una posible realización espiritual, que es desconocida y no deseada por aquellos cuyas vidas están condicionadas enteramente por las emociones o por la mente concreta inferior.

 

En esta etapa de desenvolvimiento poseen un sentido de dualismo consciente, conociendo la realidad de la existencia de ese "otro algo" que no es el no yo fenoménico, emocional y mental.

La primera iniciación podría ser considerada como la meta y la recompensa de la experiencia mística; ésta no es fundamentalmente una experiencia ocultista en el verdadero sentido del término, porque raras veces es exactamente comprendida o se prepara conscientemente para ella, como es el caso de las iniciaciones posteriores, razón por la cual las primeras dos iniciaciones no son consideradas mayores.

 

En la realización mística hay, lógica y normalmente, un énfasis puesto sobre el dualismo, pero en la nueva zona de desenvolvimiento -donde una iniciación tras otra son primeramente visualizadas, luego se lucha por ellas y después se logra -se obtiene la unidad y desaparece el dualismo. Por lo tanto, los estudiantes deben recordar el siguiente y definido concepto esotérico:

 

El camino místico conduce a la primera iniciación. Habiendo cumplido su propósito, se renuncia a él, entonces se sigue el "camino iluminado" esotérico, que conduce a las zonas iluminadas de los estados superiores de conciencia.

 

Como se ve, ambos caminos son esenciales; actualmente el camino místico es el de la mayoría, y un grande y creciente número de místicos surgirá de las masas humanas modernas; paralelamente a éste, el camino esotérico atrae cada vez más a los intelectuales del mundo. Su experiencia no es básicamente religiosa, tal como el clero ortodoxo comprende la palabra. El camino de la ciencia es profundamente necesario para el género humano, como lo es el de la religión, pues Dios se encuentra igualmente en ambos caminos.

 

El camino científico conduce al aspirante al mundo de las energías y fuerzas, el verdadero mundo del esfuerzo ocultista, revelador de la Mente Universal y la actuación de esa gran Inteligencia que creó al universo manifestado.

 

El "nuevo hombre" que ha llegado al nacimiento en la primera iniciación, debe hollar y hollará el camino ocultista o científico, que lo conduce inevitablemente fuera del mundo del misticismo, llevándolo a la segura y científica percepción de Dios como vida o energía.

 

La primera iniciación marca el principio de una vida y un modo de vivir totalmente nuevos y señala el comienzo de una nueva forma de pensar y de percepción consciente.

 

La vida de la personalidad en los tres mundos ha nutrido durante eones el germen de esta nueva vida y ha fomentado la diminuta chispa de luz dentro de la relativa oscuridad de la naturaleza inferior. Este proceso está llegando ahora a su fin, aunque en esta etapa no será interrumpido totalmente porque el "nuevo hombre" tiene que aprender a caminar, hablar y crear; sin embargo, la conciencia se enfoca ya en otra parte.

 

 

Esto conduce a mucho dolor y sufrimiento, hasta tomar el iniciado la decisión definitiva, acordar una nueva dedicación al servicio y estar preparado para recibir la iniciación del Bautismo.

 

 

Los miembros del nuevo grupo de servidores del mundo deberían estar a la expectativa de quienes dan señales de haber pasado por la experiencia del "nacimiento", y ayudarlos a obtener mayor madurez.

 

Deberían suponer que todos los que aman realmente a sus semejantes, se interesan en la enseñanza esotérica y tratan de disciplinarse para alcanzar una mayor belleza de la vida, son iniciados y han pasado por la primera iniciación.

 

Cuando descubren a quienes buscan la polarización mental y evidencian deseo y aspiración para pensar y saber, conjuntamente con las señales características de haber recibido la primera iniciación, pueden considerar con toda probabilidad, sin lugar a dudas, que tales personas han recibido la segunda iniciación o están á punto de hacerlo.

 

Entonces sabrán con toda claridad cual será su deber. Mediante esta aguda observación, por parte de los servidores del mundo, se van ampliando las filas del nuevo grupo. La oportunidad y el estímulo son hoy tan grandes que todos los servidores deben estar alertas, desarrollando en sí mismos la capacidad de registrar la cualidad que debe ser buscada, ayudando y guiando en tal forma, que unirán en un grupo cooperador a esos discípulos e iniciados que deben preparar el camino para el Cristo.

 

La primera iniciación debería considerarse como instituyendo una nueva actitud en las relaciones, lo cual todavía no sucede. Las relaciones reconocidas hasta ahora, hablando en forma general, fueron instituidas kármica, física y emocionalmente, siendo mayormente objetivas y predominantemente conciernen al plano fenoménico, con sus contactos, deberes, responsabilidades y obligaciones.

 

Sin embargo, las nuevas relaciones que deben ser acrecentadamente reconocidas son subjetivas y tienen muy pocos indicios fenoménicos.

 

Abarcan el reconocimiento de quienes deben ser servidos; involucran la expansión de la conciencia individual hacia una creciente percepción grupal; conducen eventualmente a responder ansiosamente a la cualidad jerárquica y a la atracción magnética del ashrama.

 

Este desarrollo, en el reconocimiento de las relaciones, conduce finalmente al reconocimiento de la Presencia de Cristo y a la relación con Él. No tenemos por qué ocuparnos de la relación del Logos planetario y Su reconocimiento.

 

Todas estas relaciones comienzan en su más veraz significado y con un objetivo correctamente entendido, en el nacimiento del "nuevo hombre". Cristo Se refirió a ello cuando dijo: "Salvo que un hombre nazca de nuevo, no podrá ver el Reino de Dios". Empleo aquí la terminología cristiana, pero prefiero hablar del "nuevo hombre" en vez de la frase estrictamente cristiana "el nacimiento del Cristo Niño en el corazón". Mediante la piedra angular de las relaciones, los servidores del mundo harán contacto con los iniciados y los discípulos aceptados del mundo y descubrirán a esos aspirante que pueden ser ayudados y entrenados.

 

Llamaré la atención sobre otro punto. En el mundo fenoménico del ser humano común que no ha pasado todavía por la experiencia iniciática del renacimiento, el énfasis ha estado siempre, y lo está hoy, sobre la relación dual de los sexos, dando testimonio de ello las novelas, las obras de teatro, las películas y los asuntos de los hombres.

 

La creatividad se expresa principalmente en la propagación de la raza, efectuada por la relación masculina y femenina, o por los polos positivo y negativo de la familia humana.

 

Esto es correcto y bueno y forma parte del Plan divino. Aunque los hombres hayan prostituido sus facultades y envilecido sus relaciones, el plan básico es divino e ideal.

 

Después de la primera iniciación, toda la relación sexual se transfiere gradual y constantemente al lugar que corresponde, como una mera fase natural de la existencia en los tres mundos y como uno de los apetitos normales y correctos, pero el énfasis cambia.

 

La experiencia y la analogía superiores y aquello de lo cual el sexo físico es sólo el símbolo, se hace evidente.

 

En lugar de masculino y femenino, surge la relación magnética entre la ahora negativa personalidad y el alma positiva, con la creatividad consiguiente en los planos superiores.

 

El centro coronario y el centro entre las cejas (ajna) son los agentes de esta relación y eventualmente -por medio del cuerpo pituitario y la glándula pineal- condicionan la personalidad, permitiendo su fusión con el alma.

 

He dado mucha información en mis numerosos libros sobre la iniciación, los rayos y los centros, y no es necesario repetirla; sin embargo, es imprescindible recopilar y clasificar la información diseminada a fin de poder estudiarla en su totalidad.

 

Gran parte de quienes leen estas instrucciones y estudian mis libros están en proceso de preparación para recibir una de las iniciaciones, y todo el tema debería serles, por lo tanto, de sumo interés.

 

Deben cerciorarse (por lo menos como tentativa) qué iniciación tienen por delante y luego descubrir todo lo posible sobre la misma y sus prerrequisitos, esforzándose por aplicar en forma práctica la información impartida, la cual puede ser verdad o no, y si lo es, tiene vital importancia para el progreso futuro, debiendo procurar cierta medida de comprensión.

 

He enseñado que la actividad o la inactividad de los centros condiciona a la personalidad, actuando por medio del sistema endocrino;

que las energías canalizadas y las fuerzas por ellos generadas, pueden ser controladas y dirigidas por el alma, el hombre espiritual.

 

He dicho también que la energía del centro sacro (el centro más involucrado y activo en el momento de la primera iniciación) debe ser transmutada y elevada al centro laríngeo, transformando así el acto creador físico en el proceso creador que produce lo bueno, lo bello y lo verdadero. El abecé del conocimiento fundamental es: la transmutación del sexo. En ese proceso transmutador los hombres han cometido grandes errores y han abordado el tema desde dos ángulos:

 

1. Han tratado de suprimir el deseo natural, esforzándose por destacar el celibato obligatorio, desviando así con frecuencia a la naturaleza y sometiendo al "hombre natural" a reglas y reglamentos que no estaban en la intención divina.

 

2. Han tratado de agotar -en el otro extremo- el deseo sexual normal por medio de la promiscuidad, el libertinaje y las perversiones, perjudicándose y sentando las bases para las dificultades que se producirán en muchas encarnaciones futuras.

 

La verdadera transmutación es, en realidad, el logro de un correcto sentido de proporción en relación con cualquier aspecto de la vida humana y, en lo que respecta a los hombres actualmente, tiene particular referencia al centro sacro y a las energías que lo ponen en actividad.

 

Cuando el debido reconocimiento del lugar que la vida del sexo debe ocupar en la vida diaria vaya paralelo a la concentración mental en el centro laríngeo, ese centro automáticamente llegará a ser magnético, y atraerá hacia arriba las fuerzas del centro sacro a través de la columna vertebral, "al lugar de la construcción creadora"; entonces la vida sexual normal no se atrofiará y estará regulada y relegada a su correcto lugar, como una de las facultades o apetitos comunes de los cuales fue dotado el hombre; la vida sexual es controlada cuando no se tiene un interés directo y está subordinada a la ley del país, respecto a su relación con el polo opuesto -negativo y femenino o positivo y masculino.

Para el aspirante esto se convierte principalmente en agente que crea los vehículos necesarios para las almas que encarnan. De esta manera, por la fuerza del ejemplo, evitando todos los extremos, aplicando las energías corporales a cosas superiores y aceptando la ley del país de residencia, los actuales desórdenes y el abuso del principio sexual, cederán el lugar a la vida ordenada y al correcto empleo de esta primordial función corporal.

La vida física puede regularse cuando la personalidad suficientemente integrada y coordinada y el centro ajna (el centro entre las cejas) están activos y controlados por el alma. Esto tiene un efecto inmediato -automáticamente inducido- sobre la glándula vinculada a dicho centro, que se convierte en una parte equilibrada del sistema endocrino general, evitándose el desequilibrio anterior.

 

Simultáneamente el centro coronario se hace activo, como resultado de la percepción mental, la meditación y el servicio del aspirante, lo cual pone en actividad a la glándula vinculada, la pineal. Todo esto es también el abecé del ocultismo.

 

 

Frecuentemente se omite en la consideración normal, el hecho de que la creciente actividad de esos dos "puntos de luz en la cabeza", se relacionan básicamente con lo que ocurre en los centros sacro y laríngeo, mientras prosigue el proceso transmutador, y las energías del centro sacro se reúnen en el centro laríngeo, pero sin retirar toda la energía del centro inferior; de esta manera se mantiene en forma apropiada su actividad normal.

 

 

Entonces entran en la correspondiente actividad los dos centros de la cabeza, se afectan recíprocamente los elementos negativo y positivo y brilla la luz en la cabeza; se establece una línea de luz entre los centros ajna y coronario que permite la libre interacción, por lo tanto entre el cuerpo pituitario y la glándula pineal.

 

Cuando existe esta línea de luz y hay una relación inobstruida entre los dos centros y las dos glándulas, entonces es posible la primera iniciación.

 

Cuando esto tiene lugar, no debe inferirse por ello que la tarea de transmutación, llevada a cabo entre los centros inferior y superior y la relación entre los dos centros de la cabeza, se ha concluido y establecido plena y finalmente.

 

La línea de luz sigue siendo tenue e inestable, pero existe. La energía liberada en la primera iniciación y distribuida a los centros sacro y laríngeo (por conducto del centro coronario, en lento despertar) lleva el proceso de transmutación a una conclusión exitosa y estabiliza la relación dentro de la cabeza. Este proceso puede insumir varias vidas de esfuerzo, que va intensificándose constantemente por parte del iniciado discípulo.

 

De este modo se inicia el trabajo de reforma mágica, y es aquí donde ejerce influencia el séptimo rayo (que rige a la primera iniciación); una de las funciones de este rayo consiste en unir el alma y el cuerpo, lo superior y lo inferior, la vida y la forma, el espíritu y la materia.

 

Ésta es la tarea creadora que enfrenta el discípulo, empeñado en elevar las energías del centro sacro al centro laríngeo y en establecer una correcta relación entre la personalidad y el alma.

 

Así como el antakarana debe ser construido y establecido como puente de luz entre la Tríada espiritual y la personalidad fusionada con el alma, también un puente similar o analogía se establece entre el alma y la personalidad y, en conexión con el mecanismo del discípulo, entre los dos centros de la cabeza y las dos glándulas dentro de la cabeza.

Cuando esa línea de luz ha relacionado los aspectos espirituales superior e inferior, y cuando los centros sacro y laríngeo están verdaderamente alineados y relacionados, el iniciado discípulo se transforma en un trabajador creador de acuerdo al Plan divino y en un "exponente mágico" del divino trabajo de construcción; entonces él es una fuerza constructiva, que manipula conscientemente la energía en el plano físico, creando formas como expresiones de la realidad. Éste es el verdadero trabajo de magia.

En el trabajo creador, como pueden ver, tres energías son por lo tanto llevadas a un actividad relacionada:

1. La energía concentrada en el centro ajna, que indica la vida de la personalidad.


2. La energía concentrada en el centro coronario, como resultado de la actividad del alma.


3. La energía del séptimo Rayo de Orden Ceremonial o Magia, que hace posible la verdadera actividad creadora de acuerdo al Plan divino.

Nada espectacular tengo que decir sobre la primera iniciación; el iniciado discípulo sigue su trabajo en la débilmente iluminada "caverna del nacimiento espiritual"; debe continuar su lucha para revelar a la divinidad, principalmente en el plano físico -simbolizado para nosotros en la palabra "'Belén", que significa la "casa del pan";

 

debe aprender la función dual de "elevar hacia la luz las energías inferiores" y, al mismo tiempo, "hacer descender las energías superiores a la expresión corporal". Así se convierte en un mago blanco.

 

En esta iniciación ve, por primera vez, cuáles son las energías mayores que debe llevar a la expresión, y esta visión está resumida en El Antiguo Comentario en las siguientes palabras:

 

"Cuando el Cetro de la Iniciación desciende y toca la parte inferior de la columna vertebral, se produce una elevación; cuando los ojos se abren a la luz, lo que debe descender a la forma es entonces percibido. La visión es reconocida. Se asume la responsabilidad del futuro. La caverna se ilumina y aparece el nuevo hombre".

Que esto sea verdad para quienes leen estas palabras, es la plegaria y el deseo de su amigo y consejero.



 

 


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