LOS PROBLEMAS DE LA HUMANIDAD

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)

 

 

 


III. Verdades Esenciales

Existen ciertos principios fundamentales –contenidos en la futura religión— que en la época actual deberían regir el pensamiento de los eclesiásticos iluminados de todos los credos, principios adecuados para Oriente y Occidente: Religión Mundial-Revelación-Reconocimiento. Éstas no serán aceptadas por el cristiano o creyente de mente estrecha de cualquier credo.

Está alboreando el día en que se considerará que las religiones surgen de una sola fuente espiritual; que todas unidas constituirán la única raíz de la cual surgirá inevi-tablemente la religión mundial. Entonces no habrá cristianos ni ateos, judíos ni gentiles, sino simplemente un gran conjunto de creyentes que provienen de todas las religiones actuales; aceptarán idénticas verdades, no ya como conceptos teológicos, sino como algo esencial para la vida espiritual; se mantendrán unidos en un mismo nivel de hermandad de relaciones humanas; reconocerán su filiación divina, y tratarán de colaborar en forma unida con el Plan divino, a medida que sea revelado por los guías espirituales de la raza, indicándoles el próximo paso a dar en el Sendero de Acercamiento a Dios. Tal religión mundial no es un sueño vago, sino algo que va creándose en forma definida en la actualidad.

La segunda indicación que está surgiendo y que lleva a una vida espiritual es la esperanza en la revelación.

Nunca ha sido tan grande la necesidad del hombre ni más cierta la seguridad de la revelación; jamás el espíritu humano ha invocado tanto como ahora la ayuda divina y, por lo tanto, nunca estuvo en camino una revelación de tal magnitud. No es posible saber cuál será esa revelación. La revelación de la naturaleza de Dios ha sido un lento proceso de desenvolvimiento, paralelo al desarrollo evolutivo de la conciencia humana. No nos corresponde definirla o limitarla con nuestro pensar concreto, sino prepararnos para ella, desarrollar nuestra percepción intuitiva y vivir a la expectativa de la luz reveladora.

Se espera una religión mundial, una revelación y el desarrollo del hábito del reconocimiento espiritual. La tarea de las iglesias consiste en enseñar al hombre a desarrollar este poder latente de reconocimiento –reconocimiento de la belleza de la divinidad en todas las formas, reconocimiento de todo lo que se aproxima, y de lo que un antiguo profeta hindú ha llamado la “nube de cosas cognoscibles” que se cierne sobre la humanidad, nube que precipitará las maravillas que Dios guarda para quienes conocen el significado del Amor. En el futuro, el trabajo de las iglesias tendrá que orientarse en estas tres direcciones, pues el cumplimiento de tal tarea restablecerá a las iglesias y eliminará los errores del pasado.

En las tres actitudes siguientes tenemos determinadas verdades básicas que las iglesias pueden presentar a los hombres de todas partes -verdades que en todas las reli-giones mundiales son similares:

1. Realidad de la Existencia de Dios Inmanente y Trascendente

Los credos orientales han acentuado siempre al Dios inmanente, que se halla profundamente dentro del corazón humano, “más cercano que las manos y los pies”, el Yo, el Uno, Atma, más pequeño que lo pequeño, sin embargo es omnicompenetrante. Los credos occidentales han presentado a Dios transcendente, fuera de su universo, un Observador. Dios trascendente condicionó ante todo el concepto del hombre respecto a la Deidad, porque la acción de este Dios trascendente aparece en el proceso de la naturaleza; posteriormente, en la dispensación judía, Dios aparece como el Jehová de la tribu, el alma (un alma algo displicente) de una nación. Después se vio a Dios como el hombre perfecto, y el Hombre-Dios caminó en la tierra en la Persona del Cristo. Actualmente se pone de relieve cada vez más a Dios inmanente en todo ser humano y en cada forma creada. Las iglesias debieran presentar ahora una síntesis de ambas ideas, que han sido resumidas en el relato de Shri Krishna en el Bhagavad Gita, donde dice:

“Habiendo compenetrado el entero universo con un fragmento de Mí Mismo, Yo permanezco”. Dios más grande que toda la creación, sin embargo, presente en la parte; Dios trascendente es garantía del plan para nuestro mundo y el Propósito que condiciona todas las vidas desde el más diminuto átomo, y a través de todos los reinos de la natu-raleza, hasta el hombre.

2. Realidad de la Inmortalidad y de la Persistencia Eterna

El espíritu del hombre es inmortal; perdura eternamente, progresando de un nivel a otro y de una etapa a otra en el Sendero de Evolución, desarrollando constante y correlativamente los atributos y aspectos divinos. Esta verdad implica, necesariamente, el reconocimiento de dos grandes leyes naturales: La Ley de Renacimiento y la Ley de Causa y Efecto. Las iglesias de Occidente rehusaron reconocer oficialmente la Ley de Renacimiento; así se extraviaron en un atolladero teológico y en un callejón sin salida. Las Iglesias de Oriente han recalcado con exceso estas leyes, al punto que predomina en el pueblo una actitud negativa de conformismo hacia la vida y sus procesos, fundándose en una constante renovación de la oportunidad. El cristianismo ha insistido en la inmortalidad, pero afirma que la felicidad eterna depende de la aceptación del dogma teológico que dice: Profesa la verdadera fe cristiana y vivirás eternamente en un fastuoso cielo; rehusa aceptar el dogma cristiano e irás a un infierno indescriptible –infierno surgido de la teología del Antiguo Testamento y de la presentación de un Dios lleno de odio y envidia. Ambos conceptos son hoy rechazados por los pensadores sensatos y sinceros. Nadie que razone o crea en un Dios de Amor acepta el cielo de los eclesiásticos, o tiene deseo de ir al mismo. Tampoco aceptan el “lago que arde con fuego y azufre”, ni la eterna tortura que, según se supone, un Dios de amor condena a todo aquel que no cree en las interpretaciones teológicas de la Edad Media, de los fundamentalistas modernos o eclesiásticos que tratan –mediante la doctrina, el temor y la amenaza— de dominar al pueblo con una enseñanza antigua y caduca.

La verdad esencial reside en otra parte. “El hombre cosecha lo que siembra”, verdad que debe ser reafirmada. Con estas palabras San Pablo nos define la antigua y ver-dadera enseñanza de la Ley de Causa y Efecto, denominada en Oriente la Ley del Karma. A esto agrega, en otra parte, el mandamiento “logra tu propia salvación” y –como esto contradice la enseñanza teológica y sobre todo no puede lograrse en una sola vida— apoya implícitamente la Ley de Renacimiento y hace de la escuela de la vida una experiencia que se repite constantemente hasta que el hombre haya cumplido el mandato del Cristo (lo cual se refiere a todos los hombres) cuando dice: “sed perfectos como vuestro Padre en el Cielo es perfecto”. Al reconocer el resultado de las acciones buenas o malas, y por el constante renacimiento el hombre alcanza, con el tiempo, “la medida de la estatura de la plenitud del Cristo”.

La realidad de esta divinidad innata explica el anhelo que anida en el corazón de todo hombre por superarse, adquirir experiencia, progresar, acrecentar su comprensión y esforzarse constantemente en conquistar las lejanas cumbres que ha visualizado. No existe otra explicación sobre la capacidad que posee el espíritu humano para salir de la oscuridad, del mal y de la muerte, y entrar en la vida y el bien. Tal surgimiento ha sido infaliblemente la historia del hombre. Siempre le acontece algo al alma humana que la proyecta más allá de la Fuente de todo Bien. Nada en la tierra puede detener este acercamiento a Dios.

3. El Cristo y la Jerarquía.

La tercer gran verdad espiritual y esencial es la realidad del Cristo, el Cristo viviente, presente entre Su pueblo, cumpliendo Su promesa de “he aquí que estoy siempre con vosotros hasta el fin del mundo”, haciendo sentir cada vez más Su presencia a medida que los hombres se acercan a Él y a Su grupo de discípulos y trabajadores. Las iglesias han puesto el énfasis y aún lo hacen, sobre el Cristo muerto. Los hombres han olvidado que Él vive, aunque durante la Pascua aparentan reconocer esta esperanza y creencia, debido en gran parte a que Su resurrección garantiza “nuestra propia resurrección, y porque Él vive, también viviremos nosotros”. No se le da la debida importancia a Su vivencia y a Su presencia hoy, aquí y ahora en la tierra, excepto cuando se generaliza en forma vaga y superficial. Los hombres han olvidado que el Cristo que vive con nosotros en la tierra, rodeado por Sus discípulos, los Maestros de Sabiduría, es accesible para quienes se acercan a Él en forma correcta, salvando a los hombres por la fuerza de Su ejemplo y por la expresión de la vida que existe en Él y reside también en cada hombre –aunque inexpresada y mayormente desconocida por la mayoría.

La futura religión mundial hará resaltar tales verdades; proclamará la vida y no la muerte; enseñará cómo se logra la realización del estado espiritual por medio de la vida espiritual, y la realidad de la existencia de quienes lo han logrado y trabajan con el Cristo para ayudar y salvar a la humanidad. La realidad de la existencia de la Jerarquía espiritual de nuestro planeta; la capacidad del género humano para ponerse en contacto con Sus miembros y trabajar en colaboración con Ellos, y la existencia de Aquellos que conocen cuál es la Voluntad de Dios y pueden trabajar inteligentemente con Ella –tales las verdades sobre las cuales se basará la futura enseñanza espiritual.

La realidad de la existencia de esta Jerarquía y de su Guía Supremo, el Cristo, guía reconocida conscientemente por centenares de miles de personas, aunque lo nieguen los ortodoxos. Son tantos los que conocen esta verdad, y tantas las personas íntegras y dignas que colaboran conscientemente con los Miembros de la Jerarquía, que carecen de importancia los antagonismos eclesiásticos y los comentarios despectivos de quienes poseen una mentalidad concreta. Los hombres ya se están liberando de la autoridad doctrinaria, están entrando en la experiencia directa, personal y espiritual y bajo la autoridad directa que confiere el contacto con el Cristo y Sus discípulos, los Maestros.

El Cristo en cada hombre es garantía de nuestra eventual realización espiritual; como ejemplo viviente de tal realización, Él ha penetrado tras el velo por nosotros, de-jándonos un ejemplo de que deberíamos seguir sus pasos; el Cristo siempre ha vivido y permanecido con nosotros durante dos mil años, vigilando a Su pueblo, inspirando a Sus discípulos activos, los Maestros de Sabiduría, “hombres justos hechos perfectos”, como los denomina la Biblia; el Cristo nos demuestra la posibilidad de esta conciencia viviente y espiritual en desarrollo (a la cual se le ha dado el nombre indefinido de “conciencia crística”), que conduce a cada hombre oportunamente –bajo las Leyes de Renacimiento y de Causa y Efecto— a la perfección final; éstas son las verdades que la iglesia con el tiempo apoyará, enseñará y expresará a través del ejemplo de las vidas y palabras de sus exponentes, cambio que, en la presentación doctrinaria, llevará a la humanidad a ser muy diferente de la de hoy; producirá una humanidad que reconocerá la divinidad en todos los hombres, en sus diferentes etapas de manifestación, humanidad que no sólo espera el retorno de Cristo, sino que está segura de Su advenimiento y reaparición –no desde algún cielo lejano, sino desde ese lugar en la tierra donde siempre ha estado, y al cual han llegado y conocen millares de personas, pero que la teología y la táctica de las iglesias de infundir temor, lo han mantenido alejado.

Su advenimiento no constituirá el retorno triunfal a una iglesia conquistadora (conquistadora por el buen trabajo que han hecho las iglesias), sino el reconocimiento de Su existencial real, por quienes hasta ahora no han percibido Su presencia ni la realidad de Su cargo y actividades desarrolladas incesantemente en la tierra. Él no regresa para gobernar, porque nunca ha dejado de regir, de trabajar y de amar; sino para que los hombres lleguen a reconocer los signos de Su actividad y de Su presencia, y sepan que Él es quien derriba las iglesias con la fuerza de Su influencia ejercida en los corazones y la vida de los hombres. Entonces se darán cuenta que la palabra “espiritual” tiene muy poco que ver con la religión, que hasta fue su principal significación, sino que significa actividad divina en todos los aspectos del vivir y del pensar humanos; captarán la estupenda verdad de una economía sólida, un cabal humanitarismo, una educación efectiva (que prepara a los hombres para la ciudadanía mundial) y la ciencia dedicada al mejoramiento humano, son actividades profundamente espirituales que conjuntamente utilizadas constituyen verdades religiosas; entonces los hombres descubrirán que la religión organizada es sólo un aspecto de esta experiencia mundial de la divinidad.

Por lo tanto, Cristo vendrá ciertamente de tres maneras: Él vendrá a medida que los hombres comprendan que está realmente aquí, y lo ha estado desde que aparentemente dejó la tierra; Él vendrá para ejercer influencia, inspirar y guiar directamente y hablar personalmente con Sus discípulos avanzados, que trabajan en el campo mundial, y se esfuerzan por establecer correctas relaciones humanas y a medida que son conocidos como Agentes Directores de la Voluntad de Dios; también Él vendrá a los corazones de todos los hombres, manifestándose como el Cristo morador interno que lucha por alcanzar la luz, influyendo en la vida de los hombres para que lleguen al reconocimiento consciente de la divinidad. Un sinnúmero de hombres pasarán entonces por la experiencia de Belén, el Cristo renacerá en ellos y se trasformarán en “hombres nuevos”.

La iglesia del futuro trabajará para difundir estas verdades existentes, lo cual traerá una gran regeneración en el cuerpo de la humanidad, una resurrección a la vida, y el restablecimiento de la vida de Dios en la tierra a través de una humanidad consciente del Cristo.

Cuando esto haya asumido grandes proporciones y se reconozcan mundialmente dichas verdades, tendremos el restablecimiento de los Misterios, la consiguiente compren-sión de que el Reino de Dios está en la tierra, y que el hombre ha sido hecho “en realidad y en verdad” a imagen de Dios e inevitablemente deberá -a través del tiempo y por medio de la disciplina de la vida- manifestar su divinidad esencial como lo hizo el Cristo.

 

4. La Hermandad del Hombre.

Mucho se ha escrito y dicho, predicado y hablado, sobre la hermandad. Tanto se ha dicho sobre ella y tan poco se ha practicado que este término está algo desacreditado y, sin embargo, es la afirmación del origen subyacente y la meta de la humanidad y también el principio fundamental del cuarto reino de la naturaleza, el humano.

La hermandad es una gran realidad natural; todos los hombres son hermanos; bajo la diversidad de color, credo, cultura y civilización; existe sólo una humanidad, sin dis-tinciones ni diferencias en su naturaleza esencial, en su origen, objetivos mentales y espirituales, capacidades, cualidades, proceso de desenvolvimiento y desarrollo evolutivo. En estos atributos divinos (pues eso son) todos los hombres son iguales; sólo en relación con el tiempo y en la medida en que se ha progresado para revelar la divinidad innata en toda su plenitud, se han hecho evidentes las diferencias. Las diferencias temporarias y los pecados que la ignorancia y la inexperiencia manifiestan, han llamado la atención de las iglesias, excluyendo con ello la penetrante y aguda visión de lo divino que existe en cada hombre. Las iglesias deben empezar a enseñar la hermandad, no desde el punto de vista de un Dios trascendente y de un Padre externo incognoscible, sino desde el ángulo de la vida divina, eternamente presente en todo corazón humano, esforzándose siempre por expresarse a través de los individuos, las naciones y las razas.

La verdadera expresión de esta hermandad debe venir, inevitablemente, por el establecimiento de las correctas relaciones humanas y la práctica de la buena voluntad. Los eclesiásticos han olvidado la secuencia del cántico de los ángeles: “Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra y buena voluntad entre los hombres”. No supieron comprender y, por lo tanto, no enseñaron que sólo en la medida en que se manifieste la buena voluntad en la vida cotidiana se establecerán correctas relaciones humanas y podrá haber paz en la tierra; tampoco han comprendido que no puede haber “gloria a Dios” hasta que haya paz en la tierra mediante la buena voluntad entre los hombres. Las iglesias han olvidado que todos los hombres son hijos del Padre y por lo tanto hermanos; que todos los hombres son divinos, y que algunos ya son conscientes de Dios y expresan la divinidad, y en cambio otros no; han pasado por alto el hecho de que, en virtud de su grado de evolución, algunos hombres conocen al Cristo porque está activo en ellos, mientras que otros están sólo esforzándose por despertar la vida crística que existe en ellos, y aun otros ignoran completamente al Ser divino oculto profundamente en sus corazones. No hay diferencias en la naturaleza humana, sólo existen diferentes grados de conciencia.

5. Los Acercamientos Divinos

A todas las verdades mencionadas, esenciales para el desarrollo humano, debe agregarse otra verdad que apenas es presentida, porque es la verdad más grande que hasta ahora se ha presentado a la conciencia del género humano. Es más grande porque está relacionada con el Todo y no únicamente con el hombre individual y su salvación per-sonal. Es una ampliación del acercamiento individual a. la verdad. Digamos que es la verdad que concierne a los grandes Acercamientos cíclicos de lo divino a lo humano. Todos los salvadores e Instructores del mundo son símbolo y aval de dichos acercamientos. En ciertos momentos trascendentales, a través de las épocas, Dios se acercó a Su pueblo, y al mismo tiempo la humanidad hizo grandes esfuerzos, aunque muchas veces inconscientemente, por acercarse a Dios. Desde cierto ángulo puede considerarse que Dios trascendente reconoce a Dios inmanente, y que Dios en el hombre va en busca de Dios en el Todo, y mas grande que el Todo. En lo que respecta a Dios, que actúa a través del Guía de la Jerarquía espiritual y de sus Miembros, el esfuerzo fue intencional, consciente y deliberado; en lo que respecta al hombre, dicho esfuerzo fue en el pasado mayormente inconsciente, y la humanidad se vio obligada a realizarlo, debido a lo trágico de las circunstancias, la desesperada necesidad y el impulso de la conciencia erística inmanente.

Estos grandes acercamientos se produjeron en el transcurso de los siglos, y siempre trajeron una comprensión más clara del propósito divino, una nueva y fresca revelación de la cualidad divina, la institución de algún aspecto de un nuevo credo mundial, emitiendo una nota que produjo una nueva civilización y cultura, o un nuevo reconocimiento de la relación entre Dios y el hombre, o entre el hombre y su hermano.

En el remoto pasado de la historia (sugerido por los símbolos y las Biblias del mundo) tuvo lugar el primer Acercamiento importante; cuando Dios se ocupó del hombre ocurrió algo que –bajo la acción y la voluntad del Dios Creador, Dios trascendente— afectó al hombre primitivo, el cual “se convirtió en un alma viviente”. A medida que se hizo sentir en el incipiente deseo del hombre irreflexivo (incapaz de pensar en esa etapa), el ansia de alcanzar un indefinido e incomprendido bien, esto evocó una respuesta de la Deidad; Dios se acercó al hombre y éste quedó imbuido de esa vida y energía que en el transcurso del tiempo le permitió reconocerse como hijo de Dios y, oportunamente, expresar esa filiación en forma perfecta. Este Acercamiento trajo la aparición de la facultad mental, implantándose en el hombre el poder rudimentario de pensar. razonar y saber. La Mente Universal de Dios quedó reflejada en la minúscula mente del hombre.

Se dice que más tarde, cuando el desarrollo de los poderes mentales de la humanidad primitiva lo justificó, fue posible otro Acercamiento entre Dios y el hombre, entre la Jerarquía espiritual y la humanidad, y se abrió la puerta al Reino de Dios. El hombre aprendió que por medio del amor podría entrar en el camino que conduce al Lugar Sagrado. Al principio mental se le agregó por la fuerza de la invocación y la respuesta evocada, otro atributo o principio divino, el del amor.

Estos dos grandes Acercamientos hicieron posible que el alma humana expresara o manifestara dos aspectos de la divinidad: Inteligencia y Amor. La inteligencia florece hoy por medio del conocimiento y de la ciencia; sin embargo, no ha desarrollado ampliamente la latente belleza de la sabiduría; el Amor empieza ahora a ocupar la atención humana; su aspecto más inferior, la buena voluntad, ahora está siendo reconocida como energía divina, siendo aún una teoría y una esperanza.

El Buddha vino y personificó en Sí mismo la divina cualidad de la sabiduría; fue la manifestación de la luz, el Instructor del camino de la iluminación. Demostró en Sí mismo los procesos de la iluminación y llegó a ser “El Iluminado”. Luz, sabiduría, razón, como atributos divinos, a la vez que humanos, se enfocaron en el Buddha. Instó al pueblo a seguir el Sendero de la Iluminación, cuyos aspectos evidentes son sabiduría, percepción mental e intuición.

Luego vino el siguiente gran Instructor, el Cristo. Personificó en Sí mismo un principio divino aún mayor –más grande que el de la Mente, el Amor- sin embargo. abarcó también en Sí mismo toda la Luz del Buddha. El Cristo fue la expresión de la Luz y del Amor. También llevó la atención humana hacia tres conceptos profundamente necesarios:

1. El máximo valor del individual hijo de Dios y la necesidad de un intenso esfuerzo espiritual.

2. La oportunidad ofrecida a la humanidad a fin de dar un gran paso adelante y someterse al nuevo nacimiento.

3. El método mediante el cual el hombre podría entrar en el Reino de Dios, expresado en sus palabras: “Ama a tu prójimo como a ti mismo Esfuerzo individual, oportunidad grupal e identificación entre sí –tal es el Mensaje del Cristo.

Hemos tenido cuatro grandes Acercamientos de lo divino a lo humano, dos mayores y dos menores. Los menores nos aclararon la verdadera naturaleza de los mayores, y demostraron que lo que fue concedido a la raza en tiempos remotos, constituye una herencia divina y la simiente de la perfección final.

Ahora es posible un quinto Acercamiento; tendrá lugar cuando la humanidad haya puesto en orden su casa. Una nueva revelación se cierne sobre el género humano, y los anteriores cuatro Acercamientos han preparado a la humanidad. Un nuevo cielo y una nueva tierra están en camino. Las palabras “un nuevo cielo” significan una concepción completamente nueva sobre el mundo de las realidades espirituales y quizás de la naturaleza de Dios Mismo. ¿No será posible que nuestras actuales ideas respecto a Dios, como Mente Universal, Amor y Voluntad, sean enriquecidas con alguna nueva idea y cualidad, para las que no tenemos aún nombre o término, ni siquiera la más mínima noción? Cada uno de los tres conceptos, respecto a la naturaleza de la divinidad –mente, amor y voluntad- eran completamente nuevos cuando fueron presentados por primera vez a la humanidad.

Lo que este quinto Acercamiento traerá a la humanidad no sabemos ni podemos saberlo. Seguramente aportará a la conciencia humana resultados tan definidos como los Acercamientos anteriores. Desde hace algunos años la Jerarquía espiritual de nuestro planeta se ha estado acercando a la humanidad; a ello se deben los grandes conceptos sobre la libertad, tan caros a los corazones de los hombres de todas partes. El sueño de hermandad, compañerismo, colaboración mundial y una paz, basados en correctas relaciones humanas, se va aclarando cada vez más en nuestras mentes. Tenemos también la visión de una nueva y vital religión mundial, un credo universal, que tendrá sus raíces en el pasado y presentará la naciente y nueva belleza y la próxima revelación vital.

Solamente podemos estar seguros de que este quinto Acercamiento demostrará en alguna forma –profundamente espiritual, pero totalmente real— la verdad de la inma-nencia de Dios. Probará también la estrecha relación entre Dios trascendente y Dios inmanente, porque ambas expresiones de Dios son verdaderas.

IV. Regeneración de las Iglesias

¿Pueden las iglesias de Oriente y de Occidente regenerarse, purificarse y alinearse con la verdad divina? ¿Pueden en realidad, hacerse cargo de la tarea que proclaman como propia y llegar a ser genuinas dispensadoras de la verdad y representantes del Reino de Dios en la tierra? La respuesta es si. Estos cambios son factibles; su posibilidad puede ser demostrada mediante el reconocimiento de ciertos factores que con frecuencia se pasan por alto.

Es posible mantener un profundo y sano optimismo, aun en medio de las desalentadoras condiciones. El corazón de la humanidad es sano; Dios en su verdadera naturaleza y con todo su poder está presente en la persona de cada hombre, aunque sin revelarse en la mayoría, pero está eternamente presente y avanzando hacia la plena ex-presión. Nada puede impedir ni nunca ha impedido al género humano progresar firmemente de la ignorancia al conocimiento, de la oscuridad a la luz. La primera gran cláusula de la plegaria más antigua del mundo “Condúcenos de la oscuridad a la Luz”, se ha cumplido en gran parte. Hoy estamos al borde de recibir la respuesta a la segunda cláusula “condúcenos de lo irreal a lo Real”. Esto podría ser muy bien el destacado efecto del venidero quinto Acercamiento.

Dios no es como ha sido presentado; la salvación tampoco se alcanza como lo enseñan las iglesias, ni el hombre es el miserable pecador que el clero obliga a creer que es. Todo esto es irreal, pero lo Real existe; existe para las iglesias y para los representantes profesionales de las religiones organizadas, lo mismo que para cualquier hombre o grupo. Los eclesiásticos son fundamentalmente divinos, sanos y se hallan en el camino de la iluminación como cualquier otro grupo de hombres en la tierra. La salvación de las iglesias depende de lo humano de sus representantes y de su divinidad innata y también de la salvación de las masas humanas. Éstas son palabras muy duras para la Iglesia.

Hombres grandes y buenos, santos y humildes, ofician como sacerdotes en cada iglesia, tratando de vivir en el silencio y la quietud, como el Cristo quiere que vivan, dando ejemplo de conciencia crística y demostrando su íntima y reconocida relación con Dios.

Que estos hombres surjan y con su poderío espiritual eliminen de las iglesias a esos doctrinarios de mente materialista y estrecha, que han mantenido a la iglesia como es hoy; que intensifiquen el fuego de sus corazones y, deliberada y comprensivamente, se acerquen al Cristo al cual sirven; que agrupen a aquellos a quienes tratan día ayudar más cerca de la Jerarquía; que abandonen sin lucha, comentario ni violencia, las doctrinas que mantienen al pueblo aprisionado mentalmente; que presenten las pocas y verdaderas enseñanzas a las cuales responden los corazones de los hombres de todas partes; que tengan valor y entereza, optimismo y alegría, pues las fuerzas del mal han sido debilitadas grandemente y las masas humanas están despertando rápidamente a los verdaderos valores espirituales; que sepan que el Cristo y la verdadera Iglesia interna están de su parte, por lo tanto, la victoria ya les pertenece.

Los procesos de la evolución podrán ser largos, y ha sido comprobado que son seguros, y nada puede detener el avance hacia el Reino de Dios. La humanidad debe progresar y acercarse más a la divinidad, etapa tras etapa, ciclo tras ciclo, descubrir una luz más brillante y adquirir un creciente conocimiento de Dios. Él, en la persona del Cristo y de Sus discípulos, también se acerca a los hombres. Así como fue en el pasado, así será en el futuro; una revelación sucederá a otra, hasta que la Gran Vida Animadora de nuestro planeta (denominada en la biblia el Anciano de los Días) quede finalmente revelada en toda su gloria; entonces Él será quien se acercará a Su pueblo ya regenerado y purificado.

Otro punto que debe recordarse es que la esperanza reside en la nueva generación –esperanza por el repudio a lo antiguo e indeseable; esperanza por su incesante demanda de luz espiritual; esperanza debida a la rapidez con que reconoce la verdad donde quiera que se halle (en la iglesia o fuera de ella), y esperanza porque habiendo nacido en medio de un mundo caótico y en ruinas, está dispuesta a reconstruirlo. Las iglesias proclamarán enton-ces que los hombres pueden acercarse a Dios, no por la mediación, la absolución o la intercesión de cualquier sacerdote o clérigo, sino por derecho de la divinidad inherente en el hombre. El deber de cada clérigo será evocar, mediante el ejemplo, la energía del amor aplicado y práctico (no expresado en un paternalismo soporífero) y el esfuerzo unificado del sacerdocio de todos los credos del mundo.:

Las iglesias de Occidente deben comprender que básicamente existe una sola iglesia, pero que ella no es únicamente la institución cristiana ortodoxa; Dios actúa de muchas maneras, a través de muchos credos y agentes religiosos; cuando se efectúe la unión de éstos se revelará la plenitud de la verdad. Ésta es una de las razones para eliminar las doctrinas no esenciales.

V. La Nueva Religión Mundial

¿Qué forma adoptará esta nueva presentación de la religión y sus nuevos ritos y ceremonias? Es profundamente deseada una nueva forma de presentación, esperada por aquellos que consideran de fundamental importancia la actitud religiosa. ¿Qué signos presagian su advenimiento? ¿Cuáles deben ser los pasos preliminares? ¿Existen indicios de alguna tendencia en desarrollo que pueda inclinarnos a creer en su eventual aparición?

Surgen muchos interrogantes. Muchas respuestas podrían ser consideradas por los escépticos y ortodoxos como simples conjeturas. La actual actitud de las iglesias parece negar cualquier posibilidad de establecer una religión universal en esta época, si es que se hará; las divergencias en las doctrinas y en la forma de acercamiento a Dios, parecerían excluir toda uniformidad. Necesariamente, la estructura externa de la Nueva Religión Mundial tardará mucho en manifestarse, y hay poca probabilidad de que surja plenamente durante la actual generación. Sin embargo, se advierten ya en el horizonte signos de su aparición; el despertar del verdadero pensar los está revelando; los anteproyectos están trazados. La actitud interna de la humanidad y los pocos acontecimientos externos indican que se reconoce internamente la necesidad de revisar lo que atañe a la religión ortodoxa, y la revivificación de su influencia espiritual. Éstos son siempre los pasos preliminares para la creación. La comprensión subjetiva siempre precede a la manifestación objetiva, y esto es lo que sucede actualmente.

La humanidad reconoce la necesidad de un acercamiento más vital e inteligente a Dios; los hombres están cansados de diferencias y luchas doctrinarias y dogmáticas; el estudio de la Religión Comparada ha demostrado que las verdades fundamentales de todos los credos son idénticas. En virtud de esta universalidad tales verdades evocan el reconocimiento y la respuesta de los hombres de todas partes. En realidad, el único factor que impide la unión espiritual de todos los seres humanos, lo constituyen las organizaciones clericales existentes y su actitud militante contra toda religión que no sea la propia.

A pesar de todo esto, la estructura de la Nueva Religión Mundial está siendo erigida por los grupos disidentes, dentro de las iglesias institucionales, y por los innumera-bles grupos mundiales que presentan el concepto de Dios inmanente, aunque lo hacen con fines egoístas y ponen un nefasto énfasis sobre los poderes de la divinidad interna para proporcionar salud perfecta, dinero en abundancia, éxitos financieros e incesante popularidad.

La Nueva Religión Mundial también se expresa por medio del trabajo de los grupos esotéricos de todo el mundo, debido al particular énfasis puesto sobre la existencia de la Jerarquía espiritual, la función y el trabajo del Cristo y la técnica de la meditación, por la cual se puede lograr la conciencia del alma, o conciencia Crística. La plegaria se ha expandido hasta convertirse en meditación; el deseo se ha elevado y se ha convertido en aspiración mental. Esto es reemplazado por un sentido de unidad y por el reconocimiento de Dios inmanente, que conduce con el tiempo a la unificación con Dios trascendente.

Es aquí donde la Ciencia de Invocación y Evocación puede reemplazar a veces a las técnicas anteriores. La entera humanidad está penetrando en la zona de la comprensión mental. La naturaleza egoísta de las plegarias del hombre medio (basadas en el deseo de lograr algo) ha preocupado durante mucho tiempo a las personas inteligentes; la vaguedad de la meditación tal como se enseña y practica en Oriente y en Occidente (con su nota enfáticamente egoísta de liberación y satisfacción personal) provoca igualmente rebeldía. Se busca algo más grande y amplio que el deseo de liberación individual. Numerosos grupos luchan por tales cambios, y esto en sí es muy alentador.

Dentro del conjunto de grupos –dentro o fuera de las iglesias— tenemos el núcleo de la Nueva Religión Mundial. A esto habrá que agregar las actividades del movimiento espiritista, no desde el punto del énfasis puesto sobre los fenómenos (muchos de los cuales son espúreos o imaginarios, aunque pocos, reales y verdaderos), sino desde el ángulo de la seguridad que tienen respecto a la inmortalidad humana y a las pruebas que han reunido sobre el particular. Los espiritistas no han conseguido aún probar la inmortalidad; lograron comprobar la supervivencia y con ello han hecho una valiosa contribución a la estructura de la Nueva Religión Mundial. Los poderes de comunicación telepática, en lento desarrollo, y el reconocimiento de parte de la ciencia, de la percepción extrasensorial, desempeñan su parte para comprobar el mundo de los valores y de la vida intangible; factores todos necesarios subyacentes en la demanda por una nueva presentación de la religión, de alcance incluyente y no excluyente como lo es hoy. La religión del futuro será responsable del progreso de la humanidad porque reconoce un Plan divino, históricamente comprobado. La disciplina y el entrenamiento, científicamente aplicados, capacitarán al género humano para actuar bajo el control de la divinidad interna u hombre espiritual interno. Dicho entrenamiento revelará también la realidad de Dios inmanente en todas las formas, y les permitirá participar en ese gran movimiento planetario –que se está realizando lentamente— mediante el cual Dios inmanente va entrando en una relación más estrecha con Dios trascendente por intermedio de la Jerarquía espiritual de la tierra.

La tónica de la Nueva Religión Mundial es el Acercamiento Divino. “Acércate a Él y Él se acercará a ti”, es el mandato que surge de la Jerarquía, en nuevos y claros acentos. El gran tema de la Nueva Religión Mundial será la unificación de los grandes Acercamientos divinos; la tarea de las iglesias consiste en preparar a la humanidad, por medio de movimientos espirituales organizados, para el quinto e inminente Acercamiento; el método a implantar será el uso científico e inteligente de la Invocación y Evocación, más el reconocimiento de su maravillosa potencia; el objetivo del venidero Acercamiento, del trabajo preparatorio y de la invocación, es la revelación –revelación que siempre ha sido dada cíclicamente y que ahora está en condiciones de ser aceptada por el hombre.

Hay tres tipos de invocación; tenemos ante todo la demanda de la masa, inconscientemente emitida, y la clamorosa apelación que sale de los corazones de los hombres, en toda época de crisis como la actual. Este clamor invocador surge incesantemente de todas las personas que viven en medio del desastre, y se dirigen a ese poder que se encuentra fuera de ellos mismos, y saben que puede venir en su ayuda en los momentos de extrema necesidad. Esa grande y muda invocación surge en todas partes. Existe además el espíritu invocador de personas sinceras que participan en los ritos de su religión y aprovechan la oportunidad cuando hay una unida plegaria y oración para elevar ante Dios su demanda de ayuda. Este grupo, conjuntamente con todas las masas humanas, forman un inmenso grupo de aspirantes invocadores, cuya intención masiva es hoy evi-dente y su invocación se eleva hasta el Altísimo. Finalmente tenemos los discípulos y aspirantes entrenados de todo el mundo que utilizan ciertas fórmulas de palabras y determinadas invocaciones cuidadosamente definidas, y ellos, al utilizarlas, enfocan el clamor invocador y el llamado invocador de los otros dos grupos, dándoles así correcta dirección y poder. Estos tres grupos en la actualidad están entrando en actividad, consciente e inconscientemente, y su esfuerzo unido garantiza una evocación.

Este nuevo trabajo invocador será la nota clave de la Religión Mundial venidera y se dividirá en dos aspectos. El trabajo invocador de la masa humana, entrenada por las personas de mente espiritual (que actuarán –cuando sea posible en las iglesias— bajo un clero iluminado) para que acepten que el acercamiento de las energías espirituales es real y están enfocadas a través del Cristo y Su Jerarquía espiritual, masa que además será entrenada para emitir su demanda de luz, liberación y comprensión. Además se hará un trabajo técnico de invocación, como lo practican aquellos que han entrenado sus mentes mediante la correcta meditación, conocen el poder de las fórmulas, mántram e invoca-ciones y trabajan conscientemente. Éstos emplearán acrecentadamente ciertas grandes fórmulas de palabras que más tarde se darán a la raza así como el Cristo dio el Padre Nuestro, y la Jerarquía ha dado ahora la Nueva Invocación para que la humanidad la utilice.

Esta nueva ciencia de la religión –para la cual la oración, la meditación y el ritual han preparado a la humanidad— entrenará a sus seguidores para que presenten –en determinados períodos del año— el clamor de los pueblos del mundo para alcanzar la relación con Dios, y una más estrecha relación espiritual entre ellos. Si este trabajo se efectúa correctamente evocará respuesta de la expectante Jerarquía y de Su Guía, el Cristo. Por esta respuesta, la creencia de la masa se convertirá gradualmente en la con-vicción de los conocedores. Así las masas se trasformarán y se espiritualizarán, y los dos grandes Centros divinos, o grupos de energía, la Jerarquía y la Humanidad, comenzarán a trabajar en total unificación y unidad. Entonces el Reino de Dios actuará de hecho y en verdad en la tierra.

Es evidente que esta técnica de invocación tiene sus raíces en los antiguos métodos humanos de acercamiento a la Deidad. Los hombres han empleado durante largo tiempo el método de la plegaria con resultados espirituales importantes y profundos, a pesar del frecuente mal empleo de la misma para fines egoístas; las personas más inteligentes y mentalmente enfocadas, han empleado, por lo general, e] método de la meditación a fin de llegar al conocimiento de Dios, despertar la intuición y comprender la naturaleza de la verdad. Ambos métodos, la plegaria y la meditación, han conducido a la humanidad a los distintos reconocimientos espirituales que caracterizan el pensar humano; por su inter-medio han sido dadas al mundo las Escrituras; se han introducido en las mentes de los hombres los grandes conceptos espirituales que condicionaron el vivir humano y condujeron al hombre de revelación en revelación, lo cual ha abierto el camino hacia las mentes de los hombres. El culto ha desempeñado también su parte, y ha tratado de or-ganizar grupos de creyentes en un orientado y unido acercamiento a Dios; sin embargo, se ha acentuado nuevamente al Dios trascendente y no al Dios inmanente. Una vez que Dios inmanente en todo corazón humano despierte y actúe (aunque sea en forma limitada), la potencia del culto, como acto de acercamiento invocador a Dios, dará resultados sorpren-dentes y milagrosos. Entonces evocará del Cristo y de Su grupo de trabajadores, una respuesta que sobrepasará las más profundas esperanzas del hombre.

A estos dos grandes conceptos, subyacentes en la Nueva Religión Mundial -el Acercamiento a Dios y la Invocación y Evocación- se debe agregar el concepto moderno de la energía, como base de toda vida, forma y acción, como medio también de todas las relaciones. La ciencia ha reconocido el poder de la mente para establecer una armonía telepática; el poder mental se registra hoy como energía, con la cual se puede hacer contacto, reconocer y producir una actividad recíproca. A través de la plegaria siempre hemos reconocido esto, sin tratar de explicarnos el modo por el cual se producen los fenómenos por medio de ella. Pero sin duda alguna en la plegaria, en la meditación y en la adoración, existe un factor de energías que va de esto a aquello, y en muchos casos trae en una forma u otra, la respuesta deseada. La meditación es también una energía que pone en movimiento poderes, los cuales pueden eliminar ciertos aspectos del pensamiento o atraer a otros, tales como visiones, ideas y reconocimientos espirituales. Es bien sabido que el culto, cuando está bien orientado y enfocado, origina estímulo grupal hasta el punto de producir éxtasis o histeria, Pentecostés o revelación. A la Oración, Meditación y Culto, se debe agregar ahora la Invocación consciente, más la espera de una Evocación recíproca.

Existen también numerosas formas de energía y poderes espirituales que no son aún reconocidos por la generalidad, de los cuales dan testimonio los Festivales de las iglesias de todas las religiones; tales poderes son liberados durante el período que corresponde a cada Festival. No es posible, en este libro, tratar el tema detalladamente. Sólo puedo indicar la corriente general del pensamiento que producirá y condicionará la Nueva Religión Mundial, la vinculará con todo lo bueno que el pasado nos ha dado, y lo hará espiritualmente eficaz en el futuro y, en la actualidad, condicionará lentamente el acercamiento del hombre a Dios -acercamiento que, por primera vez en la historia, puede ser organizado en escala mundial y emprendido conscientemente Esto indica que debido a la desesperada necesidad del hombre y a la crisis por la cual la humanidad ha pasado y está pasando, los hombres y mujeres de visión y pensamiento incluyente, que pertenecen a las iglesias de todos los credos del mundo, terminarán con sus diferencias doctrinarias. coincidirán sobre las verdades religiosas esenciales y, en forma unida y con cierta uniformidad de ceremonial y ritual, se acercarán juntos al centro de poder espiritual.

¿Es pedir y esperar demasiado de la humanidad en estos momentos de necesidad? ¿No podrían los miembros iluminados de las actuales grandes religiones mundiales de Oriente y Occidente, unirse y formular el plan de tal empresa invocadora e inaugurar juntos la forma de Acercamiento espiritual que sirva para unificar sus esfuerzos y sembrar por lo menos, la simiente de la Nueva Religión Mundial?

No será difícil establecer cierta uniformidad de procedimiento una vez alcanzada la unidad en lo que respecta a lo esencial de lo espiritual. Esta uniformidad, cuidadosa-mente determinada, ayudará a los hombres de todas partes a fortalecer mutuamente su trabajo y acrecentará poderosamente la corriente de energía mental que puede ser dirigida a las Vidas espirituales que trabajan bajo la dirección del Cristo, las cuales están a la expectativa para ir en ayuda de la humanidad. En la actualidad, la religión cristiana tiene sus grandes Festivales; el buddhista celebra sus particulares acontecimientos espirituales; los hindúes tienen otro santoral, como así también los mahometanos. ¿No sería posible que, en el mundo futuro, los hombres de todos los credos guarden el mismo santoral y se unan para celebrar los mismos Festivales? Esto mancomunará los recursos espirituales y producirá un esfuerzo espiritual unido, además de una invocación espiritual simultánea, siendo su poder muy evidente.

Permítasenos indicar las posibilidades de tal acontecimiento espiritual y profetizar la naturaleza de los futuros Festivales mundiales. Habrá tres Festivales que todos los hombres podrán celebrar fácil y normalmente cada año al unísono, acercamiento que los vinculará muy íntimamente. Estos Festivales se concentran en tres meses consecutivos y conducen, por lo tanto, a un prolongado esfuerzo espiritual anual que producirá su efecto durante todo el año. Dichos Festivales servirán para unir en estrechos vínculos espirituales a los creyentes orientales y occidentales, porque ellos expresan la divinidad manifestada a través del Centro donde la Voluntad de Dios es conocida, mediante la Jerarquía espiritual,. la cual expresa también plenamente el amor de Dios a través de la humanidad, cuya tarea es llevar a cabo inteligentemente el Plan de Dios, con amor y buena voluntad hacia todos los hombres.

1. El Festival de Pascua. Es el Festival del Cristo resucitado y viviente, el Guía de la Jerarquía espiritual; el Inaugurador del Reino de Dios y la Expresión del Amor de Dios. En ese día se reconocerá universalmente a la Jerarquía espiritual que Él guía y dirige, se pondrá el énfasis sobre la relación del hombre con Ella y se registrará la naturaleza del Amor de Dios. Los hombres de todas partes invocarán es e amor y su poder para la resurrección y vivencia espiritual. Este Festival se determina anualmente de acuerdo con la primera Luna llena de Aries. La mirada y los pensamientos de los hombres estarán fijos sobre la vida, no sobre la muerte. El Viernes Santo ya no será un factor en la vida de las iglesias. La Pascua será el gran Festival de Occidente.

2. El Festival de Wesak o Vaisakha. Es el Festival del Buddha, el gran intermediario espiritual entre el Centro donde la Voluntad de Dios es conocida y la Jerarquía espiritual. El Buddha es la expresión de la Voluntad de Dios, la Personificación de la Luz y el que señala el propósito divino. Los hombres de todas partes evocarán sabiduría y comprensión y la afluencia de luz a la mente de los hombres de todo el mundo. Dicho Festival se determina por la Luna llena de Tauro. Es el gran Festival de Oriente, que ya empieza a conocerse en Occidente; millares de cristianos cele-bran hoy este Festival del Buddha.

3. El Festival de la Humanidad, o de la Buena Voluntad. Será el Festival del espíritu de la humanidad que aspira acercarse más a Dios, tratando de adaptarse a la voluntad divina, sobre la que el Buddha llamó la atención. Está dedicado a expresar la buena voluntad, el aspecto más inferior del amor, sobre el que el Cristo llamó la atención y fue Su expresión perfecta. Será preeminentemente un día en que se reconocerá la naturaleza divina del hombre y su poder para expresar buena voluntad y establecer correctas relaciones humanas –en virtud de su divinidad. Se dice que en este Festival el Cristo ha representado a la humanidad durante casi dos mil años y se ha mantenido ante la Jerarquía como el Hombre-Dios, el Guía de Su pueblo y “el Primogénito de una gran familia de hermanos”. Por lo tanto será un Festival de profunda invocación y demanda; expresará la aspiración fundamental hacia la fraternidad y la unidad humana y espiritual; representará el efecto producido en la conciencia humana, debido al trabajo del Buddha y del Cristo, y se celebrará en la Luna llena de Géminis.

Si en los primeros días de restauración e inauguración de la nueva civilización y del nuevo mundo, los hombres de todos los credos y religiones, de todos los cultos y grupos esotéricos, celebrarán simultáneamente estos tres grandes Festivales de Invocación con plena comprensión de su significado, e invocaran unidos a la Jerarquía espiritual y trataran de ponerse en contacto consciente con Su Guía, se producirla una afluencia general de luz y amor espirituales; si todos juntos decidieran con constancia y comprensión acercarse a Dios, ¿quién pondría en duda los maravillosos resultados que con el tiempo se obtendrían? No sólo se alcanzaría una unidad verdadera entre los hombres de todos los credos, se reconocería la hermandad como un hecho, se comprendería nuestra unicidad de origen, de meta y de vida, sino que lo que sería evocado cambiaría todos los aspectos del vivir humano, condicionando nuestra civilización, modificando nuestro modo de vivir y haciendo del mundo espiritual una realidad predominante en la conciencia humana.

Dios, en la persona del Cristo y de Su Jerarquía, se acercaría más a Su pueblo; Dios, por medio del Buddha, como Su instrumento, revelaría Su Luz eterna y evocaría nuestra colaboración inteligente; Dios, por medio de la Jerarquía espiritual y de ese Centro donde la Voluntad de Dios es conocida, llevaría a la humanidad a la etapa de resurrección y a una percepción espiritual que traería esa buena voluntad entre los hombres y paz en la tierra. La voluntad de Dios trascendente se cumpliría por medios de Dios inmanente en el hombre; se expresaría en amor, como respuesta al trabajo del Cristo, y sería presentada en forma inteligente en la tierra, porque las mentes de los hombres estarían iluminadas como resultado de su Invocación conjunta, de la unidad de su esfuerzo y de la unicidad de su comprensión.

Esto es lo que la humanidad espera; para todo esto deben trabajar las iglesias. Tales cualidades y características condicionarán la Nueva Religión Mundial.

La Gran Invocación o Plegaria no pertenece a ningún individuo o grupo, sino a toda la humanidad. La belleza y la fuerza de esta Invocación reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales que todos los hombres aceptan innata y normalmente; la verdad de la existencia de una Inteligencia básica a la que vagamente damos el nombre de Dios; la verdad de que detrás de las apariencias externas el Amor es el poder motivador del Universo; la verdad de que vino a la tierra una gran individualidad llamada el Cristo por los cristianos, que encarnó ese amor para que pudiéramos comprenderlo; la verdad de que el Amor y la Inteligencia son consecuencia de la Voluntad de Dios, y finalmente la autoevidente verdad de que el Plan Divino sólo puede desarrollarse a través de la humanidad misma.

Desde el punto de Luz en la mente de Dios.
Que afluya luz a las mentes de los hombres;
Que la Luz descienda a la Tierra.

Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,
Que afluya amor a los corazones de los hombres;
Que Cristo retorne a la Tierra.

Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida,
Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres;
El propósito que los Maestros conocen y sirven.

Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,
Que se realice el Plan de Amor y de Luz,
Y selle la puerta donde se halla el mal.

Que la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan de la Tierra.


 

 

 

 

 

 

 

 

 


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REVISTA NIVEL 2 NÚMERO 20 NOVIEMBRE DE 2019