Estructura interna del ser humano

TRATADO SOBRE LOS SIETE RAYOS, TOMO II

ALICE A. BAILEY- MAESTRO TIBETANO


 

Estructura interna del ser humano

 

Al considerar la estructura interna del hombre y esos factores que producen y condicionan la apariencia y la cualidad externa, trayendo como consecuencia el consiguiente comportamiento y conducta, los sicólogos tendrán que estudiar los siguientes temas, empezando con el aspecto más inferior y expandiendo sus ideas hasta incluir el aspecto más elevado posible. Éstos pueden ser agrupados y enumerados así:

1. El mecanismo externo de respuesta. que actúa por los impulsos recibidos del medio ambiente externo y de los reinos subjetivos internos. De acuerdo con las teorías esotéricas llegan por intermedio de:

a. El cerebro, desde el cual se dirigen y controlan ciertos aspectos del sistema nervioso; primero, por la influencia mental y, después, por la dirección consciente del alma.

b. El sistema endocrino o glandular, que actúa por los impulsos que entran al cuerpo físico a través de los siete centros del cuerpo etérico; el sistema glandular es simplemente la exteriorización o contraparte física de dichos centros. Las glándulas condicionan al hombre mediante la corriente sanguínea, siendo condicionadas a su vez por los centros.

c. El plexo solar que dirige y controla ciertos aspectos del sistema nervioso y que, en gran parte, constituye el cerebro instintivo o animal.

d. El corazón, centro de la vida.

2. El cuerpo vital o etérico. Factor energetizante principal y réplica o contraparte exacta de la forma externa, siendo el verdadero intermediario entre los mundos internos y el hombre externo. Los nadis (líneas o hilos de fuerza) residen en cada nervio del cuerpo humano y los centros que ellos conforman, en ciertos puntos de intersección o conjunción, son el trasfondo o el agente motivador de cada ganglio o plexo que hay en el cuerpo humano. Algunos de estos centros, mayores y menores, tienen singular importancia evolutiva y son:

a. El centro coronario, asiento de la energía del alma, o el centro por el cual funciona el consciente hombre espiritual.

b. El centro cardíaco, asiento de la vida, el principio más elevado que se expresa por medio del hombre.

c. El centro plexo solar, asiento de la vida instintiva del alma animal y de la naturaleza emocional muy desarrollada.

d. El centro que se halla en la base de la columna vertebral, principal centro integrador que entra en actividad funcionante cuando se han efectuado dos fusiones principales: la fusión de los tres cuerpos en una personalidad coordinada y la unificación del alma y del cuerpo.

3. El cuerpo emocional o sensorio, llamado a menudo el cuerpo astral. De este vehículo emanan los deseos, los impulsos y las aspiraciones, más esos conflictos de la dualidad que tan frecuentemente afligen y obstaculizan al discípulo. Es también el asiento de la vida creadora e imaginativa del hombre. Posee también centros de fuerza que son la contraparte de los que están en el cuerpo etérico, pero, en la mayoría de las personas, es energetizado principalmente por el mundo de la ilusión y el plano astral. El hombre evolucionado debe aprender a apartarse de este plano de percepción ilusoria.

4. La naturaleza mental que actúa a través de cuatro centros, y únicamente cuatro.

5. El alma misma, o el verdadero hombre espiritual, el yo en manifestación, actuando o tratando de actuar por intermedio de su apariencia fenoménica, el cuádruple hombre inferior.

 

Si lo que antecede es cuidadosamente estudiado, se verá que las separaciones que existen en el hombre se deben a que ciertas relaciones son inherentes o fundamentales:

1. Las que existen dentro del hombre mismo, en uno u otro de los diferentes puntos focales de comprensión o percepción:

a. El hombre no las reconoce y tampoco quienes lo rodean. Cuando esto sucede, el hombre no ha evolucionado y las separaciones o brechas que existen en su conciencia no dañan verdaderamente a él, ni a los que lo circundan. Sólo indican falta de desarrollo.

b. Cuando se las reconoce producen aflicción y dificultad, y el hombre necesita una sólida ayuda sicológica. Aquí podría darse una correcta información sobre esos casos que conciernen al tipo intelectual, pues entonces el sicólogo tendrá que ocuparse de quienes son capaces y están dispuestos a ayudarse a sí mismos.

c. Cuando el hombre ha erigido el puente necesario y ha logrado la unificación necesaria, se convierte en una personalidad unificada. Entonces podrá surgir el místico. Esto significa que ha alcanzado la etapa en que es posible establecer el puente entre la personalidad integrada y el alma. Finalmente, aparece el Maestro de Sabiduría, el Cual es un exponente de la conciencia crística en sus aspectos unificadores, salvadores y constructivos.

La unificación de las naturalezas superior e inferior, traerá resultados que serán determinados en su campo de expresión por el rayo al cual pertenece el hombre. Estas condiciones de rayo harán que el hombre encuentre su correcto campo de actividad y de expresión donde pueda ser útil, ya en los sectores político, religioso o científico, o en otras formas de manifestación divina.

2. Las que existen entre un hombre y su medio ambiente. El efecto que esto produce puede significar que es un ser humano antisocial o impopular, teme a la vida o expresa en muchas formas su incapacidad de ponerse a tono con el medio ambiente. Evidenciará incomprensión e incapacidad de establecer correctas relaciones y de fusionar correctamente las formas internas y externas de la estructura de la vida. En este caso, la razón de la separación reside generalmente en alguna parte del cuerpo astral mismo.

3. Las que existen entre el hombre y la tarea que debe desempeñar en su vida, o la actividad que el destino le ha deparado o debe realizar en la vida, y para la cual tiene predisposición. La dificultad reside en una definida ruptura o disolución de la continuidad entre la naturaleza mental, que determina el propósito, y la naturaleza astral, que rige el impulso.

4. Las que existen entre el hombre y su alma influyente (que va lentamente dominando). Esto conduce al infortunio, a un terrible conflicto y a una eventual y simbólica “muerte de la personalidad”.

Nuevamente quisiera detenerme aquí para hacerles ver que los conceptos muerte, sustitución, unificación vicaria y sacrificio, serán reemplazados -en la nueva era- por los conceptos resurrección o vivencia, unidad espiritual, trasferencia y servicio, para que una nueva tónica penetre en la vida humana, trayendo esperanza, alegría, poder y libertad.

 

b. PROBLEMAS DE LA INTEGRACIÓN

Una de las primeras cosas que sucede cuando un hombre ha conseguido (sólo o con ayuda sicológica académica) eliminar o tender un puente sobre ciertas separaciones, es el reconocimiento de un inmediato sentido de bienestar y el anhelo de expresarse. A su vez trae sus propios problemas, y algunos de éstos son:

Un sentido de poder, que hace al hombre, por lo menos temporariamente egoísta, dominante, seguro de sí mismo y arrogante. Es consciente de que enfrenta un mundo mayor, un horizonte más amplio y grandes oportunidades. Por lo tanto, este elevado sentido puede traer serios desarreglos y dificultades. Este tipo de persona, influenciada por esta ampliación de conciencia, tiene a menudo buenos móviles y está impulsada por elevadas intenciones, pero sólo logra producir desarmonía a su alrededor. Cuando se permite a estas tendencias regir incontroladamente, puede conducir con el tiempo, a un serio estado de egomanía, la cual constituye predominantemente un problema de integración. Estas dificultades pueden ser anuladas o contrarrestadas si se logra que el hombre comprenda que es parte integrante de un todo mucho más grande. Entonces reajustará su sentido de los valores y orientará correctamente su sentido del poder.

La tendencia al excesivo énfasis puede también expresarse, convirtiendo al hombre (como resultado de la integración y el sentido de bienestar o poder y capacidad) en un fanático, por lo menos durante un tiempo. Aunque el hombre tenga los mejores móviles del mundo, trata de obligar a todos a recorrer el camino que ha recorrido, sin reconocer las diferencias del trasfondo, el tipo de rayo, el grado de evolución, la tradición y la herencia, llegando a ser una fuente de preocupaciones para él y sus amigos. El poco conocimiento puede ser peligroso, y en cambio el reconocimiento puede curar muchos males, especialmente los de naturaleza sicológica. Entonces él podrá progresar en el Sendero de Sabiduría.

El super desarrollo del sentido de orientación o vocación, si prefieren llamarlo así, aunque ambos no son idénticos, pues el sentido de orientación es menos definido que el reconocimiento de la vocación. En las escuelas de sicología esotérica a veces se emplea una frase relacionada con este sentido de orientación o guía interna: “tender un puente sobre las separaciones obliga al hombre a cruzar continuamente el puente”. El hombre reconoce ya conscientemente ciertos aspectos de sí mismo, y el más elevado de ellos lo atrae constantemente. Por ejemplo, cuando ha tendido el puente entre el cuerpo astral o emocional y la mente, y descubre el vasto campo de actividad mental que se ha abierto ante sí, el hombre puede durante mucho tiempo llegar a ser intelectual materialista y rechazar hasta donde pueda, todas las reacciones emocionales y la sensibilidad síquica, e ilusionarse en la creencia de que éstas no existen para él. Entonces se dedicará a trabajar intensamente en los niveles mentales. Esto demostrará ser un asunto pasajero desde el punto de vista del alma (aunque dure una o varias encarnaciones); pero puede causar definidos problemas sicológicos y producir “zonas oscuras” respecto al concepto que tiene el hombre sobre la vida. Sin embargo, gran parte de las dificultades pueden ser subsanadas dejando que ellos mismos las solucionen, siempre que la anormalidad no sea excesiva.

 

Una vez que se haya admitido la realidad de la existencia del alma, prevalecerá acrecentadamente la tendencia a dejar que las personas sean guiadas y dirigidas por el propósito de sus propias almas, siempre que comprendan lo que les está sucediendo y puedan discernir entre:

a. El surgimiento ascendente del yo subconsciente a la zona iluminada de la conciencia.

b. La actuación, la fuerza y el reconocimiento del yo inmediatamente consciente.

c. La afluencia que desciende del yo superconsciente, el alma, trayendo inspiración, intuición y conocimiento superiores.

Estas palabras -subconsciente, consciente y superconsciente- necesitan ser definidas para el propósito de este tratado; se las interpreta muy libremente y significan cosas muy distintas de acuerdo a la escuela sicológica de pensamiento a que pertenece el estudiante.

Empleo el término subconsciente para significar la vida instintiva de la forma, las tendencias heredadas y las predisposiciones innatas, las características adquiridas y acumuladas (adquiridas en encarnaciones pasadas, frecuentemente aletargadas, a no ser que sean repentinamente evocadas por la urgencia de las circunstancias) y todos los deseos y anhelos no formulados que impulsan al hombre a la actividad, además de los deseos reprimidos y no reconocidos y las ideas inexpresadas, presentes aunque incomprendidas. La naturaleza subconsciente es como una profunda laguna de la cual un hombre puede extraer casi todas las experiencias pasadas, si lo desea, cuyas aguas pueden ser agitadas hasta convertirse en una caldera hirviente, causando muchos trastornos.

Lo consciente se limita a aquello que el hombre sabe lo que él es y posee en la actualidad -el tipo de las cualidades, las características, los poderes, las tendencias y los conocimientos de cualquier índole, constituyen los dones naturales del hombre, de los cuales éste o el sicólogo, es definidamente consciente. Los expone a la vista de todos y hacen de él lo que aparentemente es ante el mundo que lo observa.

Por superconsciente quiero significar esos poderes y conocimientos disponibles, con los cuales no se ha hecho contacto todavía ni se han reconocido y no tienen, por lo tanto, aplicación inmediata. Constituyen la sabiduría, el amor y el idealismo abstracto, inherentes a la naturaleza del alma, pero que aún no han sido ni serán parte del equipo disponible para ser utilizado. Oportunamente todos estos poderes serán reconocidos y empleados por el hombre. A estos poderes y realizaciones se le da en Los Aforismos de Patanjali el interesante nombre de “la nube de cosas cognoscibles”. Estas “cosas cognoscibles” se introducirán en el aspecto consciente de la naturaleza del hombre y se convertirán en parte integrante de su equipo intelectual. Finalmente, a medida que prosigue la evolución y transcurren las épocas, penetrarán en el aspecto subconsciente de su naturaleza, a medida que aumenta la capacidad de comprender lo superconsciente. Podría aclararles este punto si dijera que, así como la naturaleza instintiva está ubicada actualmente en el reino de lo subconsciente, a su debido tiempo la parte intelectual del hombre (de la cual en la actualidad, él es cada vez más consciente) será relegada a una posición similar y caerá bajo el umbral de la conciencia, que luego será reemplazada por la intuición. A muchas personas les es imposible valerse libremente de la intuición, porque reside en el reino de lo superconsciente.

Dichos movimientos dentro del reino de la conciencia -desde lo subconsciente hasta lo inmediatamente consciente y desde allí a lo superconsciente- constituyen esencialmente crisis de integración, produciendo situaciones momentáneas que deben ser resueltas. Quisiera que observaran aquí que cuando un individuo llega a ser consciente de los aspectos más elevados de sí mismo, que exige la integración, y es consciente de su naturaleza y de la parte que ésta podría desempeñar en la expresión de su vida, frecuentemente lo embarga un complejo de inferioridad. Tal la reacción de los aspectos inferiores que se integran al aspecto superior. Él experimenta un sentido de futilidad; las comparaciones que hace internamente sobre una posible realización y el punto ya alcanzado, le imparten un sentido de fracaso y de impotencia, que se debe a que lo visualizado al principio es demasiado grande y no se considera capaz de realizarlo. La humanidad ha hecho tanto progreso en el sendero de evolución que afecta poderosamente a dos grupos de hombres:

1. Los que han reconocido la necesidad de tender el puente entre la naturaleza emocional y la mente, y por medio de su integración han alcanzado el nivel de la inteligencia.

2. Los que han tendido ya este puente y son conscientes de una tarea mayor, la de tender el puente que existe entre la personalidad y el alma.

 

Estos grupos incluyen en la actualidad un gran número de personas; el complejo de inferioridad es muy grande y causa muchos tipos de dificultades. Sin embargo, si se enfrenta y maneja la causa en forma más inteligente, se observará que el desarrollo de la verdadera perspectiva es más rápido.

Cuando se ha alcanzado la integración surge otra verdadera dificultad, en el caso de quienes han integrado toda su naturaleza inferior y han fusionado las energías de la personalidad. Las energías implicadas en dicha fusión poseen cualidad y la combinación e interacción de estas cualidades (cada una determinada por alguna particular energía de rayo) conforman el carácter de la persona. Durante un largo período, después que la integración ha sido alcanzada, se producirán frecuentes conflictos, exclusivamente en la esfera del carácter y de la conciencia inmediata del Hombre. Una energía tras otra comenzará a hacerse valer y a luchar por la supremacía. Sería de valor si les presentara un caso hipotético, describiendo las energías de rayo que lo rigen, y si les recordara que su fusión es el objetivo. En el caso en cuestión, el sujeto ha fusionado los vehículos de la personalidad en un todo activo y es definidamente una personalidad, pero la principal fusión del alma y la personalidad no ha sido lograda.

 

 

 

 

 

 

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